Alsina, sobre el ataque contra Trump: "Desconcierta la facilidad con que alguien puede disponer de un rifle para apuntar a un presidente"

El 14 de octubre de 1963, Ruth y su amiga Marina se dirigieron a la casa de su vecina Dorothy para tomar un café. Allí se unió a la conversación Linnie, otra residente del barrio, y las tres pasaron la tarde discutiendo temas cotidianos y personales. En medio del diálogo, Marina mencionó que su marido había regresado a la ciudad sin encontrar empleo.

Linnie relató que su hermano menor había superado una situación similar y recientemente había sido contratado en un almacén de libros del centro, el cual estaba buscando personal adicional. Al contactar al encargado, el señor Truly, éste mostró interés en entrevistar al esposo de Marina, valorando su experiencia como marine.

Lee Harvey Oswald y el almacén de libros

Dos días después, Lee Harvey Oswald comenzó a trabajar en el mismo depósito de libros ubicado en la Plaza Dealey. Más de un mes después, desde ese mismo edificio, Oswald disparó contra el presidente John F. Kennedy. Cuando Oswald inició su empleo, aún no se conocía la fecha exacta del viaje del presidente a Dallas, ni el itinerario de la comitiva, detalles que sólo se hicieron públicos pocos días antes del atentado.

Oswald, familiarizado con la disposición del local, aprovechó la facilidad de introducir un rifle en la sexta planta, abrir una ventana y efectuar el disparo. Desde entonces, diversas teorías conspirativas han intentado explicar su acceso al almacén, pero la intervención de Linnie, al facilitar la contratación del marido de Marina, probablemente permitió que Oswald estuviera presente ese día.

Según documentos de la época, Oswald había adquirido el rifle ocho meses antes, no con la intención de asesinar a Kennedy, sino con el objetivo de eliminar al general Edwin Walker, líder de extrema derecha que se postulaba para la presidencia en 1964. En abril, Oswald intentó atacar a Walker disparando contra la casa donde este se encontraba, sin lograr acertar en la cabeza. El general salió disparado, armado, en busca del agresor.

Marina Oswald, al conocer la obsesión de su marido con Walker, le preguntó al día siguiente por qué había intentado matarlo. Él respondió que consideraba a Walker “un hombre malo, un líder fascista”. Cuando ella le reprochó que no tenía derecho a quitar una vida, Oswald replicó: “Se habrían salvado muchas vidas si alguien hubiera asesinado a Hitler antes de que gobernara Alemania”.

Puntos Clave
  • Alsina destaca la facilidad con la que alguien puede conseguir un rifle para apuntar a un presidente
  • Según la noticia, Lee Harvey Oswald trabaj

Estos hechos ilustran un patrón recurrente en la historia: la violencia es a menudo sencilla de ejecutar cuando se combina un arma, una oportunidad y la voluntad de actuar, mientras que la explicación conspirativa suele buscar culpables ocultos y referencias a figuras como Hitler.

En noviembre de 2023, un nuevo intento de magnicidio sacudió a Estados Unidos. Un individuo identificado como Cole Allen, de 31 años, maestro de escuela, ingresó al hotel Hilton de Washington con una pistola, una escopeta y varios cuchillos, con la intención de atacar al expresidente Donald Trump durante una cena de corresponsales. Allen envió una carta a sus familiares explicando que consideraba su acción como un acto de justicia, argumentando que “no es cristiano permanecer pasivo mientras se persiguen a personas sin papeles, se hunden barcos de pesca en el Caribe, se bombardean escuelas en Irán o se explota sexualmente a menores”.

En su manifiesto, Allen declaraba su objetivo: “ajusticiar a Trump y a quienes están con él”. Poseía las armas, la ocasión y se percibía a sí mismo como la mano vengadora que impediría que el “mal” continuara liderando el mundo.

Trump, ileso tras el intento, comentó el escrito de Allen, interpretándolo como un ataque contra los cristianos. El expresidente, acostumbrado a emitir conclusiones propias sin esperar investigaciones, utilizó el episodio para presionar al Congreso a autorizar la construcción de un gran salón de baile en la Casa Blanca, argumentando que su necesidad era evidente.

Al no consumarse el magnicidio, los medios estadounidenses han centrado su cobertura en la trayectoria de Allen, indagando cómo un maestro de escuela pasó a ser un potencial asesino y viajó de California a Washington con armas. Esta ausencia de consecuencias mortales permite a la prensa explorar la salud mental del detenido sin el riesgo de ser acusada de encubrir a un asesino.

El caso también ha reavivado el debate sobre la violencia política en Estados Unidos, donde se registran ataques contra congresistas, activistas y figuras públicas. En la transmisión de CNN tras el incidente, un comentarista preguntó por qué el discurso público rechaza la violencia política, pero evita relacionarla con la proliferación de armas de fuego. La responsabilidad de usar un arma recae, según se recuerda, en quien la empuña, aunque la facilidad de acceso a rifles sigue desconcertando a la sociedad.

C
Carlos Mendoza Vargas Periodista

Licenciado en Comunicación Social con mención en Periodismo por la Universidad Central de Venezuela. Tiene 12 años de experiencia en cobertura de política nacional y conflictos sociales, con pasantías en medios internacionales como BBC Mundo. Especializado en periodismo de investigación y análisis político.

Mira tambien:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Tu puntuación: Útil

Subir