Elena Kostyuchenko: "La única manera de evitar futuras guerras es un cambio de poder en Rusia"
El periodista y activista Elena Kostyuchenko, colaboradora de la revista independiente rusa Novaya Gazeta, ofrece una visión cruda del conflicto en Ucrania y de la situación interna de Rusia a través de su nuevo libro Amo a Rusia, publicado recientemente en España por la editorial Capitán Swing. En la obra, Kostyuchenko combina crónicas de guerra, investigaciones sobre los crímenes cometidos por el ejército ruso en Jersón, Mariúpol y Zaporiyia, y testimonios personales que revelan el proceso de radicalización del país hacia formas de autoritarismo y fascismo.
Durante una entrevista realizada en una pequeña librería del centro de Madrid, la periodista describió el proceso que la llevó a enfocarse en los grupos marginados de la sociedad rusa – personas LGBTQ+, pacientes psiquiátricos, minorías étnicas y otras comunidades vulnerables – en lugar de centrarse únicamente en los titulares de poder.
De la cobertura de guerra a la defensa de los invisibles
Kostyuchenko explicó que, como joven reportera, aprendió de su mentor y director de Novaya Gazeta, Dmitri Murátov, que “las historias más interesantes son las que nadie cuenta”. Esta máxima la impulsó a buscar narrativas que permanecían ocultas en los medios tradicionales, tanto en los escenarios de conflicto como en la vida cotidiana de los rusos que viven al margen de la atención pública.
“Trabajaba en el llamado ‘grupo de reporteros’, una especie de unidad de élite que cubría guerras, ataques terroristas y protestas masivas. Entre esos eventos, encontraba momentos de tiempo libre que utilizaba para adentrarme en comunidades invisibles”, comentó Kostyuchenko. “Quería entender por qué el ojo colectivo evita esas historias y darles voz”.
El libro no solo recopila crónicas de guerra; también incluye ensayos personales en los que la autora reflexiona sobre sus propias experiencias, miedos y recuerdos familiares. “Elegí el periodismo para no mirarme a mí misma, pero al escribir sobre el declive de Rusia hacia el fascismo me vi obligada a observarme con la misma rigurosidad que aplicaba a mis fuentes”, afirmó.
Su esposa desempeñó un papel fundamental en el proceso de escritura, actuando como primera lectora crítica. “Cuando intentaba suavizar algún pasaje, ella me decía: ‘No estás siendo sincera, cuenta la verdad’”, recordó Kostyuchenko, subrayando la importancia de la honestidad en su relato.
En la entrevista, la periodista también abordó la relación entre el amor a la patria y la crítica al poder. “Se puede amar al país sin amar al Estado. El Estado es un mecanismo sin alma que, en teoría, debería servir al bien común, pero a menudo reprime a la gente para perpetuar a sus gobernantes”, explicó. “Criticar es una forma profunda de patriotismo: cuando amas algo, no puedes ignorar sus manchas oscuras”.
Sobre la invasión rusa a Ucrania, Kostyuchenko describió su impacto personal y colectivo: “Fue un shock total. Preparaba mi maleta para cubrir la guerra y mi esposa me dijo que sólo tenía medicación para dos semanas. Pensé que duraría poco, pero la violencia se ha prolongado y ha cobrado miles de vidas en ambos frentes”.
Respecto al futuro del conflicto, la periodista advierte que la responsabilidad no recae únicamente en Vladimir Putin, sino que es un problema colectivo que ha permeado a gran parte de la sociedad rusa. “Si el actual régimen permanece en el poder, es probable que veamos más conflictos. Solo un cambio profundo de poder –posiblemente a través de una revolución– podría romper este ciclo”, sostuvo, aunque reconoce el alto costo humano de cualquier proceso revolucionario.
En cuanto al fenómeno del fascismo, Kostyuchenko rechaza la idea de que sea exclusivo de Rusia. “El fascismo puede crecer en cualquier país, cultura o nación. La propaganda rusa ha intentado presentar a los rusos como una extensión de Putin, pero la realidad es mucho más compleja”.
Sobre el periodismo independiente, la periodista se muestra optimista pese a la represión y la censura. “Alrededor del 40 % de los rusos usan VPN para eludir la censura, incluso personas mayores. La demanda de verdad es biológica”. Sin embargo, advierte que la confianza en los medios está erosionándose a nivel global, en parte por la proliferación de la inteligencia artificial y plataformas como TikTok.
Finalmente, Kostyuchenko expresó su deseo de regresar a Rusia y continuar trabajando “para mi gente y mi comunidad”. Su madre, de 79 años, sigue viviendo en un pequeño pueblo de la región de Yaroslavl, donde el acceso a carreteras, teléfono e internet es limitado. “Cada vídeo de mi madre mostrando el jardín que cuida me recuerda que mi amor por Rusia sigue vivo, aunque duela”.
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