Mikel Herrán y la Edad Media ibérica: Los europeos se sorprendían porque aquí había muchos sarracenos
El arqueólogo y divulgador Mikel Herrán lanza su nuevo libro, Sobrevivir en la Edad Media. Crónica de un viajero por España (Planeta), con la intención de romper los clichés que rodean a la época medieval. Lejos de la visión tradicional de una era oscura, sucia y violenta, Herrán propone una inmersión en la vida cotidiana de millones de personas que, durante casi mil años, solo intentaron vivir.

Según el autor, la Edad Media no fue un bloque homogéneo ni una simple anomalía entre la Antigüedad y la Modernidad, sino una etapa compleja en la que la gente buscaba estabilidad, trabajo, alimento y una cierta normalidad. “Queremos mostrar la realidad de la gente que vivió en ese periodo, mucho más alejada de la caricatura que han dejado el cine y la televisión”, afirma.
Una visión más humana de la Edad Media
Entre los objetivos del libro está desmontar los tópicos más habituales: la suciedad, la falta de higiene y la violencia constante. Herrán explica que, aunque los parámetros de higiene eran diferentes a los actuales, los medievales se preocupaban por su apariencia y por mantenerse presentables. “En una sociedad sin fontanería moderna, la higiene tenía otras formas, pero siempre había un interés por lucir bien”, señala.
En cuanto a la violencia, el autor reconoce que la guerra existía, pero insiste en que no definía la totalidad de la experiencia medieval. “Gran parte de la gente se dedicaba a sobrevivir al día a día, a vivir en paz y tranquilidad, no a estar inmersa en el conflicto permanente”, añade.
El libro también revisa la percepción de la Edad Media en la península ibérica. Herrán critica la división simplista entre Al-Ándalus y los reinos cristianos, argumentando que la realidad fue mucho más porosa y de intercambio. En Al-Ándalus convivían cristianos y judíos, mientras que en los reinos cristianos había comunidades musulmanas y judías. Este cruce de culturas generó una coexistencia que, aunque no exenta de tensiones, fue mucho más compleja que una mera confrontación.
Los viajeros europeos del norte, al cruzar los Pirineos, a menudo se sorprendían por la diversidad cultural y el vestuario de la península, describiéndola como un territorio “poblado de sarracenos”. Esa mezcla, según Herrán, no encaja en el relato medieval estándar que ha sido reforzado por el cine y la literatura.
Al ser preguntado qué papel le asignaría a sí mismo si pudiera viajar a la Edad Media, Herrán se imagina como juglar o trovador, el equivalente medieval de un divulgador. Sin embargo, reconoce que, sin la preparación física adecuada, preferiría la vida monástica, dedicándose a la escritura en un monasterio.
En tono más desenfadado, el autor sugiere que el actual presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, sería quien mejor afrontaría un regreso a la Edad Media. “Ha sobrevivido a una pandemia, a la crisis del volcán, al apagón y a la sequía; la peste negra no le asustaría”, comenta con humor.
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