Els Joglars cumple 65 años sin ánimo de jubilación y volviendo a la senda cervantina para rastrear "el terror humano a quedar excluido de la tribu"
Els Joglars celebra su 65.º aniversario con la puesta en escena de una nueva versión de El retablo de las maravillas de Miguel de Cervantes, que se estrena en el Centro Cultural Fernán Gómez de la Villa de Madrid. La adaptación, titulada Variaciones contemporáneas sobre un tema de Cervantes, vuelve a las tablas con un texto renovado, un diseño escénico totalmente nuevo y la colaboración del Teatro Cervantes de Málaga.
El montaje permanecerá en la Sala Guirau desde este viernes hasta el 27 de septiembre, coincidiendo con la efeméride que marca los 65 años de trayectoria ininterrumpida de Els Joglars, la compañía de teatro en activo más longeva de Europa, que ya acumula 42 espectáculos en su historia.
Una mirada contemporánea a la obra cervantina
Para conmemorar este hito, el proyecto cuenta nuevamente con la firma escénica de su fundador, Albert Boella, quien coescribe la dramaturgia junto a Ramon Fontserè. Aunque Fontserè asumió la dirección oficial de la compañía en 2012, la alianza creativa entre ambos se ha mantenido constante, como se evidenció en producciones recientes como El rey que fue.
El espectáculo está interpretado por un elenco de siete actores, encabezado por Ramon Fontserè, Pilar Sáenz y Dolors Tuneu. La puesta parte de la convicción de Boella de que, mientras la tecnología avanza a pasos agigantados, la naturaleza humana permanece prácticamente inalterada. Desde esa perspectiva, la sátira cervantina de 1615 sigue resultando impactante en la actualidad.
La pieza original narra las artimañas de dos embaucadores que ofrecen un espectáculo cuya representación solo puede ser vista por “cristianos viejos” de sangre pura. Ante la amenaza de ser señalados por su comunidad, las autoridades locales fingen ver lo inexistente para proteger su imagen, manteniendo la mentira colectiva hasta la irrupción de un soldado que, al constatar la falsedad, es tachado de hereje por el propio pueblo para evitar romper la ficción compartida.
En la relectura de Els Joglars, la anécdota trasciende la picaresca para denunciar el terror a la exclusión como herramienta de dominación social. Boella señala que, para imponer una mentira, las sociedades “no necesitan inquisidores visibles”, pues basta la vigilancia horizontal del propio grupo para consolidar el engaño.
El espacio escénico, concebido por Joana Martí, difumina los límites entre un museo de arte moderno, una cocina de alta gastronomía y una comunidad de almas perdidas, reflejando cómo hoy el engaño encuentra nuevos canales de expansión.
Paralelamente, la compañía acoge una exposición itinerante y gratuita compuesta por 36 paneles expositivos con material gráfico, textos y recursos audiovisuales que recogen la memoria de Els Joglars desde sus orígenes en 1961 hasta la actualidad, ofreciendo al público un recorrido detallado por más de seis décadas de teatro impertinente.
El regreso de Els Joglars al escenario público madrileño se produce después de haber enfrentado cancelaciones y la necesidad de recurrir a la red privada en diversos circuitos autonómicos. A pesar de los vaivenes políticos e institucionales que han marcado su historia reciente, la compañía celebra sus 65 años reivindicando el oficio del cómico y la poesía del teatro artesanal frente a cualquier forma de sofisma contemporáneo.
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