Putin, ¿el tercero en discordia en el conflicto entre Trump e Irán?

Este fin de semana se registró la llegada a Moscú de Donald Trump, el promotor inmobiliario Steve Witkoff y el exasesor de la Casa Blanca Jared Kushner, quienes se desplazaron al territorio ruso con el objetivo de impulsar negociaciones de paz en Ucrania. El presidente estadounidense ha manifestado su intención de poner fin a conflictos ajenos, aunque reconoce que le resulta más difícil resolver los enfrentamientos que él mismo ha iniciado, como el de su administración con Irán. A su vez, aunque Teherán quede lejos de Vladímir Putin, la capital rusa podría tener alguna incidencia al respecto.

En paralelo, varios jefes de Estado se reunieron esta semana en Kirguistán para la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), de la que forman parte Rusia, China e Irán. Allí, los participantes mostraron su respaldo a la República Islámica después de más de medio año de tensiones entre Washington y Teherán, dejando claro a Putin cuáles son sus lealtades. El escenario resulta complejo, sobre todo considerando la naturaleza voluble de la política exterior de Donald Trump.

Alianzas y tensiones en la región

Tradicionalmente se ha hablado de una sintonía entre Trump y Putin, pero esa aparente buena relación no basta para que EE. UU. permanezca al margen de la guerra iniciada por Rusia en febrero de 2022 contra Ucrania. “Los estadounidenses han vuelto, de forma directa o indirecta, a aportar tecnología militar y a brindar apoyo directo a los ucranianos”, explicó a El Independiente Ignacio Gutiérrez de Terán, investigador del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC).

Una reciente investigación del Financial Times reveló que Rusia está asistiendo secretamente a Irán en el desarrollo de misiles de crucero supersónicos avanzados, una transferencia que el diario británico calificó como “una de las transferencias de tecnología militar estratégica de Moscú a Teherán más importantes que se conocen”.

Gutiérrez de Terán, profesor de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Autónoma de Mérida, señaló que la cooperación militar ruso‑iraní se conoce “desde hace años” y que es bidireccional. Mientras Moscú suministra tecnología de misiles, Irán, como potencia regional en el diseño de drones, ha entregado “un buen número” de estos dispositivos a Rusia para su uso en la guerra en Ucrania.

En el conflicto actual de Oriente Medio, el experto atribuye la efectividad de la defensa iraní contra los ataques estadounidenses, en gran parte, a la información que China y Rusia le han proporcionado sobre bases militares de la zona. Trump minimizó el tema cuando un periodista le preguntó por el papel de Putin en los ataques contra posiciones norteamericanas.

Según Gutiérrez de Terán, “los iraníes están utilizando una tecnología de localización y de movimiento perfeccionada por los chinos, aunque también podría haber alguna contribución rusa”. Además, Moscú habría colaborado en la encriptación de los sistemas de comunicación interna iraní, lo que, según el analista, dificultó que EE. UU. realizara “asesinatos selectivos” contra altos mandos de la República Islámica, como ocurrió el 28 de febrero y los días siguientes, cuando se eliminó al líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei.

No obstante, Rusia ha evitado cruzar ciertas líneas rojas. “Durante un tiempo se habló de que los rusos podrían aportar un sistema defensivo aéreo para derribar cazas, drones y misiles que pudiese lanzar Estados Unidos, pero no han llegado a ese extremo”, puntualizó Gutiérrez de Terán.

En cuanto a la estrategia de la administración Trump, el analista hispano‑iraní Daniel Bashandeh sostiene que Irán necesita actualmente más a Rusia que al revés. “Moscú estaría interesado en que Teherán actúe como contrapeso a EE. UU. en Oriente Medio, pero sin comprometer su propia seguridad y estabilidad al futuro de la República Islámica”.

Puntos Clave
  • Donald Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner viajaron a Moscú para impulsar negociaciones de paz en Ucrania, y el expresidente reconoce que le resulta más difícil resolver

EE. UU. busca, por su parte, acercar a Putin a su terreno. En ese sentido, Trump ha invitado al presidente ruso a participar en la última cumbre del G20, a la que Moscú había sido vetada por su invasión de Ucrania. Además, el director de la CIA, John Ratcliffe, visitó Moscú la semana pasada.

