España y Francia: de enemigos mortales a cómplices de la revolución truncada
El presidente francés Emmanuel Macron ha realizado una visita oficial a Marruecos que, lejos de ser un simple acto diplomático, representa la última fase de una compleja y decisiva dinámica geopolítica que ha marcado a Europa durante siglos. La relación entre España y Francia, que ha oscilado entre la rivalidad más encarnizada y la alianza más estrecha, sigue influyendo en la forma en que ambos países interactúan con el resto del continente.

Una visita enmarcada en la historia
Desde los duelos dinásticos de los siglos XVI y XVII, cuando la Casa de Austria y la Casa de Borbón se disputaban la supremacía en Europa, hasta los Pactos de Familia que consolidaron una alianza entre las coronas de Madrid, París, Nápoles y Parma, la cooperación hispano‑francesa ha sido un factor clave contra la hegemonía británica. La coronación de Felipe V en 1700, nieto de Luis XIV, marcó el paso de enemigos mortales a “primos carnales”, una relación que se tradujo en alianzas militares y estratégicas en todos los continentes.
Ese vínculo se quebró con la Revolución Francesa y, definitivamente, con la invasión napoleónica de la Península Ibérica en 1808, que dejó una profunda cicatriz en la memoria colectiva española. Aunque hubo intentos de restaurar la amistad monárquica, como la intervención francesa en 1823 a favor de los Borbones españoles, la desconfianza popular persistió durante décadas.
En la actualidad, la visita de Macron se sitúa en un contexto muy distinto, pero los ecos de esa historia siguen resonando. Tras la firma del Tratado de Amistad y Cooperación Reforzada, conocido como el Tratado de Barcelona, España y Francia están consolidando una alianza estratégica dentro de la Unión Europea, centrada en la autonomía energética, la transición hacia el hidrógeno verde y la seguridad del estrecho.
Un ejemplo reciente de esa cooperación fue la respuesta del Gobierno francés a la polémica “invasión” de la ciudad autónoma de Ceuta. París manifestó su apoyo político a Madrid y rechazó cualquier medida coercitiva contra Marruecos, defendiendo la gestión española y la libre circulación en la zona.
Así, los antiguos enfrentamientos del Siglo de Oro y la sombra de Napoleón han dado paso a una colaboración institucional que vuelve a colocar a España y Francia como socios preferentes en la agenda europea y mediterránea.
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