Keir Starmer al borde del abismo por el escándalo Epstein

El escándalo en torno a Jeffrey Epstein ha vuelto a sacudir los cimientos del poder británico, generando una crisis política creciente que amenaza la estabilidad del gobierno de Keir Starmer. En menos de 24 horas, dos altos funcionarios del primer ministro han presentado su renuncia, en medio de una intensa presión por los vínculos entre figuras del Partido Laborista y el fallecido financiero acusado de tráfico sexual.

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Dimisiones en cadena y presión creciente

La crisis se profundizó con la renuncia de Morgan McSweeney, jefe de gabinete y principal asesor de Starmer, quien asumió la responsabilidad por el nombramiento de Peter Mandelson como embajador en Estados Unidos en febrero de 2025. Mandelson, ex ministro y ex comisario europeo, mantuvo contactos financieros cuestionables con Epstein, cuya muerte en prisión en agosto de 2019 no impidió que sus conexiones siguieran generando polémica. La designación de Mandelson, conocida la relación con Epstein, ha sido calificada como un "error grave" que ha dañado la credibilidad del gobierno.

McSweeney, figura clave en la victoria electoral laborista de julio de 2024, reconoció que su decisión "ha dañado al partido, al país y a la confianza en la política". Su salida fue seguida por la de Tim Allan, director de Comunicación del primer ministro, quien también dejó su cargo para permitir una reestructuración del equipo de Downing Street.

Voces críticas dentro del partido

  • El líder laborista en Escocia, Anas Sarwar, exigió públicamente la renuncia de Starmer, argumentando que "hay que acabar con las distracciones y cambiar el liderazgo en Downing Street".
  • Sarwar advirtió que los errores del gobierno están poniendo en riesgo las posibilidades del Partido Laborista en las próximas elecciones en Escocia, programadas para mayo.
  • La líder conservadora, Kemi Badenoch, calificó la posición de Starmer como "insostenible", mientras un sondeo de Opinium revela que el 55% de los británicos considera que el primer ministro debería dimitir.

A pesar de la creciente presión, Starmer cuenta con el respaldo explícito de varios miembros clave de su gabinete. El viceprimer ministro David Lammy defendió al líder laborista, afirmando que el país necesita mantener el rumbo marcado por el mandato electoral de 18 meses atrás. También han expresado su apoyo Rachel Reeves (Finanzas), Yvette Cooper (Exteriores) y John Healey (Defensa).

El rey Carlos III y el príncipe Andrés

Paralelamente, la monarquía británica también se encuentra bajo escrutinio. El rey Carlos III ha ofrecido su cooperación a la policía en la investigación sobre los vínculos de su hermano, el príncipe Andrés, con Epstein. Andrés, ya despojado de sus títulos militares y reales, enfrenta acusaciones de haber sido puesto en contacto con jóvenes, algunas menores de edad, a través del financiero. La Casa Real busca distanciarse del escándalo, pero la reaparición de estos vínculos afecta la imagen institucional.

La Policía británica investiga actualmente si Mandelson cometió delito al filtrar información confidencial del gobierno de Gordon Brown a Epstein en 2009, lo que añade una nueva dimensión legal al caso.

Falta de un sucesor claro

  • Angela Rayner, ex viceprimera ministra, tiene aspiraciones de liderazgo, pero su salida del gobierno por un desacuerdo fiscal la ha debilitado.
  • Wes Streeting, ministro de Sanidad y figura de la ala derecha del partido, emerge como una posible alternativa.
  • El alcalde de Manchester, Andy Burnham, fue descartado como opción tras la decisión del Comité Ejecutivo Nacional de impedir que quienes no tienen escaño parlamentario puedan aspirar a la jefatura del partido.

El futuro de Starmer parece ligado a los resultados electorales en Escocia y Gales. Una derrota en estas regiones podría desencadenar una crisis definitiva, con Downing Street como principal blanco de las culpas. Por ahora, el primer ministro ha convocado a su grupo parlamentario para exigir unidad frente al auge del partido de extrema derecha Reform UK, liderado por Nigel Farage, al que acusó de buscar "dividir al país hasta destrozarlo".

Con el apoyo interno aún mayoritario pero con señales de fisura, y sin un sustituto claro, la supervivencia política de Keir Starmer depende de su capacidad para contener el escándalo Epstein y recuperar la confianza pública antes de que las urnas hablen.

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