Rosa María Calaf carga en Onda Cero contra la inmediatez de la información y pide estar "en el sitio": "El buen periodismo hay que pagarlo"
Rosa María Calaf ha sido galardonada con el Premio Nacional de Televisión. En la entrevista concedida a Julia en la Onda la periodista defendió la necesidad de ejercer un periodismo presente en el terreno, frente a la velocidad, la gratuidad y la desinformación que proliferan en las redes sociales.

«Si no estás en el sitio, estás contando versiones, no la realidad», afirmó Calaf, quien se ha dedicado a la cobertura internacional durante toda su vida, durmiendo en ferris y sobreviviendo en ocasiones a base de galletas.
El valor del periodismo de campo
Entre los recuerdos más vívidos de la corresponsal destaca una fotografía tomada sobre una motocicleta, con la cabeza apoyada en el manillar, la mochila envuelta en papel de aluminio para protegerla del frío y la cámara enfocando la escena como testimonio de la crudeza de los hechos.
Calaf también rememoró momentos difíciles en directo, como el accidente de su falda durante una transmisión en vivo. Cuando le preguntaron si alguna vez había sentido miedo, admitió que sí, pero subrayó que el miedo puede ser útil siempre que no paralice.
En la conversación surgió el tema del denominado «periodismo espectáculo», cada vez más presente en los medios. La periodista expresó su preocupación, pero mantuvo la esperanza: «Afortunadamente, queda buen periodismo, pero hay que buscarlo y pagarlo». Comparó la información con la gastronomía: así como la buena comida se paga, la calidad informativa también requiere una inversión y una demanda activa por parte de la ciudadanía.
Calaf lamentó que, desde la infancia hasta la adolescencia, no se inculque a los jóvenes la necesidad de acudir a medios serios y rigurosos, lo que dificulta la construcción de una audiencia informada y crítica.
Sobre la presencia de influencers en la sala de prensa, recordó la reelección de Donald Trump en Estados Unidos, cuando se habilitó una zona exclusiva para estos creadores de contenido. Reconoció que algunos producen buena información, pero señaló que, en muchos casos, se sustituyen voces profesionales por voces cuya autoridad no depende de la formación ni de la verificación.
El reconocimiento con el Premio Nacional de Televisión permitió a Calaf reafirmar una de las señas de identidad de su trayectoria: la necesidad de estar en el lugar de los hechos. Añadió que el periodismo no puede limitarse a narrar acontecimientos aislados; debe explicar procesos, antecedentes y consecuencias: «Nada sucede de la nada. Todo viene de algo y va hacia algo».
Junto a Julia Otero, Calaf coincidió en que la urgencia por ser los primeros ha desplazado la investigación y la comprobación. Criticó la repetición de la misma noticia durante horas sin aportar novedades y llamó a los medios a detenerse para elaborar la información y ofrecer contenido que realmente aporte valor.
En sus inicios, Calaf trabajó en Televisión Española, en una época en la que la presencia femenina en el periodismo era escasa. En la prueba de acceso le preguntaron qué podía aportar una mujer a la televisión que un hombre no pudiera. Su respuesta fue reivindicar «la visión femenina de todos los problemas». Recordó también que en los años ochenta le interrogaban si era feminista o femenina, una disyuntiva que consideró una muestra clara de los prejuicios de la época.
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