Ni colonia ni "urbe olvidada": las claves históricas que desmontan el relato nacionalista marroquí sobre Melilla

El debate sobre la soberanía de Ceuta y Melilla ha adquirido una dimensión histórica tras la publicación de un extenso ensayo en el diario marroquí le360, firmado por el urbanista e historiador Mohamed Métalsi. En su artículo, el autor califica a Melilla de “ciudad olvidada” y la describe como un enclave estrictamente rifeño, islámico y amazigh (bereber) que habría sido separado de su territorio natural.

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La visión de Métalsi y la respuesta española

Según la tesis de Métalsi, la historiografía española habría utilizado el término “ocupación” de manera interesada para pasar por alto ocho siglos de presencia islámica y legitimar la toma de una ciudad supuestamente deshabitada. El autor recorre la cronología de Melilla desde las primeras comunidades neolíticas y el puerto fenicio de Rusir, atraviesa la época del reino mauro y la etapa islámica (Malila), y la vincula a las tribus guelayas (Iqer'iyen). En su juicio, el “relato colonial” español habría transformado un puerto mercantil en un presidio militar en permanente conflicto con su entorno.

Historiadores españoles, como Alberto Bolaños, rechazan esta interpretación. Bolaños sostiene que el planteamiento de Métalsi responde a una “intencionalidad política” sin base documental. Señala que intentar englobar el paso medieval de la plaza bajo la soberanía de un Marruecos histórico desconoce la realidad política del Magreb a finales del siglo XV, cuando los sultanes watasíes gobernaban desde Fez y no los alauitas que ostentan el trono actual de Rabat. Además, recuerda que el Estado-nación marroquí, con fronteras delimitadas y control efectivo, no se consolidó hasta su independencia en 1956.

Seguridad, piratería y la doctrina de frontera

La expedición castellana de 1497 no persiguió una conquista colonial ultramarina, sino que respondió a una necesidad defensiva. Tras la caída del Reino Nazarí de Granada en 1492, la Corona de Castilla concluía la Reconquista peninsular, pero la amenaza de incursiones norteafricanas (almorávides, almohades y benimerines) seguía latente. “Castilla y los reinos peninsulares entendían que en el norte de África había un problema crónico de seguridad”, explica Bolaños.

Puntos Clave
  • Mohamed Métalsi, en su ensayo publicado en le360, califica a Melilla de “ciudad olvidada” y la describe como un enclave estrictamente rifeño, islámico y amazigh, cuestion

La piratería en el estrecho de Gibraltar y el mar de Alborán dificultaba el comercio marítimo. Tras la conquista de Granada, Isabel la Católica y el cardenal Cisneros impulsaron una política norteafricana orientada a neutralizar las bases corsarias y asegurar el flanco sur peninsular.

La naturaleza jurídica de Ceuta y Melilla

Desde Rabat se insiste en considerar a Ceuta y Melilla como colonias o vestigios imperialistas pendientes de descolonización, equiparándolas a veces al caso de Gibraltar. Sin embargo, la diferencia es sustancial: Gibraltar es una posesión británica cedida por el Tratado de Utrecht (1713) y nunca ha formado parte del territorio metropolitano del Reino Unido. En cambio, Ceuta y Melilla se integraron desde el primer momento en la Corona de Castilla. “Son tan españolas como Asturias”, afirma Bolaños.

El paso de fuerte militar a ciudad moderna se consolidó tras la Guerra de África (1859‑1860) y los tratados bilaterales hispano‑marroquíes de 1859, 1860 y el deslinde de 1862, formalizado con el disparo de cañón desde el fuerte de Victoria Grande que fijó los límites de la ciudad.

El Protectorado español y la ausencia de ambas plazas

El carácter no colonial de Ceuta y Melilla quedó claro durante la vigencia del Protectorado español en Marruecos (1912‑1956). Ni la una ni la otra formaron parte del Protectorado; ambas eran comandancias generales y territorio español de pleno derecho con siglos de anterioridad. Por ello, la capital del Protectorado se estableció en Tetuán y no en Ceuta ni en Melilla. “Ambas plazas estaban formalmente fuera del territorio protegido porque eran suelo español soberano”, recuerda Bolaños.

Una anécdota poco conocida relata que el propio Francisco Franco se lamentó, décadas después, de que en los tratados de 1860 no se hubiera aprovechado la victoria militar para ampliar el perímetro de Melilla hasta el monte Gurugú, lo que habría otorgado mayor profundidad estratégica y defensiva a la plaza.

Ante los intentos recurrentes de la diplomacia y los medios marroquíes por reinterpretar la historia de Melilla, los archivos y el derecho internacional continúan confirmando que la ciudad no se segregó de ningún Estado marroquí preexistente, sino que, a lo largo de más de cinco siglos, ha sido un componente indivisible de la soberanía española en el Mediterráneo.

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Carlos Mendoza Vargas Periodista

Licenciado en Comunicación Social con mención en Periodismo por la Universidad Central de Venezuela. Tiene 12 años de experiencia en cobertura de política nacional y conflictos sociales, con pasantías en medios internacionales como BBC Mundo. Especializado en periodismo de investigación y análisis político.

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