Sánchez saca la artillería pesada para salvar a Montero en Andalucía
Andalucía se prepara para una de las batallas electorales más decisivas de los últimos años. El 17 de mayo, ocho millones y medio de andaluces acudirán a las urnas en unas elecciones autonómicas que trascienden lo regional y se convierten, inevitablemente, en un termómetro político nacional. Con la vicepresidenta primera del Gobierno, María Jesús Montero, al frente del PSOE-A, y el presidente de la Junta, Juan Manuel Moreno Bonilla, defendiendo su mayoría absoluta, la contienda entre PP y PSOE adquiere un matiz de duelo directo con repercusión en Madrid. Ferraz, que en otras ocasiones ha rechazado extraer lecturas nacionales de comicios autonómicos, esta vez asume una estrategia opuesta: nacionalizar la campaña andaluza para movilizar al electorado progresista que en 2023 votó masivamente al PSOE en las generales.

El respaldo de Sánchez, pieza clave
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, jugará un papel central en la campaña de Montero. No solo por la estrecha relación política y personal que los une, sino porque la candidata es, en muchos sentidos, una extensión directa del Ejecutivo central. Desde Ferraz ya han advertido que se “dejarán la piel” para apoyarla, con Sánchez prometiendo una implicación total. La meta es clara: recuperar el medio millón de votantes que en 2022 se abstuvieron en las autonómicas, pero que un año después sí acudieron a las urnas para respaldar al PSOE en las generales. Ese efecto Sánchez —que le dio 1,46 millones de votos en Andalucía frente a los 888.000 del PSOE-A en 2022— es la base sobre la que se construye la estrategia.
Montero, que se despidió del Consejo de Ministros este martes, ya ha partido hacia Sevilla para arrancar oficialmente su campaña. Aunque aún no se ha concretado el nombre de su sucesor en Hacienda, todo está preparado para que asuma su nuevo cargo en breve. Durante su comparecencia, dejó claro que no renunciará a su escaño en el Congreso hasta que obtenga su acta como diputada andaluza, una decisión motivada por razones laborales: mantiene una plaza fija como funcionaria en el Hospital Virgen del Rocío desde los 26 años y necesita garantizar su derecho a la reserva de puesto.
Un discurso centrado en la sanidad

- La sanidad será el eje central de la campaña socialista.
- Montero ha advertido que se juegan “la salud y la vida” y ha calificado las elecciones como un “referéndum sobre la sanidad pública”.
- Acusó a Moreno de querer instaurar el copago sanitario, afirmando tener datos sobre las consultas que ha mantenido el presidente andaluz al respecto.
- Se comprometió a aprobar, en sus primeros días como presidenta, un plan urgente para “salvar” el sistema sanitario andaluz.
El deterioro de los servicios públicos, especialmente en sanidad, es la principal arma del PSOE contra el gobierno de Moreno, en el poder desde 2019. La crisis en los cribados de cáncer de mama, la saturación hospitalaria y los tiempos de espera se han convertido en símbolos del desgaste denunciado por los socialistas. Montero, que fue consejera de Salud entre 2004 y 2013, ha reivindicado su gestión anterior —recordando avances como el segundo trasplante de cara en España o el primer bebé nacido en la sanidad pública con diagnóstico genético preimplantatorio— y ha retado a Moreno a un debate público sobre el estado del sistema sanitario.
Una campaña con obstáculos de calendario
El calendario electoral no favorece una campaña intensa. La Semana Santa, que comienza el 27 de marzo, impide cualquier actividad política hasta después del 6 de abril, cuando arrancará la elaboración urgente de las listas. El 17 y 18 de abril coincidirá con la cumbre progresista en Barcelona, a la que Sánchez acudirá como anfitrión, y en abril y mayo se suceden las ferias de Sevilla, Córdoba y Jerez. El 17-M fue elegido por Moreno precisamente por estar entre festividades, lo que, según los socialistas, busca favorecer una baja participación.
“Juanma quiere paseos, fotos y aplausos en las ferias, no quiere campaña”, criticó una dirigente provincial del PSOE-A. “Muchos votantes van a ir con el catavino a la urna”, ironizó otro miembro de la cúpula regional, refiriéndose al riesgo de desmovilización en municipios con ferias activas.
La unidad interna como fortaleza
A pesar de las encuestas que sitúan al PSOE-A en torno a los 23-27 escaños —por debajo de los 30 conseguidos en 2022—, en el partido hay un ánimo de subida. El buen resultado en Castilla y León y el impacto del discurso anti-guerra de Sánchez han reforzado la confianza. Además, el PSOE-A busca proyectar una imagen de unidad: recuperar a expresidentes como Susana Díaz y Manuel Chaves, contar con el apoyo de José Luis Rodríguez Zapatero y mantener a Luis Planas, ministro de Agricultura, como aliado clave en una región con fuerte peso rural.
El programa electoral, aún por presentar, girará en torno al fortalecimiento de los servicios públicos, vivienda, educación y dependencia. Un modelo “netamente de izquierdas, andalucista y feminista”, según Montero, que busca romper con lo que califica como “falsa moderación” de Moreno. Aunque este se presenta como un gestor prudente, los socialistas insisten en que sus políticas han sido de recorte y desmantelamiento progresivo de lo público, sin necesidad de pactos con Vox.
Montero, consciente del reto, no esconde su ambición: “Que una persona con grandes responsabilidades, probablemente la mujer con más poder en la democracia española, decida venir a Andalucía a disputar unas elecciones dejando sus cargos, es para poner en valor”. Ahora, el partido apuesta todo a que esa apuesta personal se traduzca en movilización colectiva. Porque, más allá de los sondeos, en Ferraz y en la militancia andaluza tienen claro: “No se puede dar por perdido ningún partido hasta que el árbitro pita el final”.
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