Dentro del glaciar islandés Sólheimajökull: "Su deshielo anual equivale al agua que consumen 2.000 personas en su vida"
El glaciar Sólheimajökull se está derritiendo a una velocidad que ya basta con observarlo a simple vista: cada año retrocede entre 50 y 60 metros y pierde entre 5 y 10 metros de grosor. Lo que antes era una masa compacta de hielo ahora se ha transformado en una laguna proglaciar que sigue ampliándose, ocupando el espacio que el hielo abandona. Este proceso, visible en cada temporada, es una de las señales más claras del cambio climático en el Ártico.

Rubén Pérez, guía de Arctic Yeti, recorre el glaciar casi a diario. En los últimos años ha sido testigo de la desaparición de cuevas de hielo completas, de la ampliación de grietas antes estrechas y del constante rediseño de rutas que antes parecían fijas. “El retroceso es de entre 50 y 60 metros anuales y la pérdida de grosor de entre 5 y 10 metros”, afirma mientras camina sobre la superficie fracturada del glaciar.
Impacto científico y ambiental
El valor del Sólheimajökull va más allá de su tamaño. El hielo conserva burbujas de aire que registran la composición atmosférica de siglos pasados, ofreciendo una cronología precisa que los climatólogos utilizan para reconstruir la historia del clima. En una zona de hielo azul libre de ceniza volcánica, Pérez señala que el color indica una edad avanzada del hielo, lo que permite extraer información climática crucial.
Lo que diferencia al momento actual no es solo el aumento del CO₂, sino la velocidad del cambio. Los registros geológicos muestran variaciones graduales a lo largo de milenios; ahora, los cambios que antes se producían en décadas aparecen en pocos años, una aceleración sin precedentes.
En términos de agua dulce, el Sólheimajökull libera cada año un volumen aproximado a 60 piscinas olímpicas, equivalente al consumo vital de 2 000 personas durante toda su vida. Esa agua desemboca en el Atlántico Norte, contribuyendo al aumento del nivel del mar y a la alteración de la salinidad oceánica.
El deshielo también tiene consecuencias indirectas. La pérdida del albedo, al exponer roca basáltica oscura, incrementa la absorción de radiación solar, lo que acelera aún más el derretimiento en un bucle de retroalimentación positiva. Además, el peso del hielo sobre la zona volcánica de Katla, situada bajo el glaciar Mýrdalsjökull, disminuye, lo que podría influir en la estabilidad de las cámaras magmáticas y, a largo plazo, en la actividad volcánica.
Datos clave

- Retroceso anual: 50‑60 m.
- Pérdida de grosor: 5‑10 m por año.
- Volumen de agua liberada: ~60 piscinas olímpicas al año.
- Equivalente a consumo de agua de 2 000 personas durante toda su vida.
- Posible desaparición total de los glaciares islandeses en 150‑200 años.
- Ubicación cercana al volcán Katla, con implicaciones para la presión magmática.
En un horizonte de 150 a 200 años, los científicos prevén que los glaciares islandeses podrían desaparecer o quedar reducidos a los picos más altos, un escenario que afectaría la identidad, la hidrología y la economía del país, tan dependientes de estos reservorios de agua dulce.
El turismo, facilitado por empresas como Arctic Yeti, permite a los visitantes experimentar de primera mano el proceso de deshielo. Si bien el acceso a lugares como el Sólheimajökull genera emisiones y plantea desafíos de sostenibilidad, la experiencia directa –caminar sobre el hielo que cruje, observar la laguna en expansión– produce una comprensión más profunda que los informes técnicos solos.
Al final de cada recorrido, la vista del valle que el glaciar ha abandonado resume la magnitud del cambio: la laguna sigue creciendo, el hielo sigue retrocediendo y los crampones continúan resonando sobre una superficie que no existirá para siempre.
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