Ángel Gómez revela la verdad oculta tras TikTok y el fútbol

En un mundo hiperconectado, donde la información fluye sin pausa, creemos tener el control sobre lo que sabemos. Sin embargo, el coronel en la reserva y experto en ciberseguridad Ángel Gómez de Ágreda advierte que vivimos sumergidos en una realidad fabricada, un ecosistema sintético moldeado por algoritmos y gigantes tecnológicos. En su libro *Un mundo falaz* (Ariel), Gómez de Ágreda explora cómo la manipulación cognitiva, la desinformación y la carrera por la inteligencia artificial están transformando nuestra percepción de la verdad. Su análisis, inspirado en la distopía de Aldous Huxley, *Un mundo feliz*, revela un orden global donde la realidad se construye a medida, y donde cada uno de nosotros es tanto receptor como víctima de relatos diseñados para explotar nuestras emociones.

Índice

Un mundo construido por algoritmos

Para Gómez de Ágreda, el “mundo falaz” no es simplemente un entorno con noticias falsas aisladas, sino una realidad artificial en la que la mayoría de nuestras percepciones están mediadas por pantallas, redes sociales y dispositivos móviles. “Prácticamente todo lo que vemos nos llega desde los teléfonos”, afirma, y esa mediación condiciona nuestra experiencia del mundo. Los algoritmos, cada vez más sofisticados, generan guiones coherentes que parecen reales, pero que están diseñados para mantenernos enganchados, manipulados y alejados del pensamiento crítico.

Al igual que Huxley dividió su sociedad ficticia en castas —alfa, beta, gamma, delta y épsilon—, Gómez de Ágreda utiliza estas categorías como metáfora para describir la jerarquía actual del poder global. En su visión, los “alfa” son los líderes de las grandes corporaciones tecnológicas: quienes controlan los datos, la inteligencia artificial y, por tanto, la narrativa que todos consumimos. Son ellos los que, desde las sombras, moldean la realidad que millones de personas perciben como auténtica.

El control de la información en los conflictos

  • La guerra ya no se libra solo en los campos de batalla, sino también en el terreno de la información.
  • Antes de cualquier conflicto, se construye una narrativa que justifica su existencia.
  • Hoy, esa narrativa es hiperpersonalizada: se adapta a cada individuo usando sus datos emocionales y comportamentales.
  • Redes sociales y medios digitales amplifican estos relatos, que son luego absorbidos por la prensa tradicional.

Según el experto, este fenómeno es evidente en escenarios como el de Irán, donde el choque geopolítico no solo refleja tensiones de poder, sino también una batalla por dominar el relato. Lo nuevo no es la manipulación en sí, sino su nivel de sofisticación: ya no se trata de mensajes masivos, sino de campañas microdirigidas que explotan nuestras debilidades emocionales. Y todo ello es posible porque nuestros datos —individuales, grupales, sociales— están en manos de unas pocas empresas que los analizan y monetizan.

Puntos Clave
  • Ángel Gómez de Ágreda advierte sobre una realidad artificial construida por algoritmos y tecnológicas
  • Los algoritmos manipulan la percepción humana generando relatos emocionales que evitan el pensamiento crítico
  • La jerarquía global actual se compara con las castas de "Un mundo feliz", donde los "alfa" son los líderes tecnológicos que controlan la información
  • El control de la inteligencia artificial y los datos permite a unas pocas corporaciones moldear la narrativa global y la percepción de la verdad

El “soma” del siglo XXI

En *Un mundo feliz*, el soma era una droga que mantenía a la población sumisa y feliz. Gómez de Ágreda plantea que hoy tenemos varios “somas”: desde las redes sociales y los vídeos virales de TikTok, hasta el fútbol y el entretenimiento masivo. Estos mecanismos no solo nos distraen, sino que también limitan nuestra capacidad cognitiva. “Cuanto más masticada nos dan la realidad, menos esfuerzo hacemos por entenderla”, señala. Al delegar en la inteligencia artificial la tarea de resumirnos el mundo —como hacen los motores de búsqueda al ofrecer respuestas inmediatas—, perdemos la necesidad de explorar, analizar y cuestionar. El resultado es una erosión progresiva del espíritu crítico, base esencial de la libertad.

El equilibrio de poder entre Estados y tecnológicas

Las grandes empresas tecnológicas no buscan reemplazar a los Estados, pero sí dominarlos de forma sutil. Como en la película *RoboCop*, donde una corporación controla la seguridad y la política de una ciudad, hoy las plataformas digitales dictan normas que los gobiernos acaban aplicando. Existe un equilibrio frágil: las empresas necesitan a los Estados para legislar y garantizar el orden, y los Estados dependen de las empresas por su acceso a los datos y a las herramientas de gobernanza. Pero este equilibrio, advierte Gómez de Ágreda, podría inclinarse a favor del sector privado si no se toman medidas.

Este fenómeno también afecta a la defensa. La carrera armamentística ya no se limita al hierro y el acero, sino que se juega en el terreno de la tecnología. Drones, aviones de sexta generación y sistemas autónomos dependen de inteligencia artificial, sensores y software —tecnologías desarrolladas por grandes corporaciones. “Comprar armamento sin desarrollar la industria que lo sustenta es un gasto; invertir en tecnología propia es una inversión estratégica”, subraya. Sin autonomía industrial y tecnológica, no hay soberanía real.

Europa entre la dependencia y la oportunidad

En este nuevo orden, Europa se encuentra en desventaja frente a Estados Unidos y China. Ha externalizado gran parte de su producción, ha perdido peso industrial y ha exportado talento. Para Gómez de Ágreda, recuperar la soberanía digital y tecnológica exige una Europa con intereses comunes, no solo valores compartidos. “No podemos tener un ejército europeo si no hay intereses europeos que defender”, sentencia. Y ese interés debe incluir la protección frente a la desinformación, especialmente la que llega desde actores externos con intención de desestabilizar.

El desafío no es solo institucional, sino también individual. La sociedad civil tiene un papel clave: educar, concienciar y ejercer el pensamiento crítico. Los políticos, a menudo condicionados por intereses partidistas, no siempre son garantes de la libertad individual. La responsabilidad recae, en última instancia, en cada ciudadano: informarse con rigor, cuestionar lo que consume y no delegar en otros el control de su mente y sus datos.

Legislar sobre el uso de plataformas digitales es necesario, pero complejo. Limitar el tiempo de pantalla o el tipo de contenido entraña el riesgo de censura. Gómez de Ágreda recurre a una analogía contundente: en Estados Unidos, algunos bomberos son privados. Si no pagas, no apagan tu incendio. La lección es clara: no podemos externalizar nuestra protección. Cada comunidad —y cada persona— debe construir sus propios mecanismos de defensa. Porque cuando todo arde, no sirve de nada esperar a que alguien venga a salvarnos.

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Carlos Mendoza Vargas Periodista

Licenciado en Comunicación Social con mención en Periodismo por la Universidad Central de Venezuela. Tiene 12 años de experiencia en cobertura de política nacional y conflictos sociales, con pasantías en medios internacionales como BBC Mundo. Especializado en periodismo de investigación y análisis político.

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