Spotify en crisis Trumpismo y negacionismo sacuden al gigante del streaming

Spotify comenzó el año con un cambio de liderazgo significativo. El 1 de enero, Daniel Ek, quien había sido consejero delegado desde la fundación de la compañía, abandonó el cargo para asumir la presidencia del consejo. La dirección ejecutiva pasó a manos de Alex Norström y Gustav Söderström, anteriormente copresidentes. Este relevo se produce en un momento clave para el gigante del streaming musical, que, pese a presentar sólidos resultados financieros, enfrenta crecientes cuestionamientos sobre su sostenibilidad a largo plazo.

En 2025, Spotify registró ingresos por 17.186 millones de euros, un 8,2 % más que en 2024, mientras que su beneficio neto casi se duplicó, alcanzando los 2.212 millones de euros. La base de usuarios también alcanzó cifras récord: 751 millones de usuarios activos mensuales y 290 millones de suscriptores premium al cierre del cuarto trimestre. A pesar de superar sus propios objetivos, el mercado financiero no ha respondido con optimismo. Las acciones de Spotify, que marcaron un máximo histórico el 25 de junio de 2025 a 775 euros, han caído un 40 % desde entonces, dejando su capitalización bursátil en 94.341 millones de dólares.

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¿Hacia dónde va el streaming musical?

Para Dave Van Dyke, presidente de Bridge Ratings Media Research, no se trata de un agotamiento del modelo, sino de una “maduración” de la industria. Tras un periodo de crecimiento explosivo entre 2013 y 2019, impulsado por la expansión de smartphones y redes móviles, el ritmo se ha desacelerado. Factores como la inflación han llevado a muchos usuarios a reducir sus suscripciones a una sola plataforma, mientras que el auge de contenidos breves en redes como TikTok o Instagram Reels ha modificado los hábitos de consumo, alejando a los oyentes de formatos más largos como álbumes completos.

Estos desafíos afectan a todo el sector, pero Spotify enfrenta tensiones adicionales. En 2025, la compañía realizó los mayores despidos de su historia: un 17 % de su plantilla global, aproximadamente 1.500 empleados, sumados a más de 200 despidos en 2024. Esta drástica reducción ha generado preocupación interna sobre si realmente mejorará la eficiencia o, por el contrario, debilitará la capacidad operativa de la empresa en el mediano plazo. Incluso Daniel Ek se cuestionó en reuniones internas si estas medidas no estaban comprometiendo el futuro de la plataforma.

Polémicas y presiones éticas

  • Artistas han comenzado a abandonar la plataforma por razones éticas, citando inversiones de Daniel Ek en el sector armamentístico.
  • La presencia en su catálogo de podcasts con contenido antivacunas o conspirativo, como el de Joe Rogan —exclusivo por un contrato de 100 millones de dólares—, ha generado controversia.
  • La difusión de anuncios del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE.UU.), conocido por su dura política migratoria, ha sido señalada como incompatible con los valores de algunos creadores.
  • Spotify participó en la toma de posesión de Donald Trump con un evento y una donación de 150.000 dólares, al igual que otras grandes tecnológicas, lo que intensificó las críticas.

El debate sobre pagos y algoritmos

Uno de los mayores focos de conflicto sigue siendo la forma en que Spotify remunera a los artistas. Aunque la compañía afirma haber distribuido 11.000 millones de dólares (9.234 millones de euros) a la industria musical en 2025 —la mitad de ese monto a sellos independientes y artistas sin representación—, muchos creadores consideran que el sistema es desigual y opaco. Shanti Basauri, músico y compositor vasco, resumió con ironía su experiencia: “Con lo que me ha pagado Spotify el año pasado me he podido comprar un huevo Kinder”.

Para Ana Rodríguez Borrego, de la discográfica Aloud Music, las plataformas digitales se han convertido en un termómetro de éxito para promotores y festivales, aunque resalta que respetan la decisión de los artistas de no estar en ciertos servicios. “No es la única opción. Existen alternativas como Tidal, Deezer, Apple Music, Qobuz o Bandcamp”, afirma.

David López, de la banda Toundra, reconoce que Spotify ha sido clave para su difusión internacional, pero también manifiesta desconfianza: “No sabemos realmente por qué recomienda unas canciones y no otras. El algoritmo es una caja negra”.

Transparencia, IA y control de contenidos

Cristina Perpiñá-Robert, directora general de la SGAE (Sociedad General de Autores de España), denuncia que más del 70 % de las canciones subidas a Spotify nunca se escuchan. Además, señala que gestionar los derechos de autor con la plataforma es “tremendamente costoso”, ya que no se licencia todo el repertorio, sino que se deben verificar reproducciones individualmente. Otra preocupación creciente es la proliferación de música generada por inteligencia artificial o “ruido blanco”, que, según Perpiñá-Robert, devalúa el trabajo humano.

Ariana Moscoso, directora general de GESAC, agrupa europea de entidades de gestión de autores, destaca que plataformas como Deezer ya han eliminado el contenido generado por IA y ofrecen herramientas para detectarlo. “Spotify no hace lo suficiente. Su modelo de reparto se basa únicamente en el número de reproducciones, sin considerar al artista ni su contexto”, critica. GESAC aboga por una regulación europea que obligue a las plataformas a ser más transparentes con sus algoritmos y a establecer modelos de distribución más justos.

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