Donald Trump, el inesperado aliado de Europa
Tras el Brexit y el auge del euroescepticismo, el proyecto europeo parecía haber alcanzado su punto más crítico, al punto de que se hablaba del posible fin de la Unión Europea. Sin embargo, la invasión rusa de Ucrania, que revitalizó a la OTAN, y la política exterior de Donald Trump han generado una inesperada revalorización del bloque comunitario entre varios países que buscan diversificar sus alianzas.

El presidente estadounidense, a pesar de sus controversias, ha impulsado que Canadá perciba la necesidad de acercarse a la UE para no depender exclusivamente de las decisiones de la administración Trump ni de futuros gobiernos estadounidenses. En la misma línea, Australia y Nueva Zelanda también están explorando la vía de una asociación con la Unión Europea, motivados por las tensiones surgidas en materia de defensa y seguridad durante la gestión de Trump.
Reconfiguración de alianzas en Asia‑Pacífico
La agresión rusa a Ucrania ha acercado a naciones que mantienen disputas con Moscú, como Japón, Corea del Sur y Filipinas, a las instituciones europeas. La creciente cercanía entre Moscú, Pekín y Pyongyang ha llevado a estos países a buscar un contrapeso en la UE, especialmente tras las declaraciones de Trump sobre su relación con Kim Jong‑un y sus políticas comerciales erráticas con Japón.
Australia y Nueva Zelanda, miembros de la Commonwealth, comparten marcos jurídicos similares y una relación histórica con el Reino Unido, lo que facilita la percepción de una asociación europea como una extensión natural de sus vínculos internacionales. En el continente americano, México también está negociando acuerdos comerciales con la UE y considerando una mayor integración al estilo del Mercosur.
La UE cuenta con una presencia estratégica en el Pacífico a través de los territorios franceses de ultramar, lo que le otorga responsabilidad sobre una amplia zona marítima y sus recursos. Esta presencia la coloca en frontera con naciones como Vanuatu, Fiyi, Tonga, Samoa, Kiribati, Australia y Nueva Zelanda, y podría ampliarse si el Reino Unido decidiera reincorporarse al bloque.
Las tensiones derivadas de los conflictos en Irán y Yemen están generando problemas de suministro energético en Oceanía y Asia, encareciendo los productos básicos y alimentando la desconfianza hacia la administración Trump, percibida como responsable de extender conflictos innecesarios que perjudican a sus propios aliados.
Frente a la incertidumbre en la política exterior de Estados Unidos, la Unión Europea se percibe cada vez más como un polo económico estable y fiable, con un mercado de 450 millones de consumidores. En el caso de Canadá, la sensibilidad de la cuestión quebequense para Francia refuerza el interés de una mayor cooperación, mientras que la participación de Australia en Eurovisión simboliza de forma indirecta su afinidad cultural con Europa.
En el Reino Unido, los movimientos secesionistas de Irlanda del Norte (Sinn Féin), Escocia (Partido Nacional Escocés) y Gales (Plaid Cymru) han formado una coalición que contempla la posibilidad de un referéndum de independencia en cada territorio. En caso de lograr la independencia, los tres proyectos contemplan la readmisión en la Unión Europea, argumentando que el Brexit resultó perjudicial para sus intereses.
La constante inestabilidad de la administración Trump en política exterior ha colocado a la UE como una opción atractiva para buscar mercados alternativos y alianzas estratégicas. Las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos, previstas para noviembre de 2028, podrían generar nuevos cambios que reconfiguren nuevamente el panorama internacional.
Guillem Pursals es doctor en Derecho (UAB), tiene un máster en Seguridad (UNED) y es politólogo (UPF), especializado en conflictos, seguridad pública y teoría del Estado.
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