El shock energético amenaza a España: más inflación, subida de tipos e hipotecas más caras
Europa y España se ven inmersas en una nueva guerra energética, esta vez provocada por el conflicto en Irán. Aunque las fronteras territoriales del enfrentamiento están lejos del Viejo Continente, la interconexión de la economía mundial hace que sus repercusiones se sientan de inmediato en la zona euro.

En marzo, la inflación en España subió un punto porcentual respecto a febrero, alcanzando el 3,3 %. En el mismo mes, el promedio de la eurozona repuntó seis décimas, situándose en el 2,5 %. Estos datos revelan que el país no solo está sufriendo el shock energético, sino que parte de una base inflacionaria más alta que intensifica el impacto del conflicto en Oriente Medio.
Reacciones de los bancos centrales y proyecciones para 2026
Ante este escenario, el Banco Central Europeo (BCE), bajo la presidencia de Christine Lagarde, mantuvo los tipos de interés en su reunión del 19 de marzo, optando por conservar margen de maniobra ante una posible prolongación del conflicto. Sin embargo, tuvo que revisar al alza sus estimaciones de inflación para 2026:
- Escenario central: 2,6 %.
- Escenario más pesimista: 4,8 %.
Una semana después, el Banco de España elevó sus propias previsiones bajo tres supuestos relacionados con la duración e intensidad del enfrentamiento, estableciendo un rango para la inflación media de 2026 entre el 3 % y el 5,9 %.
Ambas instituciones señalaron que los escenarios más optimistas siguen siendo los más probables, aunque los indicadores recientes indican una creciente pérdida de peso de estos supuestos a favor de los escenarios más adversos.
El 26 de marzo, Lagarde admitió en una entrevista con The Economist que los daños a la capacidad de producción energética “son ya demasiado importantes” y que “es imposible restablecer todo en cuestión de meses”, advirtiendo que los efectos podrían prolongarse durante años. Así, el supuesto de una normalización rápida se está erosionando.
En el sector financiero, Larry Fink, presidente y consejero delegado de BlackRock, declaró a El País que “si la guerra se alarga un año, los precios energéticos subirán aún más y la economía mundial entrará en recesión”. Añadió que no solo la duración del conflicto, sino también su desenlace geopolítico, determinará la evolución de los precios: “Si la guerra termina pero el país sigue hostil con sus vecinos, la energía seguirá encareciéndose y la inflación persistirá”.
El cierre del estrecho de Ormuz y los ataques a infraestructuras estratégicas ya han provocado que el precio del crudo Brent superara los 100 USD, tras un aumento de más del 60 % desde el inicio de la confrontación. Este encarecimiento actúa como multiplicador, elevando los costos del transporte, la producción y la distribución, y trasladándose finalmente al consumo final, lo que reduce el poder adquisitivo de los hogares.
El contexto es especialmente delicado para las familias españolas. A diferencia de la crisis energética derivada de la invasión rusa de Ucrania, cuando los hogares contaban con parte del ahorro acumulado durante la pandemia, el punto de partida actual es mucho más frágil. Después de varios años de inflación de doble dígito, el margen de resistencia de los ciudadanos se ha visto seriamente reducido.
Al mismo tiempo, el euríbor a 12 meses, referencia principal para las hipotecas variables en España, repuntó en marzo hasta el 2,565 %, marcando su mayor subida mensual desde 2023. Este movimiento se produjo sin cambios en los tipos oficiales, lo que indica que el mercado ya anticipa una mayor inflación y, por ende, una política monetaria más restrictiva.
Para una hipoteca media, este aumento puede traducirse en un coste adicional de entre 130 y 260 euros anuales. La presión sobre los tipos de interés no cesa: el mercado prevé al menos una subida de tipos por parte del BCE a lo largo del año, lo que mantendrá al alza el euríbor y encarecerá las hipotecas variables. Según el último informe semanal de Bank of America sobre Europa, “en caso de que se produzca una subida más prolongada de los precios de la energía —lo cual parece cada vez más probable—, cabría esperar al menos dos subidas del BCE este verano (junio y julio)”.
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