Así fue la fiesta de los Oscar donde todo el mundo habló de la chapa de Jane Fonda
La noche de los Oscar no concluye con el último aplauso en el Dolby Theatre. Tras el cierre de la ceremonia, el epicentro de Hollywood se traslada a una de las fiestas más exclusivas del año: la celebración anual de Vanity Fair. En 2026, este tradicional evento ha marcado un antes y un después al cambiar de escenario. Por primera vez en sus 31 ediciones, la fiesta ha tenido lugar en el Museo de Arte del Condado de Los Ángeles (LACMA), que recientemente reabrió sus puertas tras una profunda renovación. Este nuevo escenario, elegante y cargado de simbolismo, convirtió al museo en un efímero salón de baile bajo las luces de los flashes, donde el glamour, el poder y la celebridad se mezclaron con el espíritu desenfadado y a veces provocador de la revista anfitriona.

Una alfombra roja sin reglas
En esta fiesta, el verdadero espectáculo comienza cuando los premios ya están entregados. Mientras en el Dolby el protocolo impera, en la gala de Vanity Fair reina la libertad: los trajes de ceremonia dan paso a atuendos más atrevidos, reveladores o directamente desinhibidos. Es el momento en que Hollywood se quita el disfraz del trabajo y celebra con el lenguaje de la moda, la imagen y el escándalo. Entre los primeros en hacer su aparición estuvieron Hudson Williams y Connor Storrie, protagonistas de la exitosa serie *Heated Rivalry*, que llegaron coordinados en negro y transparencias de Balenciaga y Saint Laurent, consolidando su estatus de fenómeno viral de la temporada. Williams, acompañado por su pareja, la tatuadora Katelyn Larson, protagonizó su debut en la alfombra roja con aire de conquista juvenil.
Timothée Chalamet, tras una intensa campaña promocional, cerró la noche con un segundo traje blanco, esta vez más relajado que el riguroso diseño a medida de Givenchy que lució durante la ceremonia. A su lado, Kylie Jenner, impecable en Alexander McQueen, completaba un dúo que monopolizó los focos. A pocos metros, Jane Fonda, con 88 años y décadas de historia en este tipo de eventos, reapareció con un vestido de lentejuelas y una chapa cargada de mensaje: “Block the Merger”. La actriz, conocida por su activismo, usó su presencia para oponerse a la fusión entre Warner y Paramount, una operación que afectaría incluso a CNN, cadena fundada por su exmarido.
El quién es quién de Hollywood

- Julia Fox, siempre fuera de lo convencional
- Cara Delevingne, con su estilo andrógino y desafiante
- Karlie Kloss, representando el puente entre moda y tecnología
- Jessica Alba, elegante y discreta
- Sarah Paulson, musa constante de las noches de premios
- Wagner Moura, embajador internacional del cine latino
Además de las estrellas del cine y la moda, la lista de invitados incluyó a algunos de los nombres más influyentes del mundo tecnológico. Jeff Bezos, acompañado por Lauren Sánchez, llegó directamente desde la ceremonia, recordando que, en esta noche, el entretenimiento, el arte y el poder económico convergen sin intermediarios.
El cambio de sede a LACMA no fue solo estético: simbolizó una reinvención. El museo, normalmente espacio de contemplación, se transformó por unas horas en escenario de fiesta, reflejando la naturaleza cambiante de Hollywood. Aquí, el premio ya no es el centro. Lo que importa es la imagen que queda, el momento capturado, la instantánea que circulará en redes al día siguiente. La alfombra roja, liberada de solemnidades, se convirtió en pasarela improvisada, donde cada paso cuenta una historia propia. En esta noche dorada, mientras los focos no se apagan, todos siguen trabajando: celebrando, sí, pero también construyendo mitos.
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