Carolina Sarmiento: Vivimos una realidad cotidianamente distópica
Carolina Sarmiento, periodista y escritora asturiana nacida en Oviedo en 1981, presenta su última obra: Las fronteras (Siruela). La novela imagina un futuro en el que la Tierra ha firmado un “trato de desocupación” impuesto por la enigmática Unión de los Pueblos, que obliga a deshabitar las zonas más extremas del planeta para devolverlas a la naturaleza.

Una visión distópica de la renaturalización y la autoridad global
En este escenario, las islas, las antiguas fronteras bélicas y los territorios inhóspitos quedan bajo una estricta prohibición de asentamiento, armas y actividades económicas. La trama se sitúa en un remoto pueblo ártico donde un guardabosques supervisa el cumplimiento del acuerdo, mientras los escasos habitantes —principalmente cazadores— intentan cruzar la frontera verde que protege a la fauna que se reproduce sin control.
“La novela reflexiona sobre la frontera entre lo político y lo geográfico, entre el bien y el mal, entre lo humano y lo animal, e incluso entre el amor y la amistad”, explica la autora. El conflicto central surge cuando los cazadores, atrapados entre la prohibición de cazar y la necesidad de preservar sus tradiciones, se enfrentan a la autoridad que impide cualquier interacción con la vida salvaje.
Durante la entrevista, Sarmiento señala que la obra plantea preguntas sobre la viabilidad de decisiones utópicas como la renaturalización total del planeta. “Si la medida se implementa mediante un totalitarismo, la utopía se vuelve distopía”, afirma, subrayando la ambigüedad de una entidad sin rostro que obliga a las comunidades a abandonar sus lugares de enterramiento y sus modos de vida.
El autor describe un mundo que ha llegado a ese punto tras décadas de guerras y contaminación industrial. El protagonista, quien pasa de ser un niño observador de la naturaleza a un soldado endurecido, regresa a su pueblo con la misión de impedir que sus vecinos crucen la zona prohibida, enfrentando decisiones morales que oscilan entre la supervivencia y la opresión.
La novela también aborda la “guerra del agua” y otras crisis emergentes, que según la escritora, ya se viven en la realidad contemporánea. “Nuestra generación ha crecido entre conflictos —Guerra del Golfo, Yugoslavia, Ucrania, Gaza— y la amenaza del cambio climático”, comenta, resaltando la coincidencia entre ficción y hechos actuales.
La temática de la renaturalización, inspirada en proyectos reales de recuperación de ecosistemas, se presenta como una vía necesaria pero potencialmente autoritaria. Sarmiento advierte que, aunque la intención sea salvar la biodiversidad, la imposición de medidas drásticas podría derivar en lo que algunos denominan “ecofascismo”.
En Las fronteras también se explora una sociedad sin dinero, donde los habitantes reciben una renta universal y, sin embargo, ocurre un robo de una maleta llena de efectivo. “Ese suceso sirve para cuestionar cómo organizamos nuestras relaciones sociales cuando el dinero ya no tiene valor”, explica la autora.
El libro incluye referencias a problemáticas medioambientales actuales, como la controversia del lobo en Asturias o la sobreexplotación de la angula, mostrando cómo la ciencia a menudo se ve ignorada por intereses económicos y políticos. Sarmiento menciona el libro Medio planeta de Edward O. Wilson como una obra que comparte algunos de sus planteamientos.
Al describir el proceso de escritura, la autora destaca que, aunque inicialmente se enfocó en la trama del guardabosques y la desaparición de una maleta, la revisión editorial la llevó a reconocer que la novela se sitúa en una “realidad que nos supera”. Comentarios sobre proyectos turísticos en Palestina y otras noticias recientes reforzaron la sensación de que la ficción estaba alcanzando la actualidad.
Para Sarmiento, la distopía y la ciencia ficción son vehículos que permiten explorar la ambición humana, los temores y las carencias, combinando aventura, fantasía e imaginación. “Quería situar la acción en un momento en que ya se está tomando la decisión de salvar el planeta, y la novela surgió como una respuesta a esa urgencia”, concluye la escritora.
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