El Reina Sofía destapa la verdad oculta tras su arte político

El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía ha presentado este lunes la primera etapa de una profunda reestructuración de su colección permanente, una iniciativa que marca un antes y un después en su trayectoria expositiva. Cinco años después de la última gran reorganización liderada por Manuel Borja-Villel, el nuevo director del museo, Manuel Sege, ha inaugurado en la cuarta planta del edificio Sabatini un ambicioso recorrido que abarca más de 3.000 metros cuadrados y revisa la historia del arte contemporáneo desde 1975 hasta la actualidad. Este proyecto, que comenzó en 2023 y se prolongará hasta 2028, involucra a todos los departamentos del museo y culminará con la reconfiguración definitiva de las tres plantas superiores del edificio Sabatini como sede estable de la colección.

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Un nuevo relato del arte contemporáneo

La exposición, titulada *Arte contemporáneo: 1975-presente*, reúne 403 obras de 224 artistas y constituye la primera de tres fases que transformarán por completo la forma en que el Reina Sofía presenta su patrimonio. El punto de partida simbólico es 1975, año de la muerte de Franco, con la obra *Documento nº…* de Juan Genovés, que muestra a un hombre encapuchado y vendado, en una escena que evoca los últimos momentos del régimen franquista. Junto a ella, se exhibe la portada de *Hermano Lobo* firmada por Chumy Chúmez tras la muerte del dictador, donde un personaje ciego anuncia: “¡El futuro!”. Para el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, presente en la presentación junto a Sege y Ángeles González-Sinde, presidenta del Real Patronato, esta elección no es casual: “1975 fue un año frontera, marcado por la conquista de la democracia y por el nacimiento de un arte contemporáneo profundamente comprometido con su contexto. Es también un año lleno de interrogantes sobre el futuro del país”, afirmó. Urtasun calificó la reordenación como “un acontecimiento cultural de primera magnitud” que amplía la mirada del museo hacia voces más diversas, especialmente femeninas, y que merece “todo el apoyo institucional”.

El primer bloque, dedicado a las “Estructuras afectivas de la Transición”, reúne piezas que exploran el duelo, la represión y el deseo como fuerzas transformadoras. Allí conviven la tensión contenida en *Tela quemada 4* (1973) de Joan Miró, los textos censurados de *Seguimiento de una noticia* (1977) de Concha Jerez y los grabados de la *Suite Vollard* de Picasso, dañados durante el atentado a los Guerrilleros de Cristo Rey en 1971. Estos ejemplares dañados se muestran junto a otros intactos, en lo que el museo define como un “ejercicio ético de reparación histórica”.

Una narrativa abierta y crítica

  • La nueva ordenación rechaza la cronología lineal y se estructura en 21 capítulos distribuidos en tres itinerarios temáticos.
  • El enfoque busca “contar lo mismo de manera diferente”, evitando un relato único y cerrado, según explicó Sege.
  • El director insistió en que esta no es una lectura personal: “No se trata de lo que yo piense, sino de lo que las obras valen. Un museo nacional no debe tener una tendencia política determinada, aunque el arte contemporáneo sea, por definición, político”.

El primer itinerario explora los afectos como fuerzas políticas: el duelo por la crisis del sida, las comunidades LGBTQ+, los feminismos y los atentados del 11-S y el 11-M. Destaca la instalación *Asunción Gloriosa* (1981-82) de Ocaña, adquirida en 2024, junto a los paneles pintados por Ceesepe para el mítico bar La Vaquería, aún con impactos de bala visibles, cómics de Nazario y joyas de Chus Burés creadas para películas de Pedro Almodóvar. Sege evocó el lema feminista de los años 70: “lo personal es político”, y destacó obras de Esther Ferrer, Juan Luis Javier Marí (JULUJAMA) o Nan Goldin como momentos de “afirmación y felicidad, no de drama”.

En la sección dedicada al sida, la instalación *Sin título (Tres jaulas)* (1992) de Pepe Espaliú dialoga con sus últimos dibujos, realizados tras conocer su seropositividad. También se incluyen piezas de Pepe Miralles, Cabello/Carceller y los retratos que Miquel Barceló hizo en 1990 a Hervé Guibert, quien escribió sobre uno de ellos: “Ahora Yannis me pintaba muriendo, una calavera bajo un sombrero rojo con ojos azules incandescentes […] y él decía: ‘Te he arrebatado tu alma’”.

Escultura, institución y diversidad

El segundo recorrido se centra en la escultura y en los nuevos materialismos, con obras que “conviven físicamente” con el espectador. Desde las estructuras metálicas de Juan Navarro Baldeweg, Susana Solano y Cristina Iglesias, hasta piezas más recientes como *Tunelora* (2022) de Teresa Solar, mostrada por primera vez en el museo, o *Éxtasis, estatus, estatua* (1994) de Juan Luis Moraza, compuesta por 2.496 tacones de resina que conjugan el fetiche con la noción de pedestal.

El tercer itinerario incorpora por primera vez una genealogía institucional del propio museo, que parte del antiguo MEAC, recorre la creación del Centro de Arte Reina Sofía en 1986, su conversión en Museo Nacional en 1988 y la presentación de la colección permanente en 1992 con el *Guernica* como eje central. Se exhiben el boceto del logotipo diseñado por Eduardo Chillida, documentación sobre la irrupción de ARCO impulsada por Juana de Aizpuru, y acciones críticas como la encuesta de Isidoro Valcárcel Medina en la inauguración del MEAC o la performance de Paz Muro en ARCO 82.

Uno de los grandes avances de esta reordenación es la visibilidad de las artistas mujeres. De los 224 artistas incluidos, 69 son mujeres (alrededor del 31%), la proporción más alta en la historia del museo, cuyas colecciones tradicionalmente han tenido menos del 15% de autoras. Además, el 64% de las obras expuestas no se habían mostrado antes al público, y 70 han sido adquiridas en los últimos años, más de la mitad de ellas de artistas mujeres. En cuanto al origen geográfico, el 77% de los artistas son españoles y el 23% internacionales, con especial relevancia de creadores latinoamericanos, que representan el 31% del total no español. Esta apertura se refleja en capítulos como “Lo afro está en el centro”, con obras de Rubén H. Bermúdez, Agnes Essonti y Julie Mehretu, y en la sección final sobre prácticas de género, con piezas como *On Rape* (2019) de Laia Abril o *Mujeres* (1993/2024) de Pilar Albarracín. El museo reconoce que la igualdad en sus fondos “todavía está en construcción”.

La museografía, diseñada por Xabier Salaberria y Patxi Eguiluz, rompe con el modelo del “cubo blanco” tradicional: las obras se colocan en el centro de las salas, se modifican los recorridos y se multiplican los puntos de vista. La subdirectora artística, Amanda de la Garza, destacó un enfoque “más didáctico”, pensado para acercar el arte contemporáneo a públicos diversos. También se han incorporado medidas de sostenibilidad, como cartelas impresas en papel en lugar de vinilo y una iluminación exclusivamente LED.

Sege adelantó que esta disposición se mantendrá al menos tres años, aunque se irán incorporando progresivamente otras piezas de los fondos. “Cuando se quiere una obra, tiene que ser fundamental para el artista. Dentro de cuarenta años, tiene que seguir siendo importante. Hay que pensar las piezas como autónomas”, concluyó. La reorganización continuará en 2027 con la revisión del periodo 1950-1970 y se completará en 2028 con la planta dedicada a las vanguardias. El Reina Sofía apuesta por reescribir su colección desde el presente, con la firme convicción de que ese relato nunca debe quedar cerrado.

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