Lo del hermanísimo ha sido vudú
En la emisión de “Las brujas de Bajoz” la presentadora Rosa Villacastín apareció con una estética que recordaba a una bruja de la madrugada, rodeada de velas negras y símbolos esotéricos. La puesta en escena, que incluyó una decoración de fondo con cortinas de hule y efectos de croma, provocó que varios espectadores la compararan con los programas de “videncia” que suelen ocupar ciertos horarios de TVE.
El programa se centró en la polémica judicial que rodea a David Sánchez, también conocido como David Azagra, quien fue condenado por prevaricación. La sentencia, dictada por la Audiencia Nacional, señala que Sánchez cometió el delito aunque no desempeñara un puesto público en el momento de los hechos. Sin embargo, la cobertura de TVE mostró la noticia de forma sensacionalista, resaltando el carácter “mágico” del caso y empleando recursos visuales que recordaban a una sesión de tarot.
Reacciones y análisis de los comentaristas
Javier Ruiz, colaborador frecuente del programa, describió el caso como una “conjura” política y subrayó que la condena de Sánchez se habría producido sin la intervención de la Fiscalía, a la que la propia Audiencia calificó sus argumentos como “conjeturas”. Ruiz, cuyo estilo se caracteriza por referencias astrológicas y simbología esotérica, sostuvo que la falta de claridad en la normativa penal contribuyó a la confusión sobre el alcance de la prevaricación.
Xabier Fortes, otro de los panelistas, intentó ofrecer una explicación más jurídica, señalando que la condena se basó en la participación de Sánchez como “cooperador necesario” en la creación de la Plaza de la Oficina de Artes Escénicas, aunque no fuera funcionario público. Fortes explicó que, según el Código Penal, se considera delito cuando una persona colabora de manera indispensable en la comisión del delito, aunque su papel sea indirecto.
El análisis de los medios también incluyó comparaciones con casos de nepotismo, como el de Toni Cantó, y con la supuesta “excesiva judicialización” de la política. Según algunos comentaristas, la tendencia a llevar a juicio a figuras políticas por supuestos delitos de corrupción refleja un fenómeno de “lawfare”, en el que el proceso judicial se utiliza como herramienta política.
El programa también abordó la situación de Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, quien está siendo procesada por presuntos delitos de tráfico de influencias y malversación. La Audiencia Nacional levantó algunas medidas cautelares, pero mantuvo la acusación, lo que generó un nuevo ciclo de cobertura mediática con tonos variables que pasaron de la euforia inicial a una postura más sobria y analítica.
En el contexto de la discusión, varios analistas políticos recordaron la obra de Levitsky y Ziblatt sobre el deterioro de la democracia, señalando que la erosión institucional y la manipulación de los órganos judiciales son fenómenos que pueden vulnerar la separación de poderes, sin necesidad de un golpe de Estado tradicional.
Mira tambien:


Deja una respuesta