El gran divorcio entre Hazte Oír y Vox que nadie vio venir
El escenario político aragonés se ha convertido en el nuevo escenario de tensión entre Vox y Hazte Oír (HO), tras el lanzamiento de una campaña por parte de esta última en la que acusa al partido liderado por Santiago Abascal de actuar como un "PP verde". La crítica, difundida a través de su conocido autobús, llega en plena campaña electoral de cara a las elecciones autonómicas del 8 de febrero y pone de manifiesto un distanciamiento progresivo entre dos actores que en sus orígenes compartieron agenda, estrategia y figuras clave.

De la alianza ideológica al distanciamiento político
Los cimientos de Vox se entrelazan estrechamente con los de Hazte Oír. Desde las marchas provida de principios de la década de 2010, Santiago Abascal e Ignacio Arsuaga forjaron una relación basada en la defensa de valores tradicionales, familiares y religiosos. Abascal, aún dentro del PP en ese momento, participó en eventos promovidos por HO, como la gala de sus premios en 2012 o el Congreso Mundial de las Familias en Madrid, donde ambos expandieron su red de contactos con organizaciones conservadoras internacionales.
HO, con capacidad económica y un discurso estructurado, carecía de un vehículo político directo para influir en las instituciones. La fundación de Vox a finales de 2013 supuso una respuesta a esa necesidad. En esos años, figuras como Iván Espinosa de los Monteros, Rocío Monasterio o Javier Ortega Smith ya formaban parte del entorno cercano a ambas entidades. Además, según revela un informe del European Parliamentary Forum (EPF) de 2022, HO mantenía vínculos con la secta mexicana El Yunque y con redes internacionales como CitizenGo, que habría sido considerada por Arsuaga como una posible vía de financiación encubierta para partidos de extrema derecha en las elecciones europeas de 2019.
Aunque no se ha acreditado una financiación directa de HO a Vox entre 2013 y 2019, fuentes de la etapa inicial del partido han señalado a este medio que sí hubo un respaldo en redes sociales para impulsar su mensaje, incluyendo estrategias de viralización que podrían haber implicado el uso de bots, tal como sugiere una investigación de OpenDemocracy.
La institucionalización de Vox y el quiebre con sus orígenes
El ascenso de Vox al Parlamento andaluz en diciembre de 2018 marcó un punto de inflexión. Con su entrada en las instituciones, el partido comenzó a ampliar su agenda más allá de los temas morales y sociales, priorizando cuestiones como la inmigración, la seguridad y la vivienda. Este giro, cada vez más orientado hacia un nacionalpopulismo de corte lepenista —impulsado por figuras como Kiko Méndez-Monasterio—, generó tensiones con los sectores más ideológicamente ortodoxos vinculados a HO.
En 2019, Arsuaga ya acusaba a Vox de haberse "vendido muy barato" al apoyar la investidura de Isabel Díaz Ayuso en coalición con Ciudadanos, un paso que consideró una traición a los principios provida y familiares. La relación se fue deteriorando progresivamente, hasta que en 2022, durante las elecciones de Castilla y León, HO lanzó una campaña con ocho camiones acusando a Vox de actuar como una "derechita cobarde" por no firmar su compromiso "Vota Valores", que incluye la derogación de las leyes LGTBI, la defensa del "pin parental" y la lucha contra el "adoctrinamiento en las aulas". Arsuaga envió incluso una carta a Abascal que nunca fue respondida.
Este distanciamiento se ha acentuado en los últimos años. La reciente campaña en Aragón replica la estrategia de Castilla y León, pero con un matiz clave: HO ha firmado el compromiso con Se Acabó la Fiesta (SALF), el partido de Alvise Pérez, que no tiene representación en la comunidad. Vox, en cambio, ha sido públicamente cuestionado por no responder al cuestionario de HO, pese a haber presentado iniciativas como una proposición no de ley en defensa del derecho a la vida desde la concepción y la derogación de la Ley del Aborto y la de Eutanasia. En Madrid, además, logró incluir en el acuerdo presupuestario con el PP la obligación de informar a las mujeres sobre un supuesto "síndrome postaborto", cuya existencia no está avalada científicamente.
El fin de una alianza estratégica
- La salida de Revuelta, la rama juvenil de Vox, ha evidenciado el deseo de la dirección del partido de no permitir estructuras autónomas. Jaime Hernández, su presidente y cuñado del vicesecretario de Comunicación de Vox, Manuel Mariscal, está estrechamente vinculado a HO y fue representante internacional de CitizenGo.
- La filtración de audios en los que Mariscal asegura que Abascal "no quiere que exista nada autónomo a Vox" refleja la voluntad de control interno y la desconfianza hacia figuras con doble pertenencia.
- HO ha insistido en que no apoya a ningún partido, aunque su silencio sobre SALF y su ataque a Vox generan dudas sobre su neutralidad. Arsuaga ha respondido a las críticas asegurando que Vox está bajo "presiones e influencias" de lobistas que buscan alejarlo de su agenda moral.
Desde Vox, la portavoz en el Congreso, Pepa Millán, ha reaccionado con contundencia: "Presumimos de ser el único partido con coherencia absoluta. Mantenemos nuestros valores. No nos hemos movido". Aunque no ha habido más declaraciones oficiales, diputados como Carlos Flores Juberías y Juan Carlos Girauta han cuestionado la campaña de HO, señalando que no se aplica a todos los partidos y que podría beneficiar indirectamente a SALF.
Entre 2022 y 2025, Vox ha consolidado un nuevo perfil político, alejado del activismo moralista inicial y más centrado en la gobernabilidad y la ampliación de su base electoral. Ese cambio ha roto los lazos con sus satélites ideológicos, marcando el fin de una etapa y el inicio de una nueva en la que la coherencia se mide, según Arsuaga, no por el ruido, sino por los hechos. Y en ese balance, para Hazte Oír, las medidas provida aprobadas por Vox son, hasta ahora, inexistentes.
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