Bajemos al archivo Lo que ocultaron del desmantelamiento nuclear
El proceso de cierre y desmantelamiento de centrales nucleares en España ha marcado un antes y un después en la política energética del país, reflejando un cambio progresivo hacia fuentes de energía más sostenibles. Marta García Bruno, en su sección dentro del programa 'La Brújula', analiza cómo estas decisiones han sido impulsadas tanto por cuestiones técnicas y de seguridad como por la presión social y los compromisos internacionales en materia climática.
Un cierre progresivo con impacto regional
En los últimos años, varias centrales nucleares han finalizado su actividad, como Garoña en Burgos, que cerró definitivamente en 2017 tras años de debate sobre su renovación. Le siguió la central de Santa María de Garoña, cuyo proceso de desmantelamiento ya está en marcha. Asimismo, la central de Vandellòs I, clausurada desde 1990, sigue siendo un referente en cuanto a gestión de desmantelamiento a largo plazo, con un proceso que se prolongará hasta 2048.
Estos cierres no solo afectan al sistema eléctrico nacional, sino que también tienen un profundo impacto en las comunidades locales. Muchas de estas plantas han sido pilares económicos en regiones con escasas alternativas laborales, lo que obliga a replantear estrategias de reconversión industrial y generación de empleo.
Desafíos del desmantelamiento
- La desactivación de una central nuclear puede llevar décadas y requiere inversiones millonarias.
- La gestión segura de los residuos radiactivos es uno de los mayores retos técnicos y sociales.
- El desmantelamiento debe seguir estrictos protocolos de seguridad para proteger a los trabajadores y al medio ambiente.
- Se necesitan planes de cierre a largo plazo supervisados por el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN).
Actualmente, el plan nacional de cierre contempla la desactivación progresiva del resto de centrales en funcionamiento, con fechas previstas que se extienden hasta 2035. Este proceso forma parte de la hoja de ruta hacia la descarbonización del sistema energético español, en línea con los objetivos marcados por la Unión Europea.
Aunque el desmantelamiento nuclear representa un hito en la transición energética, también plantea preguntas sobre el futuro del suministro eléctrico, especialmente en momentos de alta demanda o dependencia de energías intermitentes como la solar y la eólica. La planificación energética deberá equilibrar sostenibilidad, seguridad y estabilidad del sistema en los próximos años.
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