Sánchez, de la pleitesía ante Mohamed VI a la firmeza impostada frente a Trump
La guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán ha sacudido la ya convulsa región de Oriente Medio y ha puesto en jaque la economía mundial al desestabilizar los precios de la energía a nivel global. En su cuarta semana, el conflicto ha encontrado un protagonista inesperado: el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez.

La “actuación” de Sánchez no se sitúa en los frentes militares de la región, sino en el ámbito mediático. Un artículo publicado por El Independiente el 23 de marzo describía un video difundido por la agencia estatal iraní Tasnim en el que un combatiente del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) se inclina sobre un misil balístico, adhiere una pegatina con el rostro del presidente español y la frase “Gracias, presidente”, que condena una guerra “ilegal” e “inhumana”.
Puntos de fricción entre España y EE. UU.
Este gesto iraní responde, según el mismo artículo, a la decisión de Sánchez de denegar a Estados Unidos el uso de las bases de Rota y Morón para operaciones militares contra Irán. Las relaciones entre Madrid y Washington atraviesan un momento tenso, marcado por discrepancias en política exterior y por la histórica rivalidad entre los mandatarios.
- Gasto en defensa y OTAN: El expresidente estadounidense Donald Trump ha criticado reiteradamente a España por no alcanzar el objetivo del 2 % del PIB en gasto de defensa, señalándolo como insuficiente en varias cumbres de la Alianza.
- Conflicto en Gaza e Israel: España ha adoptado una postura crítica respecto a las operaciones de Israel y EE. UU., alineándose con una corriente europea que busca una política exterior más asertiva y menos subordinada a Washington.
- Guerra en Ucrania: Existen divergencias sobre el nivel de apoyo y la estrategia militar a seguir, en un contexto en el que Trump ha amenazado con reducir la ayuda estadounidense a Europa.
- Aranceles y política económica: Las amenazas de Trump de imponer aranceles a la Unión Europea y su política de “América Primero” chocan con la apuesta de Sánchez por el multilateralismo y el comercio regulado.
El 6 de enero de 2021, Trump incitó a sus seguidores a “marchar hacia el Capitolio”, desencadenando el asalto a la sede del Congreso de EE. UU. El episodio dejó cinco muertos y más de 140 agentes heridos. Desde entonces, el expresidente ha sido imputado en cuatro procesos penales que suman 91 delitos graves; el 30 de mayo de 2024 fue declarado culpable de 34 de los cargos de la primera causa. Además, investigaciones recientes lo vinculan con el escándalo de Jeffrey Epstein.
Estas circunstancias, lejos de limitar su ambición, han alimentado el autoconcepto de Trump como una figura omnipotente. En sus discursos, el exmandatario ha llegado a describirse como “un Gengis Kan americano” capaz de secuestrar presidentes, cambiar regímenes, bombardear naciones y crear una supuesta “Junta de Paz” que, según él, sustituiría a la ONU.
Ante esta visión, Sánchez ha intentado posicionarse como un “faro europeo” de resistencia frente a las políticas de la administración Trump, a pesar de que muchos analistas cuestionan su capacidad para afrontar simultáneamente a Washington y a otras potencias, como Marruecos bajo el reinado de Mohamed VI.
Desde que, en marzo de 2022, el Gobierno español adoptó una postura pro‑marroquí respecto al Sáhara Occidental, cualquier decisión sobre el territorio ha requerido la aprobación de Rabat, priorizando los intereses marroquíes sobre los españoles. La medida provocó la ruptura de relaciones con Argelia, un socio energético clave, y dejó la política exterior española bajo una fuerte influencia externa.
Pedro Sánchez lleva cuatro años inmerso en una serie de concesiones que, según sus críticos, comprometen la soberanía española frente a un monarca virtual y a intereses extranjeros. Su discurso anti‑guerra, a veces usado como gancho electoral, ha sido percibido por algunos como una estrategia de propaganda más que como una política consistente.
El “misil balístico” al que hace referencia el video iraní sigue siendo un enigma. Según la versión difundida, el misil habría sido utilizado por Marruecos para “someter” a Sánchez, aunque la naturaleza y el alcance de este supuesto arma no han sido confirmados por fuentes oficiales.
Abderrahman Buhaia es intérprete y educador saharaui.
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