Fuimos los de la cruz para civilizar… pero ¿a qué costo?
El historiador Javier Traité ha intervenido en un intenso debate sobre la conquista de América, reavivado recientemente tras las declaraciones del rey Felipe VI en un acto institucional. En diálogo con Carlos Alsina y Begoña Gómez, Traité abordó con rigor la complejidad del proceso colonizador, defendiendo una lectura matizada que evite tanto el juicio anacrónico como la justificación ideologizada de los hechos históricos.

Entre reconocimiento y justificación: el equilibrio necesario
Traité valoró positivamente la postura del monarca español, quien reconoció los abusos y violencias cometidos durante la expansión ibérica en América, sin caer en lo que el historiador define como "presentismo", es decir, juzgar el pasado con los valores morales del presente. Sin embargo, el especialista advirtió sobre los peligros de los discursos que aún defienden la conquista como un "acto civilizador", una narrativa que, según señaló, ignora la brutalidad sistemática ejercida sobre las poblaciones originarias y subestima la riqueza y complejidad de las sociedades prehispánicas.
"Decir que vinimos con la cruz para civilizar es una simplificación que forma parte de una retórica nacionalista ya superada", afirmó Traité. "No se trata de negar ciertos aportes culturales o religiosos, sino de reconocer que el motor principal de la conquista fue la explotación económica y la apropiación de territorios, como ocurrió en todos los imperios de la historia."
Desmontando mitos recurrentes
- Uno de los argumentos más comunes, según Traité, es comparar la colonización española con otros imperios, como el británico o el otomano, con el fin de relativizar sus crímenes. "Esto lleva a una especie de competencia perversa: quién fue menos malo. Pero toda conquista implica dominación, despojo y destrucción cultural", explicó.
- Otro mito frecuente es el de la supuesta superioridad cultural europea. "Las civilizaciones amerindias tenían sistemas políticos, astronómicos, agrícolas y artísticos altamente desarrollados. La idea de que estaban 'atrasadas' o 'necesitaban ser salvadas' es una excusa para justificar la dominación", subrayó.
- Asimismo, criticó la apropiación identitaria de hechos históricos por parte de movimientos nacionalistas actuales, ya sea desde posiciones ultranacionalistas o desde lecturas revisionistas que buscan equiparar siglos de historia a discursos políticos contemporáneos.
Para Traité, el debate actual sobre la conquista no debe centrarse en juzgar quién fue "mejor" o "peor", sino en comprender el contexto histórico con rigor, sin ocultar los crímenes del pasado ni instrumentalizarlos con fines ideológicos. "La historia no sirve para construir orgullos vacíos ni para alimentar rencores, sino para entender cómo llegamos hasta aquí", concluyó.
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