"Probablemente la OTAN desaparecería", la respuesta de un investigador del Instituto Elcano sobre si Groenlandia es conquistada por Trump
Mientras la guerra en Irán sigue ocupando los titulares internacionales, una de las obsesiones de Donald Trump por expandir su influencia se mantiene en el horizonte: la posible adquisición de Groenlandia. La isla, situada en el Ártico y administrada por Dinamarca, estuvo durante varios meses en el centro del debate tras los insinuantes comentarios del expresidente estadounidense sobre su posible compra o anexión.
¿Por qué Groenlandia atrae a los Estados Unidos?
Según explican los periodistas de Onda Cero, Diana Rodríguez y Agustín Alcalá, en el podcast “Latitud Cero”, la atención sobre la isla se enmarca dentro de la visión expansionista que Trump ha promovido, considerando al planeta “una gran avenida a la que añadir nuevos edificios”.
La historia de este interés se remonta a 2019, cuando Trump sostuvo una extensa conversación de tres horas con Greg Burns, propietario de una empresa de extracción de minerales. Burns le informó al presidente que Groenlandia alberga una enorme cantidad de tierras raras, esenciales para tecnologías de última generación y para la industria militar.
Expertos señalan que la isla contiene alrededor de 25 de los 34 minerales críticos identificados a nivel mundial, lo que la convierte en un punto estratégico para cualquier potencia que busque dominar el Ártico y reducir la dependencia de Rusia y China en esos recursos.
Ignacio Molina, investigador principal del Real Instituto Elcano, puntualiza que el atractivo de Groenlandia para Estados Unidos no es una novedad de la administración Trump. “Desde la Guerra Fría, la isla ha sido vista como una posición clave para vigilar el tráfico de submarinos y buques de guerra soviéticos”, afirma Molina. Durante ese periodo, Estados Unidos mantuvo más de 80 bases militares en territorio groenlandés, presencia que cesó tras el colapso del bloque soviético.
El vínculo histórico entre EE.UU., la OTAN y Dinamarca explica, en parte, el continuo interés. La proximidad geográfica de Groenlandia a América del Norte la hace estratégicamente atractiva, y la alianza con Dinamarca refuerza la idea de que cualquier cambio en la soberanía de la isla tendría repercusiones en el orden internacional.
En cuanto a la posible anexión, Molina advierte que un movimiento de este tipo “pondría en grave peligro la confianza política que sustenta la OTAN”. Aunque los acontecimientos de enero de 2026 no han roto la alianza, la “confianza mutua” que la mantiene está empezando a resquebrajarse, y la idea de que Estados Unidos siga siendo el garante definitivo de la seguridad colectiva se está debilitando.
Respecto a la viabilidad de una compra, el experto recuerda que gran parte de la expansión territorial de EE.UU. a lo largo de su historia se realizó mediante acuerdos de compra, no mediante conquistas. Por tanto, una oferta a Dinamarca no sería “impensable”. Sin embargo, el derecho internacional exige que cualquier transacción se realice con “mutuo acuerdo” y que esté libre de coacción; de lo contrario, sería nula.
En caso de que Dinamarca aceptara negociar, no sería necesario un referéndum en Groenlandia según el marco legal danés y el Estatuto de Autonomía de la isla. El pueblo groenlandés, que cuenta con menos de 60 000 habitantes, tiene reconocido su derecho a la autodeterminación tanto por la legislación danesa como por la ONU. No obstante, aunque existe un sentimiento independentista, actualmente la población no muestra un deseo concreto de separarse de Dinamarca bajo la influencia estadounidense; el apoyo a la independencia se mantiene mayormente en el plano retórico.
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