Vox guarda silencio ante obsesión de Trump con Groenlandia y causa polémica

La reciente tensión entre Estados Unidos y Europa, desatada por las repetidas amenazas del presidente Donald Trump de anexionarse Groenlandia, ha provocado una diversidad de reacciones dentro del espectro político ultraderechista europeo. Mientras algunos partidos han adoptado posturas críticas frente a la ofensiva estadounidense, otros han preferido mantener silencio o evitar pronunciarse, priorizando asuntos de interés nacional. En este contexto, Vox ha destacado por su llamativa neutralidad, declarándose “incompetente” en el tema.

El portavoz nacional de Vox, José Antonio Fúster, afirmó hace poco más de dos semanas: “Nos declaramos incompetentes en esta materia”. Sus declaraciones llegaron en medio del pico de tensión entre Washington y Bruselas, cuando Trump insistía en su interés por Groenlandia, territorio bajo soberanía danesa. Aunque el presidente estadounidense anunció posteriormente en Davos un principio de acuerdo con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, el asunto sigue generando incertidumbre entre los aliados europeos, especialmente en Dinamarca.

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División en las filas ultraderechistas europeas

El principio de soberanía nacional, pilar central en la ideología de estos partidos, ha terminado por exponer diferencias entre los socios europeos de Vox. Mientras formaciones como el Partido de la Libertad neerlandés (PVV) de Geert Wilders y el FPÖ austríaco han adoptado una postura similar a la de Vox, evitando críticas directas a Trump, otros han sido mucho más contundentes.

  • Marine Le Pen y Jordan Bardella (Francia): La líder de la Agrupación Nacional y su sucesor han defendido con firmeza la soberanía de los Estados, calificando las acciones de Trump en Venezuela como “coercitivas e intolerables”. Bardella exigió en el Parlamento Europeo la suspensión del acuerdo comercial con EE.UU. si se mantenían las prácticas de chantaje económico.
  • Demócratas de Suecia: A través de una columna conjunta, sus líderes afirmaron que Groenlandia “no es un bien negociable”, y criticaron el estilo de Trump. Mattias Karlsson, uno de sus ideólogos, lo comparó con un “Rey Midas al revés: todo lo que toca se convierte en mierda”.
  • Alternativa para Alemania (AfD): Pese a haber recibido apoyo clave de Trump en las elecciones de 2025, dirigentes como Alice Weidel han cuestionado su intervención en asuntos extranjeros, considerándola una violación de su promesa de campaña de no interferir en otros países.
  • Giorgia Meloni (Italia): Aunque ha evitado condenar a Trump, ha señalado que su postura genera preocupación por sus “graves consecuencias” para la OTAN. Meloni defiende una vía intermedia: reforzar la presencia aliada en el Ártico sin romper con Estados Unidos.

La posición de Vox: enfoque interno y desinterés estratégico

En contraste con estos posicionamientos, Vox ha optado por desmarcarse del debate internacional. Tanto Fúster como el líder del partido, Santiago Abascal, han insistido en que Groenlandia no es un asunto que les concierna. “No hemos dedicado ni medio nanosegundo a Groenlandia”, afirmó Fúster, mientras que Abascal repitió en varias ocasiones durante su campaña en Aragón: “No nos importa Groenlandia, nos importan los problemas de los españoles”.

Para Vox, “nuestra Groenlandia es Mercosur, el Pacto Verde, los problemas de los agricultores y la inseguridad en las calles”. Esta retórica responde a una estrategia clara: evitar entrar en un debate que no penaliza electoralmente a su base y que podría dividirles de sus aliados estadounidenses. La portavoz parlamentaria Pepa Millán incluso aprovechó para señalar la irrelevancia internacional de España y Europa en estos asuntos.

Otros socios de la coalición Patriotas por Europa, como el flamenco Tom van Grieken (Vlaams Belang), han matizado su postura, cuestionando la hipocresía de la UE al defender la soberanía de Groenlandia pero rechazar discursos nacionalistas en Europa. Por su parte, figuras como Matteo Salvini (Lega) han evitado condenar a Trump, atribuyendo las tensiones a una escalada europea por el envío de tropas a zonas sensibles.

En el Este de Europa, las reacciones han sido más cautas. Viktor Orbán, a través de su partido Fidesz, ha llamado a una solución bilateral entre EE.UU. y Dinamarca, al igual que el presidente polaco Karol Nawrocki, quien insistió en que Polonia no tiene interés en intervenir. Andrej Babiš, primer ministro checo, defendió el interés estratégico de EE.UU. en Groenlandia como algo más allá de una ocurrencia de Trump, aunque también abogó por una salida diplomática.

La diversidad de respuestas refleja la falta de cohesión en el bloque ultraderechista europeo, a pesar de compartir principios como la defensa de la soberanía nacional y el rechazo al globalismo. Mientras unos priorizan el realineamiento con Estados Unidos, otros defienden una Europa más autónoma y firme frente a la presión exterior. En este escenario, Vox se mantiene en una línea clara: centrarse en lo doméstico y evitar cualquier confrontación que no aporte rédito interno.

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