Descubre el sorprendente partido que elegirán los cubanos
En Cuba, a diferencia de lo que suele afirmarse, la población sí ejerce el derecho al voto. Desde la época de la dictadura franquista en España, los ciudadanos cubanos han participado en procesos electorales, ya sea para elegir a los miembros de la Asamblea Nacional cubana o a los diputados de las Cortes españolas, y también han sido parte de referéndums como el de la Ley Orgánica del Estado de 1966 bajo Franco o el de la nueva Constitución cubana de 2019.

El punto central del debate no es la existencia del sufragio, sino las garantías que aseguran la libre expresión del voto y, sobre todo, la igualdad de condiciones para que cualquier ciudadano pueda presentarse como candidato. En ambos casos, la candidatura está restringida a la selección interna del Movimiento Nacional cubano o del Partido Comunista, lo que convierte la votación en una selección más que en una competencia abierta.
La doble ciudadanía como vía de participación
Muchos cubanos pueden votar con mayores garantías gracias a la ciudadanía española. Con 167 258 electores no residentes, Cuba constituye la segunda mayor “diáspora electoral” española en América Latina, solo superada por Argentina, que cuenta con 460 350 ciudadanos españoles en el exterior. Esta situación se explica por la histórica emigración económica y por la llamada “Ley de Nietos”, una disposición de la Ley de Memoria Democrática que reconoce la nacionalidad española a los descendientes de exiliados por motivos políticos, ideológicos, de creencias, orientación o identidad sexual. La incorporación de estos beneficiarios al censo electoral español está pendiente de resolución judicial, pues se cuestiona la adecuación del reglamento de aplicación a la normativa superior.
Algunos analistas interpretan el aumento del censo y la posible incorporación de dos millones y medio de nuevos españoles como una estrategia del Gobierno para ampliar su base de votantes, asumiendo que los nuevos electores podrían favorecer al partido en el poder. Sin embargo, la realidad es más compleja: el perfil político de la comunidad cubana en el exterior es poco conocido y no se puede reducir a una única tendencia.
El comportamiento del voto en el extranjero suele ser diverso. En América Latina, la mayoría de los países permiten que sus ciudadanos residentes fuera del territorio nacional voten, y algunos, como Ecuador, disponen de circunscripciones especiales para elegir diputados que los representen. La escasa participación se debe en gran parte a los “costes de participación”, es decir, al esfuerzo que implica desplazarse a un consulado o centro de votación, lo que puede resultar prohibitivo para residentes en localidades alejadas.
Aun con baja participación, el voto externo puede ser decisivo. Un ejemplo reciente es la segunda vuelta de las elecciones presidenciales peruanas de 2026, en la que la candidata Keiko Fujimori superó la diferencia de 32 000 votos obtenidos en territorio nacional gracias al apoyo del 63,2 % de los votantes peruanos residentes en el exterior, lo que le permitió ganar la presidión por apenas 49 641 votos.
El debate sobre el sufragio de los residentes en el exterior también se ha vivido en Uruguay, donde el Frente Amplio impulsó la ampliación del voto desde el exterior y la derecha se opuso temiendo que una diáspora mayoritariamente de exiliados de la dictadura favoreciera a la izquierda. La discusión incluyó argumentos sobre la legitimidad de que quienes no viven en el país sufragan decisiones cuyas consecuencias no sienten directamente. En un plebiscito de 2009, la propuesta de voto por correspondencia obtuvo solo el 36,93 % de los votos.
Movilizar el voto de la diáspora requiere más que reconocer el derecho: es necesario generar cercanía entre el electorado y los partidos o candidatos, lo cual suele estar en manos de los gobiernos y sus organizaciones, que disponen de recursos, información y redes de contacto. En el caso español, se ha destacado la labor del PSOE en Argentina, país con mayor número de electores españoles en el exterior, así como la actividad del PP en Galicia, enfocada en los votantes no residentes.
En conclusión, ni la concesión de la nacionalidad española garantiza un aumento de votos para el PSOE, ni el anticomunismo que puedan sentir algunos cubanos los convierte automáticamente en electores del PP o de VOX. El impacto del voto latinoamericano en las próximas elecciones españolas dependerá de la capacidad de movilización y de las preferencias políticas reales de cada comunidad, más que de prejuicios o suposiciones.
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