Las 4 rutas secretas que salvarán al petróleo de Oriente Medio
El cierre del estrecho de Ormuz, arteria vital para el transporte global de crudo, ha desencadenado una reconfiguración sin precedentes en las rutas del petróleo procedente del Golfo Pérsico. Con cerca de 20 millones de barriles diarios que antes fluían por este paso marítimo ahora prácticamente paralizados, los países productores de Oriente Medio han activado oleoductos secundarios como alternativa crítica para mantener el suministro. Estas vías terrestres, muchas de ellas construidas décadas atrás como respuestas a conflictos pasados, hoy operan al límite de su capacidad para evitar un colapso en los mercados energéticos.
Los oleoductos que sostienen el suministro global
La principal alternativa se encuentra en Arabia Saudí, con el llamado Petroline, un sistema de oleoductos de 1.200 kilómetros que atraviesa el inhóspito desierto de Arabia desde los campos de Abqaiq hasta el puerto de Yanbu, en el mar Rojo. Inaugurado en 1981 como medida de contingencia durante la guerra entre Irán e Irak, hoy transporta alrededor del 60% de la producción saudí, operando al 95% de su capacidad máxima: 7 millones de barriles diarios. Operado por Saudi Aramco, el sistema fue ampliado con la conversión de antiguos gasoductos a oleoductos, lo que permitió aumentar su capacidad original de 5 millones de barriles.
No obstante, esta solución tiene sus limitaciones. El puerto de Yanbu carece de suficientes terminales para cargar buques petroleros a gran escala, lo que genera cuellos de botella. Las autoridades saudíes han advertido que, si el bloqueo de Ormuz se prolonga, podrían verse obligadas a realizar paradas técnicas en sus instalaciones, afectando así la continuidad del flujo.
Otras rutas estratégicas en pleno funcionamiento
- Emiratos Árabes Unidos: El oleoducto de crudo de Abu Dabi (COP), de 399 kilómetros, conecta el campo de Habshan con el puerto de Fujairah, en el Golfo de Omán. Con una capacidad máxima de 1,5 millones de barriles diarios, esta ruta ha sido clave desde su puesta en marcha en 2012, tras una amenaza similar de Irán de cerrar Ormuz.
- Irak: El oleoducto que une Kirkuk con el puerto turco de Ceyhan, en el mar Mediterráneo, recorre 970 kilómetros y atraviesa zonas desérticas de Mesopotamia. Aunque fue diseñado para transportar 1,6 millones de barriles diarios, años de conflictos y falta de mantenimiento han reducido su capacidad real a entre 900.000 y 1 millón de barriles.
- Omán: La ruta más moderna es la que llega al puerto y refinería de Duqm, en el mar Arábigo. Inaugurada en 2023, esta infraestructura de casi 500 kilómetros tiene una capacidad de 800.000 barriles diarios y no solo permite a Omán proteger su producción, sino también ofrecer servicios de almacenamiento a otros países de la región.
En conjunto, estas rutas alternativas podrían movilizar hasta 9,4 millones de barriles diarios en su máxima capacidad, una cifra que, aunque insuficiente para compensar completamente el bloqueo de Ormuz, ha evitado una crisis energética de mayores proporciones. A esta red física se suma una respuesta coordinada a nivel internacional: la Agencia Internacional de Energía (AIE) anunció el 11 de este mes la liberación de hasta 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas entre sus 32 países miembros, lo que incluye 800.000 barriles diarios inicialmente. Estados Unidos, por su parte, acordó incrementar su producción en un millón adicional de barriles por día.
El cuello de botella del almacenamiento
Uno de los mayores desafíos actuales es el almacenamiento. La imposibilidad de exportar el crudo al ritmo habitual ha saturado las instalaciones de almacenamiento en varios países de la región. Aunque las rutas terrestres están aliviando la presión, su capacidad limitada y las restricciones logísticas en los puertos finales dificultan una solución definitiva. La AIE ha indicado que está preparada para ampliar aún más el desbloqueo de reservas si la situación se prolonga, mientras que España, por ejemplo, se ha comprometido a liberar el equivalente a 12 días de consumo nacional.
Este escenario pone de relieve la fragilidad de las rutas energéticas globales y la importancia de las infraestructuras de respaldo. Mientras el mundo observa con atención la evolución del conflicto en el Golfo, estos oleoductos escondidos bajo las dunas del desierto se han convertido en arterias esenciales para mantener estable el suministro de energía mundial.
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