La batalla contra el desierto que roba la vista a los niños del Sáhara

En el campamento de refugiados de Auserd, situado en la zona de Tinduf, el optometrista Abdala Ahmed Salek llega a una de las pequeñas escuelas infantiles para llevar a cabo la revisión anual de la visión de los niños que viven en los cinco campamentos saharauís instalados en medio del desierto argelino.

Con un maletín que contiene un autorrefractómetro portátil y regletas de graduación, Abdala es recibido por los pequeños al abrir la puerta del colegio. Allí, bajo los coloridos dibujos que adornan las paredes, se prepara para examinar a unos 20 000 niños que, año tras año, forman parte del programa de prevención visual del Ministerio de Salud de la República Árabe Saharaui Democrática.

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Un diagnóstico que revela la vulnerabilidad visual de los niños saharauís

En el aula, alrededor de veinte niños de cinco y seis años esperan su turno. El primero supera la prueba sin inconvenientes, pero cuando llega el caso de la niña Hayiba, el resultado es alarmante: siete dioptrías en un ojo y nueve en el otro, lo que indica una hipermetropía astigmática severa. “Con ese nivel de hipermetropía es muy difícil que pueda leer con claridad”, comenta Abdala a la profesora que la acompaña.

Al preguntarle sobre las causas de una condición tan grave en una niña tan pequeña, Abdala señala varios factores del entorno: la intensa luz solar que golpea el campamento gran parte del año, la arena que constantemente irrita los ojos, la alta frecuencia de conjuntivitis y, en casos extremos, la aparición temprana de cataratas. Además, las infecciones en el canal del parto y la falta de higiene en el nacimiento aumentan el riesgo de problemas oculares desde la primera infancia.

Más de 173 000 saharauís viven en este desierto, expuestos a temperaturas extremas, tormentas de arena y una escasez estructural de agua. Lo que comenzó como una solución de emergencia hace cincuenta años se ha convertido en la realidad cotidiana de varias generaciones, creando un contexto en el que la salud visual se ve gravemente comprometida.

Puntos Clave
  • Revisión anual de visión de alrededor de 20 000 niños saharauís en los cinco campamentos de Tinduf, organizada por el Ministerio de Salud de la República Árabe Saharaui Democrática
  • Cas

El programa “Ojos del Sáhara”

La batalla contra el desierto que roba la vista a los niños del Sáhara
  • Dirigido por Hamudi Mujtar Ali, jefe del Departamento de Oftalmología del gobierno saharaui.
  • Equipo formado por profesionales saharauís formados en Cuba, como Hamudi, quien estudió oftalmología en la isla y regresó para incorporarse al Ministerio de Salud.
  • Operación desde la oficina del Hospital Nacional Bachir Saleh, principal centro de salud de los campamentos.
  • Revisión anual de la visión de aproximadamente 20 000 niños.
  • Detección temprana de cataratas, estrabismo, miopía y otras patologías.

Hamudi, reconocido por su camioneta blanca con el emblema de “Ojos del Mundo”, recorre a diario las escuelas, colegios y centros coránicos. A menudo, los habitantes le solicitan transporte a puntos más lejanos, y él nunca se niega, aunque su misión principal sigue siendo la detección y prevención de la ceguera.

El programa ha experimentado un crecimiento significativo desde su creación en 2002. Sin embargo, la reanudación del conflicto entre el Frente Polisario y Marruecos ha provocado la llegada de nuevos refugiados a los campamentos, ampliando la población objetivo del proyecto.

En los últimos años, la financiación internacional se ha visto afectada. El cierre de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) generó una crisis de recursos en la ONU, que cubre el 90 % de la ayuda humanitaria de los campamentos. La Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) sigue apoyando el proyecto “Ojos del Sáhara”, pero la situación financiera sigue siendo crítica.

Tras la revisión, Abdala y el equipo identifican otros casos de miopía y estrabismo. “En una clase de niños de seis años pueden haber hasta once casos de problemas visuales graves”, señala el optómetra. Los niños cuyas pruebas resultan normales recogen sus mochilas y regresan a sus hogares; los que presentan anomalías deben esperar para recibir su diagnóstico definitivo.

Jdu Mohamed Embarec, responsable del área de género y sensibilización del Departamento de Oftalmología, registra rápidamente los resultados y entrega a cada familia una hoja con la información médica. Los datos son enviados al Hospital Nacional Bachir Saleh, donde se clasifican los casos que requieren atención especializada.

Los casos más graves, como cataratas que demandan cirugía, son remitidos al hospital de Béchar, en el norte de Argelia, a cientos de kilómetros de distancia. Las dificultades logísticas y el costo del transporte limitan el acceso a este tipo de intervención para muchos pacientes.

En la mayoría de los casos, la solución consiste en la entrega de gafas correctivas. Abdala las fabrica en su propia clínica privada y, siguiendo una política solidaria, solo cobra a quienes pueden pagar; a los demás les entrega las lentes sin costo alguno, con el objetivo de evitar la ceguera futura.

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Carlos Mendoza Vargas Periodista

Licenciado en Comunicación Social con mención en Periodismo por la Universidad Central de Venezuela. Tiene 12 años de experiencia en cobertura de política nacional y conflictos sociales, con pasantías en medios internacionales como BBC Mundo. Especializado en periodismo de investigación y análisis político.

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