La UE contraataca a Orbán pero ya es demasiado tarde

Martin József Péter, director ejecutivo de Transparencia Internacional Hungría desde 2013, es una de las voces más autorizadas para analizar el entramado de corrupción que ha permeado las instituciones húngaras bajo el gobierno de Viktor Orbán. Periodista económico de formación y coautor del libro *Dream Crash*, Péter ha sido reconocido en 2025 con la Orden Nacional del Mérito de la República Francesa por su labor en defensa de la transparencia. En una entrevista con *El Independiente*, no duda en calificar la corrupción en Hungría como un fenómeno “sistemático”, donde las instituciones públicas ya no funcionan en beneficio del conjunto de la sociedad, sino como mecanismos para transferir riqueza a un círculo estrecho ligado al primer ministro.

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Un sistema de privilegios en lugar de concursos públicos

Según Péter, Hungría encabeza desde hace cuatro años consecutivos el ranking de corrupción de Transparencia Internacional dentro de la Unión Europea. Este dominio negativo se debe a que las licitaciones públicas, en lugar de regirse por principios de competencia y transparencia, están diseñadas para favorecer a empresas vinculadas al poder. Estas empresas, muchas veces propiedad de familiares o aliados cercanos de Orbán, obtienen contratos sin verdadera competencia, ya sea mediante la creación de competidores ficticios, la manipulación de los requisitos técnicos o la limitación arbitraria del número de participantes.

Uno de los casos más emblemáticos es el de Lőrinc Mészáros, exalcalde del pueblo natal de Orbán, Felcsút. En solo tres años, su grupo empresarial ha acaparado el 9% de todas las licitaciones públicas en Hungría. Si se suman otros tres oligarcas cercanos al régimen, el control sobre estos concursos alcanza el 25%. Pero este no es más que un canal entre muchos. A través de fondos de capital que adquieren acciones de empresas públicas, el entorno de Orbán habría acumulado al menos 3.500 millones de euros en beneficios ilícitos, según estimaciones de Transparencia Internacional.

Los verdaderos beneficiarios

  • Győző, padre de Orbán, y István Tiborcz, su yerno, son algunos de los familiares que más se han enriquecido.
  • Lőrinc Mészáros, aunque ostenta la mayor fortuna, actúa como una figura intermedia: “Es solo una marioneta. Si Orbán le llama de madrugada para transferir miles de millones, lo hará”, asegura Péter.
  • Existen fuertes sospechas de que el patrimonio de Mészáros en realidad pertenece al primer ministro, aunque esto sea difícil de probar legalmente.

Este diseño oculto permite a Orbán mantener una imagen de austeridad ante sus votantes. “Quiere parecer un hombre modesto, uno de los nuestros. Por eso dice: ‘yo no entiendo de negocios’”, explica Péter. A diferencia de líderes como Andrej Babiš en la República Checa, Orbán no acumula riqueza a su nombre, sino a través de terceros, lo que dificulta cualquier intento de enjuiciamiento.

Puntos Clave
  • Corrupción sistémica en Hungría bajo el gobierno de Viktor Orbán que beneficia a un círculo cercano al poder
  • Manipulación de licitaciones públicas mediante competidores ficticios, requisitos amañados y exclusión de participantes
  • Empresas vinculadas a aliados de Orbán, como Lőrinc Mészáros, controlan hasta el 25 % de las licitaciones públicas
  • Acumulación de al menos 3.500 millones de euros por parte del entorno de Orbán mediante fondos que adquieren empresas públicas

La economía al servicio de unos pocos

El control no se limita a las licitaciones. Empresas como 4iG dominan sectores estratégicos como el armamentístico, mientras que el banco MBH, propiedad de Mészáros, concentra una parte significativa de las empresas públicas clave. Además, el régimen ha otorgado concesiones de hasta 35 años para la explotación de autopistas y la gestión de residuos a figuras cercanas a Orbán. En el sector energético y turístico, especialmente en hoteles y campañas de comunicación, el monopolio del grupo gobernante es prácticamente total.

Este modelo ha tenido un impacto directo en la competitividad económica. Péter estima que las empresas vinculadas al régimen cobran entre un 30% y un 35% más por sus servicios o productos que en un mercado abierto, ofreciendo al mismo tiempo una calidad inferior. Como resultado, Hungría ha entrado en recesión desde 2022, con la inflación más alta de Europa tras la pandemia y una caída del 33% en la inversión extranjera directa, la mayor desde la caída del comunismo.

¿Por qué tardó tanto en reaccionar la sociedad?

Péter identifica tres razones principales:

  • La intensa propaganda nacionalista que ha moldeado la opinión pública durante años.
  • La división prolongada de la oposición.
  • El crecimiento económico sostenido hasta 2021, que enmascaró los efectos de la corrupción.

Hasta entonces, los salarios aumentaron un 44% entre 2013 y 2021, lo que redujo la sensibilidad ciudadana ante el saqueo institucional. Sin embargo, con el estancamiento actual, los contrastes se han vuelto evidentes: mientras la población vive peor, los allegados al poder se muestran en yates, helicópteros y palacios.

La complicidad europea y el futuro incierto

Péter no exime a la Unión Europea de responsabilidad. Hasta 2022, Bruselas apenas reaccionó, en gran parte por intereses económicos. “Las empresas automovilísticas alemanas ganaban enormes cantidades de dinero con sus inversiones en Hungría y no querían estropearlo”, señala. Además, la falta de mecanismos eficaces de condicionalidad permitió que el sistema se consolidara durante años. Solo ahora, con la suspensión de fondos europeos, la UE intenta ejercer presión, aunque ya sea tarde para reformar el sistema sin un cambio de gobierno.

De cara a las elecciones del 12 de abril, Péter ve en el partido Tisza y su líder, Péter Magyar, una esperanza real de cambio. Aunque Magyar formó parte del establishment como esposo de la exministra de Justicia, sus ingresos eran legales y no está vinculado a la red corrupta. “Estoy profundamente convencido de que quieren restablecer el Estado de derecho”, afirma. El éxito dependerá del margen de victoria: solo con una mayoría constitucional será posible reconstruir un poder judicial independiente y desmantelar el aparato clientelar.

El escenario de que Orbán termine en prisión, sin embargo, es poco probable. “Nunca se ha privado de libertad a un líder político en Hungría por corrupción”, reconoce Péter. El cambio, si llega, será más institucional que punitivo. Pero para que Hungría salga del estancamiento, será inevitable romper con el modelo que ha concentrado la riqueza nacional en manos de unos pocos bajo la protección del poder político.

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Carlos Mendoza Vargas Periodista

Licenciado en Comunicación Social con mención en Periodismo por la Universidad Central de Venezuela. Tiene 12 años de experiencia en cobertura de política nacional y conflictos sociales, con pasantías en medios internacionales como BBC Mundo. Especializado en periodismo de investigación y análisis político.

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