Marisol Donis: "Bastaba una firma para encerrar a las mujeres en el manicomio sin estar locas"

Marisol Donis, autora de Mujeres grises sobre fondo negro (Editorial Alrevés), recuerda cómo, a finales del siglo XIX y principios del XX, bastaba una firma para internar a una mujer en un manicomio sin que ella presentara ningún trastorno mental.

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El manicomio como instrumento de control social

En aquella época, la autonomía femenina se percibía como una enfermedad. Cuando una mujer tomaba decisiones libres –como rechazar un matrimonio, reclamar una herencia o simplemente expresar opiniones divergentes– la sociedad la catalogaba de “histérica” o “enferma”.

Los internamientos no eran excepcionales; cientos de mujeres fueron confinadas contra su voluntad por presiones ejercidas por esposos, hermanos o padres. Los motivos variaban, pero convergían en un mismo objetivo: silenciar y despojar a la mujer de sus derechos.

Puntos Clave
  • Bastaba una firma para internar a una mujer en un manicomio sin que presentara trastorno mental a finales del siglo XIX y principios del XX
  • El internamiento se utilizaba como instrumento de control social para silenciar a mujeres que ejercían autonomía, como rechazar un matrimonio o reclamar una herencia
  • Los motivos principales del encierro eran intereses económicos, rechazo social y control familiar o médico
  • Los tratamientos aplicados eran brutales y carentes de base científica, como duchas de agua fría en la cabeza y duchas calientes en

Principales razones para el encierro

  • Intereses económicos: cuando había propiedades, dineros o negocios en juego, la familia recurría al manicomio para impedir que la mujer los administrara.
  • Rechazo social: mujeres que desafiaban normas de conducta o que eran consideradas “indeseables” eran internadas para marginarlas.
  • Control familiar y médico: médicos y familiares colaboraban, bajo cualquier pretexto, para justificar el confinamiento.

Los tratamientos aplicados eran brutales y carentes de base científica. En muchos casos, al diagnosticar a una mujer como “histérica”, la primera medida consistía en una ducha de agua fría sobre la cabeza, supuestamente para “eliminar” las ideas independientes. Posteriormente, se le administraba una ducha caliente en la zona vaginal con la creencia de que el “mal” saldría por abajo.

Estas prácticas reflejan la violencia institucionalizada contra las mujeres, quienes fueron catalogadas erróneamente como locas para legitimar su exclusión del espacio público y privado. La obra de Donis pone de relieve testimonios reales de mujeres que jamás padecieron trastornos mentales, pero que fueron víctimas de un sistema que utilizó la locura como excusa para su opresión.

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Carlos Mendoza Vargas Periodista

Licenciado en Comunicación Social con mención en Periodismo por la Universidad Central de Venezuela. Tiene 12 años de experiencia en cobertura de política nacional y conflictos sociales, con pasantías en medios internacionales como BBC Mundo. Especializado en periodismo de investigación y análisis político.

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