Nacen las "pequeñas ciudades": así se organizan las acampadas contra la crisis de la vivienda en la Puerta del Sol y Plaza Cataluña
Las manifestaciones por el derecho a la vivienda han alcanzado su punto máximo con la instalación de campamentos permanentes de tiendas en el centro de dos de las principales ciudades españolas: Madrid y Barcelona. Estos asentamientos ya amenazan con expandirse a zonas adyacentes, sobre todo a áreas de tránsito turístico. Miles de ciudadanos se han congregado en la Puerta del Sol y en la Plaza Cataluña para protestar contra la especulación inmobiliaria y la dificultad de acceder a una vivienda digna.
Situación de los campamentos en Madrid y Barcelona
Lo que comenzó como una protesta puntual en la Puerta del Sol, tras el conocido caso de desahucio de Maricarmen, se ha convertido en una “pequeña ciudad” con calles, barrios y una organización propia que mantiene la presión sobre las autoridades. El tema ha sido tratado en el programa «Julia» de Onda Cero, donde varios colaboradores visitaron los puntos críticos para observar de primera mano la realidad del campamento.
En Madrid, el número de tiendas de campaña ronda los 2 000 tras una semana de asentamiento. En la Plaza de Cataluña, la capital catalana, se contabilizan cerca de 200 “casas” improvisadas, dispuestas en un círculo que ocupa gran parte del espacio central de la plaza. Los manifestantes denuncian que los propietarios obtienen ingresos exorbitantes alquilando habitaciones, con rentas que pueden absorber hasta el 80 % del salario de los trabajadores, mientras la oferta de vivienda sigue siendo insuficiente en las grandes urbes.
El campamento madrileño ya cuenta con una estructura urbana propia: una “calle” llamada Maricarmen, esquina 26 de septiembre, y un plano elaborado por una comisión de urbanismo que guía a los residentes. Según los colaboradores de «Julia», el asentamiento mantiene un alto grado de orden y limpieza. Los ocupantes disponen de toldos para protegerse de la lluvia y del sol, puntos de abastecimiento de alimentos, medicinas, peluquería y otros servicios, provistos por ciudadanos solidarios que les entregan lo necesario. En sus calles conviven jóvenes, estudiantes y trabajadores que comparten la imposibilidad de independizarse; muchos han expresado que su única salida sería emigrar, pues no saben cuánto tiempo podrán resistir.
En Barcelona, la acampada ha transformado la zona que antes era un paso frecuente de turistas, convirtiéndola en un espacio de asambleas y acción directa. A pesar de las intensas lluvias que se registraron durante la semana, el campamento se mantiene gracias al apoyo de los vecinos, especialmente de señoras jubiladas que ofrecen su ayuda. La Plaza Cataluña, escenario del movimiento 15‑M en 2011, vuelve a ser el punto de encuentro de los manifestantes en 2026, que reclaman una regulación urgente del mercado inmobiliario en una ciudad donde, según afirman, conseguir una habitación o independizarse equivale a ganar la lotería.
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