¿Por qué la luz y los días más largos mejoran el estado de ánimo? La ciencia lo explica
Con la llegada del cambio de hora, los días se alargan y, según la bióloga y divulgadora científica Alba Morán, este aumento de luz natural influye positivamente en el estado de ánimo de muchas personas. “El efecto de la luz sobre nuestro bienestar y salud mental depende de varios factores, entre los que se encuentran nuestras actividades, el funcionamiento cerebral y, por supuesto, la ciencia que lo respalda”, explicó la doctora.

Morán destaca que la mayor exposición a la luz diurna potencia la producción de neurotransmisores vinculados al bienestar, como la serotonina y la dopamina. “Nuestro cerebro opera por contraste: cuando los días son más largos, como en primavera y verano, el cuerpo dispone de una mayor capacidad para generar sustancias que favorecen la felicidad”, señaló.
El papel del ritmo circadiano, la melatonina y la serotonina
El ritmo circadiano, un “reloj interno” regulado por la alternancia de luz y oscuridad, controla la liberación de hormonas como la melatonina, responsable de inducir el sueño. La investigadora explica que la melatonina depende de la serotonina, conocida como la hormona de la felicidad. En los meses con escasa luz, la conversión de serotonina a melatonina se produce de forma más rápida, reduciendo la disponibilidad de serotonina y, con ello, la sensación de bienestar. En contraste, durante el verano, la mayor cantidad de horas de luz retrasa esa conversión, manteniendo elevados los niveles de serotonina.
La exposición continua a la luz azul emitida por pantallas también afecta este equilibrio, ya que inhibe la producción de melatonina y puede resultar perjudicial para la salud. Por ello, Morán recomienda aprovechar la luz natural y realizar actividades al aire libre siempre que sea posible.
La práctica regular de ejercicio al aire libre, además de fomentar la producción de serotonina, estimula la liberación de endorfinas y dopamina, neurotransmisores asociados a la sensación de felicidad.
Otro beneficio de la luz solar es la síntesis de vitamina D, esencial para la salud ósea, el metabolismo del calcio y el correcto funcionamiento del sistema inmunológico. “En verano es menos frecuente contraer enfermedades, mientras que en invierno, con menos exposición solar, aumentan tanto los problemas de salud física como los trastornos afectivos estacionales”, afirmó la doctora.
Para mitigar los efectos del trastorno afectivo estacional, la luz sigue siendo un recurso clave. Se han probado diversas estrategias, como la fototerapia (exposición a luz artificial de espectro específico), el uso de psicofármacos y la terapia psicológica. Mantener una dieta rica en vitamina D y aprovechar al máximo las horas de luz disponibles también contribuye a mejorar el estado de ánimo.
Morán advierte que es importante reconocer los primeros signos de desánimo, ya que la falta de luz puede desencadenar una desregulación de hábitos, aumentando la tendencia a consumir alimentos azucarados, lo que resulta contraproducente para el bienestar físico y mental.
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