La impactante verdad sobre la equidistancia de Indalecio Prieto
El debate sobre cómo se recuerda y se analiza la Guerra Civil española ha vuelto a encenderse tras la polémica suscitada por el título de unas jornadas organizadas por la Fundación Cajasol: *La Guerra que perdimos todos*. La fórmula, que busca subrayar el carácter trágico y colectivo del conflicto, ha sido interpretada por algunos sectores como un ejercicio de equidistancia histórica que, según sus críticos, diluye las responsabilidades políticas y morales del golpe militar de 1936 y la posterior dictadura franquista. En programas de radio y televisión, voces como la de una tertuliana en la Cadena SER han rechazado incluso la posibilidad de plantear el asunto como una pregunta, considerando que “ya insulta a la inteligencia” sugerir que ambos bandos compartieron igual culpa.

Polémica por la participación de figuras de derecha en debates históricos
La controversia se extendió al cuestionar la presencia de políticos de derecha, como José María Aznar o Iván Espinosa de los Monteros, en eventos dedicados a analizar aquel periodo. Un periodista y músico de TVE llegó a equiparar su inclusión con invitar a negacionistas del Holocausto a un debate sobre la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, esta comparación choca con la realidad histórica: durante la presidencia de Aznar, el Congreso de los Diputados aprobó por unanimidad, en noviembre de 2002, una condena a la represión franquista, impulsa por Izquierda Unida y respaldada por todos los diputados del Partido Popular presentes, incluido el propio Aznar. Esta acción desmiente la idea de que su figura esté necesariamente ligada a una visión negacionista o justificadora del franquismo.
El fondo del debate no parece ser el negacionismo, sino la equidistancia: el rechazo a que en actos sobre la Guerra Civil se dé espacio a interpretaciones que atribuyan responsabilidades compartidas al Frente Popular y al bando sublevado. Frente a esta postura, hay quienes defienden que reconocer crímenes en ambos bandos no equivale a equiparar legitimidad política ni a exculpar al alzamiento militar. Lo que sí puede y debe ser equiparado es el sufrimiento de las víctimas, independientemente del bando al que pertenecieran. Negar este dolor por razones ideológicas supone, para muchos, una nueva forma de exclusión histórica.
Testimonios desde la izquierda republicana
- Juan Simeón Vidarte, dirigente socialista, tituló su libro de memorias *Todos fuimos culpables*, reconociendo los excesos del bando republicano.
- Indalecio Prieto, líder del PSOE, afirmó tras la matanza en la Cárcel Modelo en agosto de 1936 que, por actos como aquel, “ya habían perdido la guerra”.
- En su correspondencia con Juan Negrín, Prieto escribió: “Pocos españoles están libres de responsabilidad de la tragedia sufrida por el pueblo español. De los que ocupábamos cargos políticos, ninguno”.
Estas reflexiones, surgidas desde dentro del propio campo republicano, muestran que la idea de una responsabilidad compartida no es un invento contemporáneo ni una estrategia de blanqueo, sino una autocrítica presente ya durante el conflicto. Prieto no se equiparaba a Franco, pero sí asumía el peso moral de las decisiones tomadas por su bando. Su enfoque no buscaba justificar al enemigo, sino reconocer el profundo drama humano que vivió toda la sociedad española.
Paralelismos internacionales y riesgos de la simplificación histórica
Si en un debate sobre los Balcanes se mencionan las víctimas de la matanza de Krajina a manos de tropas croatas, ¿debería el ponente ser acusado de justificar los crímenes de los serbios en Srebrenica? Si en una jornada sobre la Segunda Guerra Mundial se habla de Hiroshima, ¿significa eso negar los horrores del Eje o restar importancia al Holocausto? El periodista Miquel Ramos plantea estos ejemplos para advertir contra la tentación de reducir conflictos complejos a esquemas binarios de “buenos” y “malos”, donde cualquier mención a las víctimas del bando considerado “malo” se convierte en herejía.
La historia, especialmente la de los conflictos armados, no se nutre de esquemas simples. La memoria debe honrar a todas las víctimas, sin distinción de bando, y el análisis histórico debe ser capaz de sostener matices. Pretender que solo uno de los lados cometió crímenes o que el otro fue absolutamente inocente no solo distorsiona el pasado, sino que impide una reconciliación verdadera. Como dejó claro Prieto, la tragedia fue de todos. Y en ese sentido, tal vez, todos perdimos.
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