Sánchez lanza su jugada maestra contra los tecnoligarcas
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha desatado un intenso debate internacional tras anunciar en el World Government Summit de Dubái una serie de medidas contra las grandes plataformas tecnológicas, presentándolas como una respuesta urgente a lo que calificó de “Estado fallido” en el entorno digital. Entre las propuestas más controvertidas figuran la prohibición del acceso a las redes sociales para menores de 16 años y la responsabilidad penal de los ejecutivos de tecnológicas por contenidos ilegales o de odio en sus plataformas. Sin embargo, detrás del impacto mediático, hay una estrategia política que mezcla legitimadas preocupaciones sociales con decisiones de difícil aplicación jurídica y técnica.

Una estrategia de contrapoder frente a los tecnoligarcas
En un momento marcado por la caída en intención de voto del PSOE en comunidades como Aragón, casos de corrupción en curso y tensiones con sus socios de gobierno, Sánchez ha optado por forjar un relato exterior que lo posiciona como defensor de la infancia y los valores democráticos frente a los llamados “tecnoligarcas”, en especial Elon Musk y Pavel Durov. La estrategia, según analistas políticos, responde a la necesidad de movilizar a su base electoral identificando un enemigo claro, global y mediáticamente visible. Xavier Peytibi, consultor de Ideograma, señala que “a Sánchez le interesa erigirse como contrapoder frente a figuras muy conservadoras o afines a la extrema derecha, lo que refuerza su imagen de liderazgo en el escenario internacional”.
El discurso en Dubái, el 3 de febrero, sirvió como escenario perfecto: Sánchez denunció que las redes sociales se han convertido en un “salvaje oeste digital” donde imperan la desinformación, los discursos de odio y la manipulación algorítmica. Anunció cinco puntos clave: la reforma legislativa para responsabilizar penalmente a los CEOs de plataformas; la criminalización de la manipulación algorítmica; la creación de un sistema de trazabilidad del odio en redes; la prohibición de acceso a menores de 16 años; y la colaboración con la Fiscalía para investigar plataformas como Grok, TikTok e Instagram.
¿Novedad o reiteración de medidas ya en marcha?
- La prohibición del acceso de menores a redes sociales ya fue propuesta por la ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, y lleva más de un año en trámite en el Congreso.
- La responsabilidad penal directa a ejecutivos tecnológicos choca con la Ley de Servicios Digitales (DSA) de la Unión Europea, que establece sanciones administrativas pero descarta la responsabilidad penal individual por considerarla inviable y contraria a la armonización europea.
- La Comisión Europea ya ha impuesto multas millonarias a plataformas por incumplir la DSA, lo que evidencia que el marco regulatorio existe, aunque se discuta su suficiencia.
Borja Suárez, experto en derecho digital, critica la presentación de estas medidas como novedosas: “Estamos de acuerdo con el objetivo, pero no con la forma. La verificación de edad es obligatoria por ley, pero no hay tecnología fiable para garantizarla sin vulnerar datos. La UE está trabajando en la identidad digital europea para eso, pero no se puede anunciar como innovación lo que ya está en marcha”.
Reacciones globales y tensiones diplomáticas
La respuesta de los protagonistas fue inmediata. Elon Musk, en X (antes Twitter), tachó a Sánchez de “tirano y traidor”, bautizándolo como “Dirty Sánchez”. Pavel Durov, fundador de Telegram, acusó al gobierno español de impulsar “regulaciones peligrosas” que podrían derivar en un “Estado de vigilancia”. A pesar del tono hostil, estas críticas han beneficiado la imagen de Sánchez entre sectores progresistas europeos, que ven en su postura un contrapeso al ascenso de líderes como Trump o a la influencia de figuras tecnológicas con vínculos a la extrema derecha.
La Comisión Europea expresó “absoluta solidaridad” con España, recordando que exigir responsabilidades a las plataformas es una prioridad común, aunque dentro del marco de la DSA. Francia también respaldó la iniciativa a través de la cuenta alternativa del Ministerio de Exteriores, French Response, y Sánchez ha recibido elogios de intelectuales y medios que buscan líderes capaces de enfrentar el poder tecnológico sin complejos.
El riesgo de la definición del discurso de odio
Uno de los aspectos más delicados de la propuesta es la creación de un sistema para rastrear y cuantificar el discurso de odio. Suárez advierte del peligro: “Ningún gobierno debe tener la potestad de decidir qué es discurso de odio. Eso corresponde a los jueces. Si hoy un gobierno lo usa contra la ultraderecha, mañana otro lo puede usar contra movimientos sociales o periodistas. Es un arma demasiado poderosa para estar en manos del Ejecutivo”.
En España, la CNMC actúa como coordinadora nacional bajo la DSA, supervisando el cumplimiento de las plataformas en materia de protección de menores y transparencia. Su papel es clave para garantizar independencia frente a decisiones políticas coyunturales. Que estas funciones se trasladen o se dupliquen desde el Gobierno central genera preocupación entre expertos en derechos digitales.
En última instancia, los anuncios de Sánchez combinan medidas técnicamente complejas, jurídicamente limitadas y políticamente oportunas. Aunque refuerzan su perfil internacional y reactivan a su base, no abordan problemas estructurales como la crisis de la vivienda o la polarización interna. Como señala el consultor Jordi Sarrión, “lo relevante debe hacerse con Europa, no en solitario. La estrategia distrae, crea enemigos y da sentido a la acción de gobierno, pero no resuelve lo complejo. Y por ahora, eso le basta para resistir”.
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