La gesta de los presos madrileños que fueron liberados el 2 de Mayo para combatir a Napoleón
El 2 de mayo de 1808, la ciudad de Mrid se vio sacudida por los estruendos de los cañones, los gritos de la población y el retumbar de la caballería al chocar contra el empedrado de sus calles. En el interior de la Real Cárcel de la Corte —actual Palacio de Santa Cruz— se gestaba uno de los episodios más singulares de la Guerra de la Independencia española.

Un grupo de 56 internos, liderados por Francisco Xavier Cayón de Bustamante, solicitó permiso a sus captores para abandonar momentáneamente la cárcel y combatir a las tropas francesas invasoras, jurando regresar a sus celdas una vez cumplido el deber. Según un escrito firmado por Bustamante poco después de los hechos, los prisioneros escucharon los cañonazos y los vítores de «¡Viva el Rey y mueran los franceses!», que resonaban en el exterior del recinto.
Conflicto dentro y fuera de la cárcel
Con la autorización del director de la prisión, los porteros abrieron las puertas y los internos se precipitaron al exterior. Aquellos que no lograron salir debido al intenso fuego francés se dedicaron a proteger la cárcel y a consolar a las mujeres presas, aterrorizadas por los disparos.
Los que lograron incorporarse al combate se dirigieron a la Plaza Mayor, donde atacaron un destacamento francés que cannonizaba a los insurgentes desde el arco de la calle Toledo. Tras una breve escaramuza, los presos asesinaron a siete soldados y se apropiaron del cañón que utilizaban. Los galos intentaron contraatacar con una ligera carga de caballería, pero los internos respondieron con disparos de metralla, logrando frenar el avance. Ante la escasez de munición, los prisioneros destruyeron el cañón para inutilizarlo y se dispersaron.
Al día siguiente, 3 de mayo, de los 56 presos que habían salido, 51 regresaron a sus celdas, uno fue trasladado al hospital por heridas, dos fueron declarados muertos y otro desapareció. Bustamante, al volver a la cárcel, protestó ante la anotación oficial que los describía como «fugos», exigiendo que se reconociera la honorabilidad de sus acciones.
No obstante, el informe oficial firmado ese mismo mediodía por el alcaide Aquilino Sandoval narra una versión distinta. Según el documento, a las doce de la mañana, los reclusos, ya armados, intentaron una fuga violenta. Las autoridades penitenciarias intentaron contenerlos sin éxito, y el alcaide solicitó ayuda a las fuerzas militares, que se negaron a intervenir por falta de órdenes. Una patrulla de caballería española, al oír el clamor, se alejó sin prestar auxilio.
Al regresar a la cárcel, Sandoval encontró que los presos habían prendido fuego a las instalaciones. Mientras los guardias luchaban por apagar las llamas con cubos de agua, los internos aprovecharon la confusión para escaparse en masa.
Aunque el parte oficial subraya el caos y la violencia del episodio, la evidencia documental indica que muchos de los prisioneros que salieron lucharon valientemente en las calles de Mrid contra las tropas del general francés Joachim Murat, y que varios cumplieron su promesa regresando a sus celdas con armas capturadas.
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