Maryam denuncia al cónsul de Marruecos por acoso sexual y regalo incómodo

El 15 de septiembre de 2020 marcó el inicio de un calvario para Maryam, nombre ficticio con el que se protege la identidad de una empleada local del Consulado de Marruecos en Murcia. Ese día comenzó su tormento laboral y sexual tras la llegada de Sidi Mohammed Biedallah como nuevo cónsul. Lo que antes había sido un entorno de trabajo estable y respetuoso bajo la gestión del anterior responsable diplomático, se transformó progresivamente en un escenario de hostigamiento, aislamiento y humillación constante.

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Un proceso de acoso prolongado y sistemático

Según la sentencia firme del Juzgado de lo Social número 1 de Murcia, a la que ha tenido acceso esta publicación, desde septiembre de 2020 se desató un proceso continuo de acoso laboral y sexual que culminó con el despido de Maryam en 2022. La resolución judicial declara nulo dicho despido al considerarlo la consecuencia directa de un acoso sostenido que vulneró sus derechos fundamentales, entre ellos el derecho a la dignidad y la integridad moral.

La jueza describe cómo, tras la llegada del cónsul Biedallah, Maryam fue sometida a un deterioro progresivo de sus condiciones laborales: fue trasladada a una planta inferior, quedó completamente aislada, sin acceso a internet ni a herramientas básicas para desarrollar su trabajo, y se le retiraron funciones propias de su cargo. “Me dejaron sola. Sin internet. Sin teléfono. Yo seguía trabajando, pero era un castigo”, relata la afectada.

El fallo judicial establece que estas medidas no respondían a necesidades organizativas, sino que formaban parte de una estrategia deliberada para minar su moral y forzar su salida del puesto tras rechazar insinuaciones y conductas de naturaleza sexual por parte del cónsul.

Comentarios, tocamientos y un intento de beso

  • La sentencia detalla que Biedallah realizaba comentarios constantes sobre la vestimenta y el físico de Maryam, llegando a calificarla con frases como “te queda muy bien el collar, y esa lágrima caería muy bien sobre tus tetas”.
  • El 28 de mayo de 2021, tras regalarle unos pendientes y un collar de la marca Majorica —que ella rechazó—, el cónsul la llamó a su despacho, le ofreció té y volvió a hacer comentarios de carácter sexual, intentando besarla y abrazarla.
  • La jueza considera probado que el diplomático mantenía un contacto físico no consentido: le tocaba el hombro, el cuello, deslizaba la mano por su espalda y le cogía la mano en múltiples ocasiones.
  • Maryam asegura que reaccionó de inmediato: “No podía permitirlo. Es un depredador sexual. Empezó de un día para otro, se sentía poderoso”.

Dos compañeras más del consulado corroboraron durante el juicio haber sido también víctimas de acoso por parte del mismo diplomático, confirmando un patrón de comportamiento abusivo en un entorno de poder claramente desigual.

Rechazo, represalias y deterioro psicológico

Tras rechazar las insinuaciones y los avances del cónsul, Maryam fue objeto de represalias: difamación entre sus compañeros, aislamiento progresivo, asignación de tareas ajenas a su perfil y retirada de recursos esenciales. La situación empeoró cuando el diplomático que hasta entonces había actuado como contrapeso —el Sr. Akirach— abandonó el consulado.

El acoso se intensificó también fuera del horario laboral: recibía llamadas frecuentes al móvil, a cualquier hora, que aumentaron su angustia. En enero de 2022, tras meses de presión constante, sufrió un episodio grave de ansiedad. Los informes médicos constatan un trastorno de ansiedad reactivo directamente vinculado al acoso laboral prolongado.

Una vez recuperada, el consulado la despidió alegando causas objetivas, una medida que incluso la representación legal del consulado reconoció como improcedente durante el juicio. Sin embargo, el juzgado fue más allá y declaró el despido nulo, al considerar que era la culminación de un acoso laboral y sexual sostenido en el tiempo.

Condena y reconocimiento de daños

La sentencia condena al Consulado de Marruecos en Murcia a readmitir de forma inmediata a Maryam y a abonarle todos los salarios dejados de percibir desde su despido. Además, se fija una indemnización de 25.000 euros por vulneración de derechos fundamentales y 26.086,76 euros por daños psíquicos causados.

El abogado de la afectada, Joaquín Dólera, subraya que “estamos ante un despido nulo por acoso laboral, moral y sexual. La sentencia es firme”. Recalca también el silencio cómplice de otros empleados, que no intervinieron por temor a represalias, y el aislamiento extremo que soportó la trabajadora durante más de dos años.

“Yo no era un borrego”, repite Maryam. “Yo reaccioné porque no podía permitirlo”. A pesar de los tres años de batalla judicial y los obstáculos interpuestos por las instancias consulares, la justicia española ha reconocido su sufrimiento, ha señalado con nombre y cargo al responsable y ha dado un paso crucial en la defensa de la dignidad laboral frente al abuso de poder.

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