La Luna se está desvaneciendo y esto podría arruinar las misiones espaciales
Durante una reciente emisión del programa *La Rosa de los Vientos*, conducido por Bruno Cardeñosa y Silvia Casasola, se abordó un fenómeno poco conocido pero de gran relevancia para la exploración espacial: el encogimiento progresivo de la Luna. El tema fue desarrollado con la colaboración de Mo Martínez, periodista y escritora especializada en ciencia, quien destacó que, aunque en 2024 ya se habían realizado estudios preliminares, nuevas investigaciones han confirmado que nuestro satélite natural ha reducido su diámetro en torno a 50 metros a lo largo de cientos de millones de años.

Un proceso lento pero constante
Este fenómeno se debe al enfriamiento gradual del interior lunar. Al igual que una fruta deshidratada que se arruga con el tiempo, la Luna está contrayéndose a medida que su núcleo pierde calor. Este enfriamiento no es un proceso reciente, sino uno que se ha venido desarrollando durante millones de años, lo que ha provocado una transformación geológica sostenida, aunque imperceptible a simple vista.
El resultado de esta contracción no es homogéneo: ha generado arrugas en la superficie, conocidas como fallas de compresión, así como fracturas que atraviesan regiones extensas del satélite. Estas estructuras geológicas no son meros vestigios del pasado, sino que en algunos casos siguen siendo activas, lo que indica que la Luna sigue experimentando cambios internos.
Implicaciones para la exploración lunar

- El programa Artemis de la NASA, cuyo objetivo es establecer una presencia humana sostenida en la Luna, debe considerar estos movimientos geológicos.
- Las fallas activas podrían desencadenar eventos sísmicos lunares, conocidos como "moonquakes", que representan un riesgo para las infraestructuras planificadas.
- Las zonas cercanas a estas fracturas serían menos seguras para la construcción de bases permanentes.
- Se hace necesario replantear las ubicaciones estratégicas para asentamientos, priorizando áreas geológicamente estables.
Hasta hace poco, la Luna era considerada un cuerpo geológicamente inactivo, un mundo inerte en comparación con la dinámica terrestre. Sin embargo, estos hallazgos demuestran que, aunque a un ritmo extremadamente lento, nuestro satélite sigue siendo un entorno geológicamente activo. Este conocimiento no solo es esencial para garantizar la seguridad de futuras misiones, sino que también aporta claves para entender la evolución de otros cuerpos rocosos en el sistema solar, como Mercurio o Marte.
Mientras la humanidad se prepara para volver a pisar la Luna con ambiciones de permanencia, este recordatorio silencioso de que el satélite sigue transformándose subraya la necesidad de avanzar no solo con tecnología, sino con una comprensión profunda del entorno que pretendemos habitar.
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