Tomasín revela el oscuro secreto de los políticos canarios con sus trajes de lucha
Tomasín Prón, natural de El Hierro y residente en Fuerteventura, no imaginaba que su vida dedicada a la lucha canaria lo llevaría hasta las salas de cine. Con 49 años, Tomasín es hoy protagonista de *La lucha*, la segunda película del director José Ángel Alayón Dévora (Slimane), que llega a los cines este viernes 30 de enero tras su paso por el Festival de Cine de San Sebastián en septiembre. La cinta retrata con realismo y sensibilidad el mundo de este deporte tradicional canario, a través de la historia de un padre y su hija —interpretada por la debutante Yazmina Estupiñan— cuya vida gira en torno a la lucha, en medio del duelo por la pérdida de su esposa y madre, también luchadora.

Del terrero al casting: un camino inesperado
Tomasín nunca pensó en ser actor. Su entrada en el cine fue casual. Mientras buscaban a una joven luchadora para el reparto, él estaba en el lugar equivocado en el momento adecuado: llegó al lugar de los entrenamientos tras las chicas, haciendo bromas, como suele hacer. Su espontaneidad llamó la atención de la directora de casting, Cendrine Lapuye, que lo sometió a una prueba improvisada. “Me hizo preguntas, tonterías, pero en tres me analizó por completo. Me hizo llorar”, recuerda. Aunque por timidez jamás se habría presentado a un casting, ese momento marcó el inicio de una nueva etapa. “Pensaba que no iba a llegar a nada, y mira dónde estamos”, dice con una mezcla de sorpresa y orgullo.
A pesar de no haberle preguntado directamente al director por qué eligió este deporte como eje de su película, Tomasín entiende el mensaje: la lucha canaria es parte fundamental de la identidad canaria. “En Canarias, aunque no luches, sabes de la lucha. Desde pequeño te dicen que es cultura”, afirma. Cree que, como sociedad, tendemos a mirar hacia fuera, a deportes de contacto de otras culturas, especialmente influenciados por el modelo anglosajón, sin valorar lo propio. Él mismo reconoce que su esposa, peninsular, no conocía el deporte hasta que lo conoció a él. “Cuando hablaba de la lucha, se me iluminaba la cara. Ella se dio cuenta de que era parte de mí, y en parte por eso volví a competir”.
Un deporte que va más allá del físico
- La lucha canaria se asemeja al ajedrez: cada luchador tiene un rol, desde peón hasta puntal (el equivalente al rey).
- El puntal es la figura más responsable del equipo, aunque no necesariamente la que más fuerza tiene.
- No existe la violencia gratuita: la norma de oro es no agredir al oponente, aunque los contactos accidentales forman parte del juego.
- Los equipos están formados por 12 luchadores, y cualquier miembro, incluso un peón, puede ganar la partida.
Tomasín sigue activo como luchador, y es actualmente el puntal más longevo de Canarias. A sus 49 años, entrena tres horas diarias para mantenerse al nivel de deportistas más jóvenes. “Mi vida gira alrededor de la lucha. Necesito un trabajo por la mañana para entrenar por la tarde y competir los fines de semana”, explica. Aunque normalmente los luchadores se retiran alrededor de los 30 o 41 años, su caso es atípico. Tras retirarse por una lesión y problemas personales, volvió al deporte gracias al apoyo de su pareja. “Iba a hacer solo un año más, para quitarme la espina. Pero ya no puedo dejarlo”.
Una identidad marcada por la tradición
El apodo de “Tomasín” le viene de niño: era grande y fuerte, y todos decían que estaba hecho para la lucha. Aunque hay luchadores de todo tipo físico, su presencia imponente lo convirtió pronto en figura central. “Hay una canción típica que dice: ‘El grande perdió, el chico ganó’. Eso es lo bonito: cualquiera puede vencer, no importa el tamaño”, señala.
A pesar de su timidez extrema —algo que reconoce sin tapujos—, ha aprendido a disimularla con humor. “Soy bromista para esconder la vergüenza”, admite. Y aunque nunca sintió vocación por la interpretación, ahora descubre un mundo que antes le era ajeno. “Antes no me importaba quién era el director o los actores. Si me gustaba la película, ya está. Ahora estoy aprendiendo.”
Entre entrenamientos, competiciones y promoción de la película, Tomasín vive un momento único. Su imagen en calzoncillos en una escena de la ducha, que incluso ilustró un periódico en San Sebastián, le dio algo de vergüenza. “Le digo a mi mujer que cierre la ventana del salón, no vayan a verme los vecinos”, bromea. Pero detrás de esa sonrisa hay una realidad profunda: un hombre que lleva la lucha en la sangre, y que ahora, también en la pantalla, ayuda a mantener viva una tradición milenaria.
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