Irán al borde del colapso: ¿La paz está a punto de surgir
La derrota militar no siempre significa el fin de la resistencia ni la desaparición de los remanentes de conflicto. En un país cuya maquinaria estatal está impregnada de fanatismo religioso, con aparatos policiales y de inteligencia entrenados, y con presupuestos destinados a guerras asimétricas y al terrorismo como instrumentos de política exterior, la amenaza persiste. Así lo demuestran el Hezbollah en Líbano, Hamas en Gaza y los hutíes en Yemen, y la misma dinámica se observa actualmente en la República Islámica de Irán.

Tras más de un mes de enfrentamientos, las capacidades militares iraníes están considerablemente mermadas, pero no se ha aniquilado su capacidad de ataque. Irán continúa lanzando cohetes y misiles contra sus vecinos y contra su principal adversario, Israel, aunque con un daño menor al que el propio régimen suele anunciar.
Contexto geopolítico
El régimen iraní aprovecha la creciente desconfianza de las sociedades occidentales hacia Estados Unidos e Israel, alimentada por discursos polarizados y por la figura polémica de Donald Trump. Al igual que ocurre con la guerra en Ucrania, Irán busca desviar la atención de una posible confrontación directa y favorecer la idea de que las “malas noticias” desaparezcan por sí solas, sin que sea necesario un compromiso serio.
En la práctica, la paz se construye sobre la fuerza y sobre condiciones impuestas por los vencedores del conflicto. Ignorar esta realidad genera ilusiones que los adversarios pueden explotar. La guerra que pierda Israel podría ser la última de su historia, según la retórica del régimen iraní.
Estados Unidos e Israel, como los actuales vencedores de la guerra, intentan encauzar el final del conflicto imponiendo rápidamente garantías de seguridad. En esa búsqueda, Irán extiende su agonía y genera perturbaciones económicas, mientras espera que la opinión pública occidental prefiera la comodidad presente a las amenazas futuras.
El exlíder del Hezbollah, Hassan Nasrallah, asesinado recientemente por Israel, afirmó que “Estados Unidos nunca lucha hasta el final. Abandona a sus aliados cuando el costo es demasiado alto”. Esta visión, aunque compartida en cierta medida por Europa, subraya la percepción de que el apoyo occidental es limitado.
Para Washington, una vez disminuida la capacidad de daño de Irán, el objetivo es consolidar un acuerdo que limite futuros riesgos sin incurrir en mayores costos. Israel, sin embargo, muestra reticencia a aceptar condiciones que considere insuficientes para garantizar su seguridad.
Una salida precipitada del conflicto, incluso con una derrota parcial, podría ser tolerable para EE. UU., como lo fue en Vietnam. En cambio, para Israel, la supervivencia del Estado y de la población judía está en juego, y el régimen iraní ha reiterado que su objetivo es la eliminación del Estado israelí.
En este escenario, la comunidad internacional busca un acuerdo de paz que impida a Irán intervenir en la reordenación geopolítica de la región durante las próximas décadas, facilite la normalización de relaciones entre Israel y los países árabes —como los Acuerdos de Abraham— y desarticule las redes de grupos terroristas respaldados por Teherán.
Desafíos internos de Israel

- Israel enfrenta amenazas simultáneas desde cinco frentes: Irán, Líbano (Hezbollah), Gaza (Hamas), Yemen (hutíes) y Cisjordania.
- Los cuatro primeros cuentan con apoyo directo de Irán, mientras que la violencia en Cisjordania tiene causas internas y externas.
- Recientemente, el Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel suspendió al batallón de reservistas Netzah Yehuda por la complicidad de algunos soldados en actos de violencia contra palestinos.
- La estrategia israelí se basa en superioridad tecnológica, inteligencia profunda y fuerzas armadas altamente móviles para evitar conflictos terrestres prolongados.
En el plano interno, antes del ataque del 7 de octubre de 2023 por Hamas, el gobierno de Netanyahu había impulsado una controvertida reforma del poder judicial, alineada con tendencias similares en Polonia, Hungría y España. Esa iniciativa provocó la mayor movilización antigubernamental desde la independencia del país.
El asalto de Hamas representó la mayor masacre de judíos desde la Segunda Guerra Mundial y expuso fallos de seguridad e inteligencia que permitieron el ataque. La compleja estructura de inteligencia israelí —Shin Bet, Aman y Mossad— ha generado roces y discrepancias en el análisis de amenazas, incluida la evaluación sobre la posible caída del régimen iraní.
El director del Mossad, David Barnea, ha sido señalado por algunos sectores del gobierno como responsable de transmitir un optimismo excesivo respecto a la rápida desintegración de Irán. Sin embargo, el Mossad y Aman continúan operando en la región, especialmente en Irán y Líbano, y sus actividades serán objeto de revisión tras el conflicto.
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