Para Bashandeh, la visita de Ratcliffe tenía como objetivo mantener “un canal directo” con Putin para tratar temas como la seguridad de la OTAN y la guerra en Irán. “Washington podría buscar un entendimiento con Moscú sobre Ucrania y el nuevo equilibrio de seguridad europea que, progresivamente, reduzca los márgenes de apoyo ruso a Teherán”.

Gutiérrez de Terán interpreta este gesto como un mensaje “amistoso”, aunque implícitamente dirigido a Putin: “Deja de apoyar a Irán de esta forma que estás haciendo porque nos está perjudicando claramente nuestros planes militares”.

Se había especulado con la posibilidad de que EE. UU. enviara a Ratcliffe a Moscú para convencer a los rusos de sumarse a una nueva ofensiva comercial contra Irán. Sin embargo, al concluir la cumbre de la OCS quedó claro que esa opción estaba descartada: los países participantes, incluida Rusia, declararon que no tienen intención de unirse a sanciones económicas contra Irán. China, por su parte, advirtió que, si EE. UU. impone represalias a empresas chinas que negocien con Irán, responderá de la misma manera con compañías estadounidenses.

“Para Irán la comunicación directa y la cooperación con Rusia es fundamental porque le permite sortear el bloqueo en el Golfo Pérsico”, sostuvo Gutiérrez de Terán. Con el estrecho de Ormuz prácticamente cerrado, la salida marítima alternativa para Irán es el mar Caspio, que, aunque es un cuerpo de agua interior, le brinda acceso “a toda la inmensidad de Asia Central”, incluidos Rusia, Azerbaiyán y Turkmenistán.

Aunque el Caspio no posee la misma relevancia estratégica y económica que el Golfo Pérsico, representa un “desahogo notable” para los iraníes, según el analista del CEARC. La zona alberga importantes intereses petrolíferos y gasísticos, así como intercambios comerciales.

Los intereses geopolíticos hacen que la relación triple EE. UU.–Rusia‑Irán sea crucial. Gutiérrez de Terán cree que Rusia podría actuar como mediador en el conflicto entre Washington y Teherán, especialmente en lo relativo al programa nuclear, uno de los principales focos de tensión en la última década. No obstante, el académico advierte que, por ahora, “este tipo de mediaciones no son especialmente de su interés”.

En el plano europeo, la presión sobre Rusia se intensifica. Alemania ha señalado al Kremlin como responsable de un ataque con drones al aeropuerto de Leipzig este verano, y la ayuda económica y militar que muchos países europeos brindan a Ucrania resulta incómoda para Moscú.

“Quizás los estadounidenses también quieran utilizar esa situación como palanca ante los europeos y ejercer presión para que la colaboración sea de otro modo”, sugiere Gutiérrez de Terán sobre la posición de Washington.

Con dos guerras abiertas —en Ucrania e Irán— y los mismos actores involucrados en ambas, el equilibrio resulta complejo.

Para que Rusia y EE. UU. alcancen un entendimiento sobre Ucrania que permita al Kremlin distanciarse progresivamente de Irán, Bashandeh señala que la UE atraviesa un momento de vulnerabilidad por sus divisiones internas en inmigración, seguridad y relación con EE. UU., lo que limita su capacidad de actuar como bloque ante desafíos externos. Además, la incertidumbre en Oriente Medio, con Israel en periodo electoral y la inestabilidad en Ormuz, complica cualquier acuerdo.

Según Gutiérrez de Terán, EE. UU. tendría que ofrecer “mucho” a Putin para que Rusia abandone a Irán. “Renunciar a Irán hoy en día para los rusos y también para los chinos es perder una baza fundamental en Oriente Medio”. Mientras los iraníes continúen resistiendo a las amenazas bélicas de EE. UU., ello representa un punto favorable para los intereses rusos, lo que plantea la pregunta: “¿Qué puede ofrecer EE. UU. a cambio?”.

C
Carlos Mendoza Vargas Periodista

Licenciado en Comunicación Social con mención en Periodismo por la Universidad Central de Venezuela. Tiene 12 años de experiencia en cobertura de política nacional y conflictos sociales, con pasantías en medios internacionales como BBC Mundo. Especializado en periodismo de investigación y análisis político.

Mira tambien:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Tu puntuación: Útil

Subir