Ángel Escribano vs Pedro Sánchez el error que nadie vio venir

Hace algo más de un año, Ángel Escribano fue convocado a Moncloa por Manuel de la Rocha, jefe de la Oficina Económica de la Presidencia del Gobierno. En aquella reunión, De la Rocha le reveló un plan de calado político: el Ejecutivo había decidido apartar a José María Álvarez-Pallete de la presidencia de Telefónica y tenía en mente a Marc Murtra, entonces presidente de Indra, como su sucesor. Pero también le anticipó un cambio aún más relevante: Murtra dejaría Indra, y el Gobierno buscaba un nuevo perfil para liderar la compañía. Escribano, accionista clave de Indra a través de su empresa EM&M, supo ver en ese momento una oportunidad única. Sin dudarlo, se ofreció como el candidato ideal para convertirse en la cabeza visible de lo que el Gobierno aspiraba a construir: un “campeón nacional” en el sector de defensa.

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El ascenso de los Escribano y el sueño del campeón nacional

Ángel y su hermano Javier Escribano son los fundadores de EM&M, una empresa que nació como un taller en el Corredor del Henares y que, con el tiempo, se ha consolidado como proveedor estratégico de grandes compañías del sector de defensa. Fue tras la invasión rusa de Ucrania cuando Ángel Escribano intuyó que Europa reactivaría su industria militar, un escenario que se confirmó con el impulso dado por Estados Unidos a través de la OTAN. Con ese panorama, apostó fuerte: invirtió —incluso endeudándose— en Indra antes de que la compañía comenzara su escalada bursátil impulsada por la previsión de nuevos contratos públicos.

El apoyo del Gobierno no llegó de forma espontánea. Ya en 2016, bajo el mandato de Mariano Rajoy, figuras como Rodríguez Zapatero y José Bono movieron influencias para facilitar a EM&M un contrato con Venezuela para el suministro de cámaras de visión nocturna. Durante la pandemia, Moncloa volvió a recurrir a Escribano como proveedor de respiradores, fabricados con tecnología de Hersill. Con el tiempo, Javier Escribano fortaleció su relación con Manuel de la Rocha, lo que abrió la puerta a un alineamiento cada vez más estrecho entre los hermanos y el Ejecutivo de Pedro Sánchez.

El 19 de enero de 2025, Ángel Escribano fue nombrado presidente ejecutivo de Indra, un cargo que consumaba un ascenso cuidadosamente tejido entre contactos políticos, intereses estratégicos y una visión de negocio anticipada. Los Escribano, a través de Vanced Engineering and Manufacturing, controlan el 14,3% de Indra, solo superados por la SEPI, que posee el 28%. Para que el nombramiento se hiciera realidad, fue clave la autorización de María Jesús Montero, ministra de Hacienda, quien no opuso resistencia.

Una fusión polémica y un escenario de tensión

  • Marc Murtra, antes de su nombramiento en Telefónica —también impulsado desde Moncloa—, había dejado sobre la mesa la posibilidad de fusionar Indra con EM&M, una operación que beneficiaría directamente a los Escribano.
  • Según estimaciones recientes, EM&M podría valorarse en torno a 1.500 millones de euros, lo que supondría multiplicar por quince su valor en solo cinco años.
  • La fusión, sin embargo, genera críticas en el sector. Indra y EM&M ya son socios en Tess Defense, empresa conjunta con Santa Bárbara y Sapa que fabrica el blindado 8x8 Dragón. Varios empresarios se preguntan por qué no se potencia esta alianza existente en lugar de beneficiar directamente a los Escribano.

El conflicto de intereses es evidente: los principales accionistas del comprador serían también los dueños de la empresa absorbida. Pese a ello, el proceso avanzó con el asesoramiento del prestigioso despacho Garrigues, y con mecanismos de salvaguarda como la salida de los hermanos Escribano durante las deliberaciones del consejo sobre la fusión.

El impulso del Gobierno al gasto militar —hasta alcanzar el 2% del PIB en junio de 2025— inyectó casi 15.000 millones de euros en programas de modernización. Indra fue uno de los principales beneficiarios, obteniendo contratos por valor de 7.200 millones para el desarrollo de obuses autopropulsados. Pero esta ventaja generó tensiones: Ángel Escribano, confiado por su posición, intentó adquirir Santa Bárbara, filial de General Dynamics, alegando su falta de inversión en España. La maniobra provocó una dura reacción del gigante norteamericano, que envió a su vicepresidente Danny Deep a reunirse con Sánchez. El Gobierno frenó entonces las ambiciones de Escribano.

La batalla judicial y el desgaste político

El enfrentamiento escaló cuando Santa Bárbara, asistida por Iván Redondo —exjefe de Gabinete de Sánchez—, recurrió ante el Tribunal Supremo la concesión de un crédito público de 3.000 millones destinado a Indra y EM&M para nuevos programas de artillería autopropulsada. La compañía denunció que no había sido convocada a la licitación, lo que supondría una discriminación ilegal.

El Supremo, en un auto del 28 de enero, advirtió que el resultado del recurso podría afectar a todas las empresas del sector que se consideren perjudicadas, poniendo en jaque un total de 14.000 millones en créditos. Esta situación no solo paraliza proyectos clave, sino que compromete los plazos de cumplimiento de España con la OTAN.

En este contexto, Moncloa ha comenzado a distanciarse de los Escribano. El pasado 3 de febrero, Ángel Escribano volvió a reunirse con Manuel de la Rocha, pero esta vez con un mensaje muy distinto: el Gobierno ya no apoya la fusión total entre Indra y EM&M. En su lugar, propone que Indra compre únicamente el 51% de EM&M, lo que permitiría a la SEPI mantener el control de la compañía, aunque supusiera pagar a los Escribano cerca de 800 millones de euros.

La filtración de esta reunión generó un fuerte impacto en los mercados. En 48 horas, el valor de Indra cayó un 15%, aunque se recuperó parcialmente tras la aclaración de Escribano de que no había sido cesado ni había presentado su dimisión. Aun así, la compañía cerró la semana con una pérdida del 10% en capitalización.

Ángel Escribano, consciente de que el poder puede cambiar de manos, ya ha comenzado a tejer contactos con el PP. Ha dejado claro ante Núñez Feijóo que se considera “apolítico” y que no está ligado al PSOE, llegando incluso a afirmar que ha votado al partido conservador en el pasado. Esta maniobra se confirmó con el cese de Carmen Pérez, exresponsable de comunicación con pasado en Moncloa, y su sustitución por Rafael Moreno, profesional procedente de Santa Bárbara.

El futuro inmediato es incierto. Escribano insiste en que si la fusión no se concreta, abandonará la presidencia de Indra, lo que podría desencadenar una crisis en la compañía. Mientras, el sector aguarda con preocupación el fallo del Supremo, que podría redefinir el mapa de la industria de defensa en España. Lo que ha quedado claro tras este año de maniobras es que la gestión económica desde Moncloa ha estado marcada más por el favoritismo que por la estrategia, que los intereses privados han eclipsado a los institucionales, y que un empresario avezado puede convertirse en actor central del poder, aunque al precio de jugar con fuego.

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