Vox rompe con Europa por el silencio de Trump sobre Groenlandia

La reciente tensión entre Estados Unidos y Europa, generada por las repetidas amenazas del presidente Donald Trump de anexionarse Groenlandia, ha puesto en evidencia las diferencias dentro del espectro ultraderechista europeo. Mientras algunos partidos han reaccionado con firmeza, defendiendo la soberanía nacional y el derecho internacional, otros, como Vox en España, han optado por una postura de silencio estratégico, declarándose "incompetentes" en el asunto.

El portavoz nacional de Vox, José Antonio Fúster, afirmó hace poco más de dos semanas que el partido no dedicó "ni medio nanosegundo" al tema de Groenlandia, subrayando que su prioridad son "los problemas de los españoles". En línea con esta postura, el líder del partido, Santiago Abascal, reiteró en varias intervenciones que "no nos importa Groenlandia", y señaló que "nuestra Groenlandia es Mercosur, el Pacto Verde, los problemas de los agricultores y la inseguridad en las calles". Esta evasión deliberada contrasta con la reacción de otros socios europeos de Vox dentro de la familia política Patriotas, muchos de los cuales han expresado críticas abiertas a las acciones de Trump.

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División en la ultraderecha europea

El silencio de Vox contrasta con la contundencia de otros líderes de extrema derecha. Marine Le Pen, a través de su partido Agrupación Nacional, defendió el principio de soberanía nacional con un tono claramente gaullista: "La soberanía de los Estados nunca es negociable", afirmó, y advirtió que ceder en Venezuela equivaldría a aceptar "nuestra propia servidumbre" en el futuro. Su aliado en el Parlamento Europeo, Jordan Bardella, exigió medidas diplomáticas concretas, incluso la suspensión del acuerdo comercial con Estados Unidos si continúa el "chantaje arancelario".

En Suecia, Demócratas Suecos, integrado en el grupo Conservadores y Reformistas Europeos (ECR), publicó una columna conjunta en la que afirmó que Groenlandia y otros territorios nórdicos "no son un bien negociable". El ideólogo Mattias Karlsson fue especialmente crítico con Trump, a quien calificó de "Rey Midas al revés: todo lo que toca se convierte en mierda". Por su parte, Alternativa para Alemania (AfD), pese a haber recibido apoyo clave de Trump en sus últimas elecciones, también ha cuestionado su conducta. Alice Weidel denunció que Trump ha "violado una promesa fundamental de campaña: no interferir en otros países", mientras que Tino Chrupalla lo acusó de usar "métodos del Lejano Oeste".

Posiciones más moderadas o ambiguas

  • La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, adoptó una postura intermedia: reconoció discrepancias con Trump, consideró preocupante su postura y defendió el derecho internacional, pero evitó romper con Estados Unidos. Abogó por una mayor presencia de la OTAN en el Ártico como respuesta equilibrada.
  • Mateo Salvini, socio de gobierno de Meloni y aliado de Vox en Patriotas, culpó a Europa del aumento de tensiones por el envío de tropas, pero no condenó directamente a Trump.
  • El primer ministro checo Andrej Babiš defendió el interés estratégico de EE.UU. en Groenlandia, considerándolo más allá de una simple ocurrencia de Trump, y abogó por una solución diplomática.
  • En Hungría, Viktor Orbán y su partido Fidesz han instado a que EE.UU. y Dinamarca resuelvan el conflicto bilateralmente, sin intervención externa.
  • Polonia, a través del partido Ley y Justicia (PiS), también ha optado por no intervenir, esperando que los aliados resuelvan el asunto "de forma amistosa".

El caso danés es particularmente delicado, ya que Dinamarca mantiene la soberanía sobre Groenlandia. Aunque el líder del Partido Popular Danés, Morten Messerschmidt, mostró simpatía por Trump, criticó la negociación diplomática del gobierno danés con EE.UU., calificándola de "peligrosa". Esta postura lo ha dejado aislado en su propio país, donde existe un amplio consenso en defensa de la integridad territorial.

En este contexto, la reciente afirmación de Trump en Davos sobre un "principio de acuerdo" con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha enfriado temporalmente las tensiones, aunque sigue generando dudas entre los aliados europeos. Mientras tanto, Vox mantiene su estrategia de no posicionarse, priorizando temas nacionales y evitando cualquier confrontación con la política exterior estadounidense. Solo el Partido por la Libertad neerlandés de Geert Wilders y el FPÖ austríaco han adoptado una postura similar de silencio.

Fuentes del partido español subrayan que, pese a las diferencias, los partidos de ultraderecha europeos están unidos en cuestiones centrales como la lucha contra la inmigración ilegal y el globalismo. Sin embargo, el debate sobre Groenlandia ha evidenciado que el principio de soberanía nacional, tan central en su discurso, no siempre se defiende con la misma intensidad cuando entra en conflicto con intereses geopolíticos de Estados Unidos.

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