La crisis silenciosa de Somalia: cuando la ayuda llega tarde, los niños mueren

En el centro de estabilización de Mogiscio, Ahmed Khalif, director nacional de Acción contra el Hambre en Somalia, relata la historia de Maryan, una madre que caminó varios días con su hijo gravemente desnutrido. Al llegar, el niño presentaba edema, fiebre y apenas podía alimentarse. Su familia había huido de una sequía que arrasó sus cultivos y su única fuente de ingresos, sobreviviendo únicamente con té y leche en polvo hasta que esos recursos se agotaron. Gracias al tratamiento inmediato, el niño sobrevivió, evidenciando que la diferencia entre la vida y la muerte en Somalia depende, en la mayoría de los casos, de la rapidez con la que llega la ayuda.

Este caso no es aislado. La combinación de sequías recurrentes, conflictos armados y una economía frágil destruye medios de vida, desplaza a familias y empuja a los niños a la desnutrición aguda. Sin embargo, cuando la asistencia humanitaria llega a tiempo, la recuperación es posible y rápida.

La magnitud de la crisis y los números clave

Los datos oficiales pintan un panorama alarmante:

  • Al cierre de 2025, 7,5 millones de personas, aproximadamente el 39 % de la población somalí, necesitaban asistencia humanitaria.
  • Cuatro temporadas de lluvias consecutivas fallaron en el norte, y la precipitación en todo el país se situó 60 % por debajo de la media histórica, marcando el periodo más seco registrado desde 1981.
  • El 80 % de los somalíes dependen del pastoreo y la agricultura, lo que convierte la crisis en un colapso económico doméstico, no solo climático.
  • Se estima que entre 2025 y 2026, 1,85 millones de niños menores de cinco años sufrirán desnutrición aguda, de los cuales más de 421 000 enfrentarán una forma grave.
  • Las misiones de tratamiento de la desnutrición aguda grave han aumentado, al mismo tiempo que la escasez de suministros y los brotes de enfermedades como sarampión y cólera se intensifican.

Detrás de esas cifras están familias como la de Ruqiyo, en la región de Bay. La ausencia de lluvias arruinó sus cosechas, la sequía les arrebató la granja y los ingresos, y el desplazamiento los llevó a campamentos donde escaseaban agua potable y alimentos. Gracias a una respuesta integral —cuidados médicos de estabilización, alimentos terapéuticos y apoyo en higiene— el niño de Ruqiyo se recuperó y ahora está sano y activo, demostrando que la desnutrición grave es altamente reversible cuando se trata a tiempo.

Puntos Clave
  • La rapidez de la asistencia humanitaria es determinante para la supervivencia de niños desnutridos, como evidencia el caso de Maryan
  • Al cierre de 2025, 7,5 millones de personas (≈ 39 % de la población) necesitaban ayuda, con precipitaciones 60 % por debajo de la media histórica y

La crisis somalí no es una anomalía aislada; es la convergencia predecible de volatilidad climática, medios de vida vulnerables y la disminución de recursos humanitarios. Una financiación adecuada es esencial para mantener los centros de estabilización, los programas de alimentación terapéutica ambulatoria, el suministro de agua potable, los kits de higiene y la ayuda económica que impida que las familias recaigan una vez finalizado el tratamiento. En términos simples: salva vidas.

Sin embargo, menos del 10 % de los 852 millones de dólares requeridos para el Plan de Respuesta y Necesidades Humanitarias de Somalia en 2026 han sido asegurados. La falta de fondos limita la capacidad de respuesta y pone en riesgo a miles de niños que podrían evitar la muerte con una intervención oportuna.

La experiencia de Maryan ilustra cómo recursos suficientes y una ayuda bien dirigida pueden transformar la vida de una familia. Después de que su hijo recibió atención hospitalaria y pasó a tratamiento ambulatorio, la madre pudo comprar arroz, sorgo y verduras, garantizando al menos dos comidas diarias para sus hijos en lugar de subsistir únicamente con té. Más allá de la nutrición, el apoyo devolvió a Maryan su dignidad y la capacidad de volver a ser la madre que siempre quiso ser.

La verdadera cuestión no es si la desnutrición grave puede tratarse —la respuesta es sí, y se hace diariamente— sino si la ayuda llega con la rapidez necesaria para evitar que sea demasiado tarde. La respuesta depende de la voluntad internacional de financiar a tiempo y de manera suficiente los programas que ya han demostrado su efectividad y su bajo costo comparado con los gastos de una desnutrición no tratada.

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Carlos Mendoza Vargas Periodista

Licenciado en Comunicación Social con mención en Periodismo por la Universidad Central de Venezuela. Tiene 12 años de experiencia en cobertura de política nacional y conflictos sociales, con pasantías en medios internacionales como BBC Mundo. Especializado en periodismo de investigación y análisis político.

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