Ferraz en la luna tras el desplome del 8F
Las elecciones del 8 de febrero en Aragón han dejado un escenario complejo para el PSOE, que, pese a mantener la misma cifra de escaños que el partido logró en 2015, ha registrado una clara pérdida de apoyo electoral. Pilar Alegría, candidata socialista, obtuvo 18 diputados, los mismos que Javier Lambán hace una década, pero con cinco representantes menos que en los comicios anteriores, un descenso de 5,26 puntos porcentuales y la pérdida de 38.553 votos. Aunque su resultado supera ligeramente al de Lambán en porcentaje (24,29% frente a 21,43%), la tendencia es preocupante para la formación, que no logra revertir una dinámica electoral negativa que ya se había manifestado en Extremadura meses antes.

Autocrítica frente a la inercia del liderazgo central
En el seno del partido, la caída en Aragón ha generado un llamado urgente a la reflexión. Mientras desde la dirección federal, encabezada por Pedro Sánchez y representada en público por la portavoz Montse Mínguez, se insiste en que el verdadero fracaso corresponde al PP —al que se acusa de beneficiar a Vox con su estrategia electoral—, en varias federaciones autonómicas la lectura es distinta. Dirigentes regionales consideran insuficiente este análisis y reclaman una autocrítica profunda. Carlos Martínez, líder del PSOE en Castilla y León y próximo candidato a las elecciones del 15 de marzo, fue uno de los primeros en exigir interpretar por qué los ciudadanos se inclinan cada vez más por opciones populistas que ofrecen soluciones simples a problemas complejos.
En Castilla y León, como en Andalucía, donde las elecciones se avecinan en los próximos meses, existe una creciente preocupación por el desgaste del partido. Aunque la participación en Aragón fue similar a la de 2023 (67,57%), el voto socialista retrocedió significativamente. En ese contexto, Martínez advierte contra la tentación de extrapolar los resultados, pero subraya la necesidad de que el PSOE recupere su capacidad de ofrecer soluciones concretas, especialmente en el medio rural, donde la falta de infraestructuras y el sentimiento de abandono alimentan el descontento.
Fragmentación del voto y el auge de Vox
- El PP aragonés, lejos de capitalizar su ventaja nacional, perdió dos escaños y quedó más dependiente de Vox, que duplicó su representación en las Cortes.
- Esta dinámica ha llevado a voces internas del PSOE a señalar que Alberto Núñez Feijóo, lejos de frenar a la extrema derecha, actúa como su mejor jefe de campaña al permitirle ocupar el espacio político de la derecha.
- En Ferraz, sin embargo, se insiste en que el fracaso es del PP, que adelantó las elecciones sin necesidad y terminó por entregar representación a la extrema derecha.
Pilar Alegría, tras los resultados, evitó cualquier gesto de dimisión y defendió la calidad de su campaña, a la que calificó de “muy buena” y “centrada en la comunidad”. Aunque reconoció que es “prematuro” identificar las causas del descenso, prometió un análisis más certero de cara a las elecciones municipales de 2027. No obstante, en el partido muchos consideran que esta actitud no basta. La petición de autocrítica no viene solo de Castilla y León: desde Castilla-La Mancha, Extremadura y Asturias también se ha pedido una revisión profunda de estrategia.
La tensión entre Moncloa y las federaciones
En el PSOE-A, donde María Jesús Montero lidera la oposición a Juanma Moreno, la inquietud es creciente. Aunque desde la dirección regional se defiende su doble rol como vicepresidenta del Gobierno y candidata autonómica, hay voces que consideran que no puede conciliar ambos cargos con eficacia. “Si Pilar Alegría no tuvo tiempo para consolidarse en 54 días, ¿cómo va a tenerlo Montero en una comunidad más grande y compleja?”, cuestiona un cargo institucional andaluz. Además, se advierte que el discurso del miedo a Vox, efectivo en las generales de 2023, ya no moviliza al electorado socialista: “El lobo ya está aquí y convive con las gallinas”, señala un estrecho colaborador de Montero.
En el conjunto del partido, la sensación es de desconexión entre la cúpula federal y las realidades territoriales. Varios dirigentes regionales acusan a Ferraz de vivir en una “burbuja” o en un “búnker”, ajeno al desgaste cotidiano del partido en las comunidades. “De poco sirve gobernar en Madrid si las CCAA están en manos del PP y Vox”, lamenta un responsable de Castilla y León. Algunos incluso utilizan metáforas más duras: “Pedro es Nerón, que arda todo menos mi palacio”.
A pesar de todo, en Aragón no se plantea una crisis interna inmediata. Los sectores vinculados a Lambán no han exigido la salida de Alegría, considerando que no es momento de buscar culpables. “Tenemos que hacer una reflexión interna, en forma y fondo. La gente quiere votarnos, pero algo no le convence”, admite una dirigente del sector crítico. En ese sentido, se valora que Alegría haya integrado a distintas sensibilidades en su equipo, lo que ha ayudado a mantener la unidad interna.
El reto ahora es inmediato: en apenas un mes, el PSOE afrontará nuevas elecciones en Castilla y León, y en primavera en Andalucía. Las campañas se solapan, y como advierte un veterano dirigente aragonés, “no hay tiempo de reacción”. Esa, según muchos, es la trampa que Alberto Núñez Feijóo ha tendido al partido: forzar comicios autonómicos en cadena, sin margen para recuperar terreno. Para el PSOE, la urgencia ya no es solo ganar elecciones, sino entender por qué pierde terreno, incluso cuando sus rivales directos también fracasan.
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