Ulises en el pilón
Con el calendario fiscal todavía pendiente y la Semana Santa a la vuelta de la esquina, una familia de cinco decidió alejarse del bullicio urbano para vivir una experiencia rural en el corazón de la provincia de Soriano, en la zona conocida como la España Citerior.

El viaje, que comenzó a primera hora de la mañana, estuvo marcado por una serie de imprevistos típicos de la carretera: atascos, una bolsa de cortezas como tentempié y varios podcasts de la UNED para pasar el tiempo. Tras aproximadamente seis horas de trayecto, entre desvíos y paradas en breñas manchegas, el coche llegó a un pequeño pueblo donde se encontraba la casa rural gestionada por Angustias, una anfitriona local que recibió a la familia con la hospitalidad propia de la zona.
Una estancia rural entre tradición y desconexión
La vivienda, situada junto al pilón del pueblo y rodeada de un corral de cabras, ofrecía un entorno rústico sin conexión a internet, lo que obligó a los visitantes a desconectar de la rutina tecnológica. Los niños, acompañados de su perro Pistón, descubrieron el estilo de vida campestre: observar el sol castellano, jugar con un balón y una piedra en el pantano cercano, y participar en actividades sencillas como ayudar a recoger tomates y conocer a los vecinos.
El desayuno, preparado por Angustias, consistió en chorizo, manteca, pan candeal, leche caliente y café con anís, proporcionando la energía necesaria para iniciar la jornada de excursiones y baños en pozas de agua fría. A lo largo del día, la familia disfrutó de paseos por el campo, observó la despoblación rural y se integró en la vida del pueblo, compartiendo momentos con los residentes y participando en juegos improvisados.
Durante la estancia, se experimentó la ausencia de ruidos habituales de la ciudad: no había tráfico, sirenas ni música alta. El único sonido constante era el canto del gallo y el ocasional ladrido de los perros. Esta tranquilidad permitió a los miembros de la familia reflexionar sobre el ritmo lento de la vida rural y valorar la simplicidad del entorno.
Al finalizar la visita, la familia intercambió recuerdos y regalos con Angustias, incluyendo un queso artesanal, prendas de lana merina y yemas de Almazán. El regreso a la ciudad estuvo marcado por el tráfico de carretera, señales de hipermercados y rotondas, recordando a los viajeros la diferencia entre la vida urbana y la experiencia vivida en el páramo soriano.
El relato de esta escapada destaca la creciente tendencia de los habitantes de la zona urbana a buscar experiencias auténticas en entornos rurales, alejándose del turismo masivo y reencontrándose con tradiciones locales, pese a los retos logísticos y económicos que implica organizar una vacación de este tipo.
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