Europa se niega a seguir a Trump en su guerra
La escalada militar en el estrecho de Ormuz tras la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán ha generado una profunda división entre Washington y sus aliados europeos. A pesar de las presiones del expresidente Donald Trump para que la OTAN y otros socios se sumen a la operación destinada a desbloquear el paso estratégico, las principales potencias europeas han rechazado participar en lo que consideran un conflicto que no les corresponde. “No es nuestra guerra”, afirmó de forma contundente Boris Pistorius, ministro alemán de Defensa, una postura que fue reiterada horas después por la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas.

Europa se mantiene al margen
El mensaje europeo es claro: no respaldarán una guerra iniciada unilateralmente por Estados Unidos e Israel sin una justificación clara ni una estrategia diplomática definida. El primer ministro británico, Keir Starmer, subrayó que aunque el Reino Unido tomará medidas para proteger a sus aliados, no se dejará arrastrar a un conflicto más amplio. “Quiero que esta guerra termine lo antes posible, porque cuanto más se prolongue, más peligrosa se vuelve la situación y peor es para el costo de vida aquí en nuestro país”, declaró desde Downing Street. Starmer también destacó que la decisión de no unirse a la ofensiva inicial fue un acto de principios, alineado con el interés nacional británico.
Desde Berlín, el portavoz del canciller Friedrich Merz, Stefan Kornelius, fue tajante: “Esta guerra no tiene nada que ver con la OTAN. No es una guerra de la OTAN… La OTAN es una alianza defensiva, una alianza para la defensa de su territorio”. Recordó además que ni Estados Unidos ni Israel consultaron a sus aliados europeos antes de actuar, y que incluso se declaró al inicio que la ayuda europea no era necesaria. Esta postura refleja un creciente rechazo continental a involucrarse en una crisis cuyos objetivos políticos siguen siendo opacos.
Las presiones de Trump y sus contradicciones

- Donald Trump ha insistido en que Estados Unidos garantiza el libre tránsito por Ormuz y que ahora los aliados deben corresponderle.
- Sin embargo, omite que el bloqueo actual es una represalia de Irán por la ofensiva militar lanzada por EE.UU. e Israel el 28 de febrero.
- Trump ha criticado duramente a líderes como Starmer y Merz, comparándolos despectivamente con figuras históricas, mientras se jacta de tomar decisiones en solitario.
- Tras semanas de retórica beligerante, ha comenzado a atribuir la responsabilidad de la guerra a asesores como Steve Witkoff, Pete Hegseth y su yerno Jared Kushner, todos con intereses en la región.
En sus apariciones públicas, Trump ha insistido en que el paso por Ormuz era posible antes gracias a Estados Unidos, ignorando que la actual imposibilidad de navegación es consecuencia directa de la intervención militar occidental. Además, ha admitido que no esperaban que Irán reaccionara de forma tan contundente contra sus vecinos del Golfo, lo que revela una planificación deficiente del conflicto.
La misión europea Aspides no se ampliará
En la reunión de ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea, se discutió la posibilidad de extender la misión naval EUNavfor Aspides, creada en 2024 para proteger el tráfico marítimo en el mar Rojo frente a los ataques hutíes. Sin embargo, se descartó su ampliación al Golfo Pérsico. Kaja Kallas explicó que, aunque el estrecho de Ormuz es clave, el mar Rojo sigue siendo prioritario debido al riesgo continuo de ataques. España, entre otros países, se opuso a transformar la misión en una operación ofensiva o de mayor alcance.
La operación Aspides tiene un mandato exclusivamente defensivo: proteger buques comerciales de ataques aéreos o navales, sin autorización para acciones en tierra. Los líderes europeos prefieren profundizar en la vía diplomática, buscando un acuerdo similar al alcanzado entre Rusia y Ucrania en el mar Negro, en lugar de militarizar aún más la región. Como señaló el ministro polaco de Exteriores, Radosław Sikorski, “tenemos una guerra en nuestra frontera” y no pueden desatender amenazas más cercanas, como la agresión rusa.
El rechazo continental a la guerra en Irán evidencia un cambio en la dinámica de las alianzas occidentales. Mientras Trump insiste en una postura de fuerza y sumisión aliada, Europa defiende su autonomía estratégica y se niega a convertirse en cómplice de un conflicto que considera ajeno a sus intereses fundamentales.
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