Heribert Barrera y ERC: los tiempos pasados no siempre fueron mejores
Quince años después de su fallecimiento, el exsecretario general y presidente de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Heribert Barrera, sigue siendo una figura polémica por sus declaraciones y posiciones ideológicas, algunas de las cuales resultan anacrónicas o incluso inaceptables a la luz de la normativa actual sobre discurso de odio.

Durante su trayectoria política, Barrera defendió con vehemencia la independencia catalana y la oposición a la Constitución de 1978. Llegó a negarse a utilizar el castellano en el Parlamento Europeo, argumentando que “cuando un país está dominado por otro debe considerarse en estado de guerra moral y, por tanto, no debe facilitarle nada”.
Posiciones conservadoras bajo la bandera de la izquierda
Aunque lideraba un partido cuyo nombre lleva la palabra “Esquerra”, Barrera adoptó posturas que hoy se asocian más a partidos de extrema derecha, como Vox o Alianza Catalana. Se opuso al matrimonio entre personas del mismo sexo y manifestó su rechazo a la inmigración, diciendo: “Los problemas del tercer mundo no deben recaer sobre Cataluña; solo tenemos seis millones de habitantes y no hemos tenido colonias”. Asimismo, llegó a sostener que “cualquier persona que quisiera ‘españolizar’ Cataluña tendría interés en que hubiera mucha inmigración”.
Tras su muerte en 2011, los líderes nacionalistas catalanes de la época —Artur Mas, Jordi Pujol, Núria de Gispert, entre otros— rindieron homenaje a Barrera en TV3. La cadena, como tributo, repitió una entrevista realizada al propio Barrera poco antes de su fallecimiento, en la que el dirigente expresó opiniones controvertidas sobre la pena de muerte y el conflicto vasco.
En esa entrevista, la conductora le preguntó si estaba a favor de la pena de muerte. Barrera respondió que, “después de pensarlo muchas veces, tengo dudas, pero en algunos casos la puedo encontrar justificada”. Cuando se le solicitó especificar los casos, señaló “cuando se haya matado a otros de manera intencional”. Al referirse a ETA, afirmó que “ETA no mata a personas, mata a enemigos políticos”, y defendió que sus actos debían entenderse como “víctimas colaterales de una guerra que llevan a cabo unos patriotas vascos equivocados contra el Estado español”.
Estas declaraciones fueron emitidas sin la polémica esperada, lo que generó críticas sobre la responsabilidad de la televisión pública en la difusión de contenidos que, en la actualidad, podrían considerarse discurso de odio.
En los últimos años, la propia ERC se ha distanciado de la retórica de Barrera. Figuras como Oriol Junqueras o Gabriel Rufián han adoptado un discurso más moderado y alineado con los valores democráticos y de derechos humanos, lo que evidencia una evolución interna del partido respecto a las posturas de su pasado.
El legado de Heribert Barrera, por tanto, se presenta como un espejo de los cambios políticos y sociales en Cataluña: un pasado que, aunque recordado con respeto por algunos, también plantea la necesidad de revisar y repudiar aquellas ideas que hoy se consideran inaceptables.
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