¿Qué ha hecho Nolan con el héroe de las mil tretas? La gran diferencia entre 'La Odisea' y la obra original
El estreno en cines de “La Odisea”, la nueva superproducción de Christopher Nolan, ha vuelto a colocar en el centro del debate una de las preguntas más antiguas de la literatura occidental: ¿cómo era realmente el rey de Ítaca?

El concepto de mêtis y la reinterpretación de Nolan
En la epopeya homérica, Odiseo (Ulises) se presenta ante la corte de los feacios con un orgullo desbordante: «Yo soy Odiseo, hijo de Laertes, el que por toda clase de astucias es conocido entre los hombres, y mi gloria llega hasta el cielo». Sin embargo, cuando la situación se vuelve peligrosa, el héroe oculta su identidad, como ocurre en la cueva del cíclope Polifemo, donde responde «Mi nombre es Nadie, Nadie es como me llaman…».
Para Homero, la virtud suprema de Odiseo no es la fuerza física, sino la mêtis, la inteligencia astuta y el arte de actuar con sagacidad para sobrevivir. Nolan, por su parte, transforma esa cualidad en la fría capacidad de resolución de problemas propia de un comandante militar. El Odiseo interpretado por Matt Damon se asemeja más a un veterano de una guerra decenal que lleva consigo secuelas psicológicas, y su astucia se muestra como una herramienta de estrategia más que como un juego de ingenio.
Esta relectura cambia al “hombre de las mil tretas” por un héroe de acción que lucha contra un dilema existencial, consumido por el peso de sus decisiones y el trauma de la guerra.
El reencuentro con Penélope

En el Canto XXIII de la *Odisea*, la reunión entre Odiseo y Penélope es un duelo de inteligencias. La reina, sin derramar lágrimas, pone a prueba al héroe para confirmar que sigue amándola después de veinte años de ausencia. Sólo cuando Odiseo responde correctamente, Penélope “sintió desfallecer sus rodillas y su corazón… corrió a su encuentro, derramando lágrimas, le abrazó por el cuello y le besó en la cabeza”.
La versión de Nolan traslada esta escena al territorio del drama psicológico, sustituyendo la sutil desconfianza intelectual de Penélope por un abismo comunicativo y emocional que separa a la pareja. El momento se convierte más en una carga de dolor y distancia que en una prueba de astucia compartida.
El Hades como laberinto mental
Homero introduce el Hades, el inframundo donde los muertos habitan, como una parada obligatoria en el viaje de Odiseo. En la película, Nolan utiliza este episodio para adentrarse en la psicología del protagonista. En lugar de un paisaje sobrenatural, el descenso al Hades se vuelve una representación de los fantasmas internos del héroe, una confrontación con la culpa del superviviente y el peso de las decisiones tomadas como comandante.
Así, el viaje al Hades deja de ser una mera visita al más allá para convertirse en una travesía interior, donde Odiseo debe enfrentarse a los recuerdos de sus compañeros caídos en Troya y a la sombra de su propia guerra.
¿Es más heroico un personaje que se salva mediante la astucia y el engaño, como el Odiseo homérico, o uno que supera sus heridas y dudas para volver a casa, como el Odiseo de Nolan? La gran pantalla ofrece una versión imponente, un guerrero formidable que avanza entre la violencia y decisiones críticas, mientras que el mito clásico celebra al ingenioso mentiroso que, con sus artimañas, logra regresar al hogar.
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