¡Alerta en la construcción horas pagadas sin trabajar explotan 18 veces más!
En un momento marcado por la urgencia de afrontar la crisis de vivienda y la necesidad de incrementar la oferta inmobiliaria, el sector de la construcción se enfrenta a una creciente dificultad interna: el aumento sostenido del absentismo laboral. Según un informe publicado este lunes por la Confederación Nacional de la Construcción (CNC), las horas no trabajadas pero sí remuneradas por las empresas han aumentado un 23% entre 2018 y 2025, pasando de 242 a 298 horas anuales por trabajador. Este crecimiento es 18 veces superior al incremento del conjunto de horas remuneradas en el mismo periodo, lo que evidencia un deterioro progresivo de la jornada efectiva y un impacto directo en la productividad del sector.

Un desfase creciente entre lo pactado y lo trabajado
El informe revela una creciente brecha entre las horas pactadas y las realmente trabajadas. Aunque la jornada anual acordada —incluyendo horas extras y descontando vacaciones, festivos y ERTEs— se ha mantenido estable en torno a las 1.812 horas por empleado en 2025, el tiempo efectivamente laborado ha caído por debajo de las 1.700 horas, registrando el nivel más bajo de la última década, excluyendo el año 2020 por la pandemia. Esta diferencia de 112,8 horas por trabajador en 2025 representa el tiempo perdido por absentismo, un indicador que ha ido en aumento de forma constante: de 54,3 horas por empleado en 2013 a 65,1 en 2019, y ahora más que duplicado en apenas seis años. Es la segunda vez consecutiva que esta cifra supera las 100 horas anuales, algo que ni siquiera ocurrió en plena crisis sanitaria.
A pesar del esfuerzo por compensar esta pérdida de tiempo con un mayor número de horas extraordinarias —que subieron de un promedio de 6 a 7,8 horas anuales por empleado entre 2008 y 2019 hasta alcanzar las 11,1 horas en 2025—, las empresas no han logrado revertir la caída del trabajo efectivo. Este esfuerzo adicional no compensa el desfase acumulado, lo que afecta directamente a la competitividad y capacidad de respuesta del sector en un momento clave para la producción de vivienda.
El 90% del absentismo se debe a bajas por enfermedad común o accidente no laboral
- Las horas perdidas por incapacidad temporal (enfermedad común o accidente no laboral) se han más que duplicado en la última década, pasando de 45 a 94 horas anuales por trabajador.
- Las ausencias por otros motivos, como permisos, licencias o conflictividad laboral, han aumentado apenas seis horas, de 13 a 19 horas por empleado.
- El 65% de los episodios de baja en 2024 tuvieron una duración inferior a 15 días, periodo durante el cual las empresas asumen íntegramente el pago del salario y las cotizaciones, ya que la Seguridad Social no interviene hasta el día 16.
Este reparto de costes genera una presión adicional sobre las empresas, especialmente en procesos de baja que, aunque breves, se repiten con frecuencia. La presidenta de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), Cristina Herrero, señaló esta semana que el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) cuenta con capacidad para intervenir en todo el proceso de incapacidad temporal, pero en la práctica no lo hace hasta el día 365. Herrero calificó esta situación como una “dejación de funciones” y defendió que una intervención más temprana permitiría reducir la duración innecesaria de las bajas, disminuyendo tanto el gasto público como la carga financiera para las empresas.
Un sector bajo presión demográfica y de empleo
El problema del absentismo se agrava en un contexto de envejecimiento acelerado de la plantilla. Según el Observatorio Inmobiliario de BBVA Research correspondiente a junio de 2025, más del 55% de los trabajadores del sector supera los 45 años, mientras que la proporción de menores de 30 años continúa reduciéndose. A esta situación se suma una creciente escasez de mano de obra: las vacantes sin cubrir se han cuadruplicado en los últimos ocho años y el nivel de ocupación en construcción apenas alcanza el 6,8% del empleo total, muy por debajo del promedio histórico del 9% y muy lejos del 14% previo a la crisis financiera.
Estos desequilibrios —falta de trabajadores jóvenes, plantillas envejecidas, elevado absentismo y creciente carga financiera— están limitando la capacidad del sector para responder a la demanda de vivienda, un reto prioritario en la actual agenda social y económica. Sin mejoras en la gestión de las bajas, en la atracción de nuevo talento y en la modernización del tejido productivo, la construcción podría seguir perdiendo eficiencia en un momento en el que más se necesita.

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