Así volvió el Guernica a España: la historia detrás de una operación secreta
Después de décadas de negociaciones que se iniciaron durante la dictadura franquista, el cuadro «Guernica» de Pablo Picasso volvió a España una vez que la democracia se consolidó. Los intentos de repatriar la obra fueron continuos, involucrando al Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), los herederos del artista y distintas autoridades españolas. El podcast «El viaje del Guernica», dirigido por Pablo González Batista, reconstruye los entresijos de esa operación, revelando una trama mucho más cercana a una película de espías que a un proceso administrativo.

Una misión secreta en pleno agosto de 1981
El punto de inflexión llegó en agosto de 1981, cuando la mayoría del país estaba de vacaciones. Para garantizar la discreción requerida por el MoMA, se organizó una operación bajo el nombre de «Cuadro Grande». Los encargados de la logística fueron dos altos funcionarios del Ministerio de Cultura, Álvaro Martínez Novillo y José María Cabrera, quienes tuvieron que verificar el estado de conservación del lienzo, planificar su desmontaje y coordinar el transporte.
Trabajaron con prisa, financiando parte de los gastos de su propio bolsillo. José María Cabrera estuvo acompañado por su esposa, Ana Cifuentes, restauradora que colaboró en la preparación del cuadro. Una vez en Nueva York, los tres esperaron instrucciones, visitaron el MoMA y comprobaron el estado del lienzo, cumpliendo con la condición de absoluta confidencialidad impuesta por el museo.
Durante su estancia, coincidieron con el cineasta Luis García Berlanga, quien, sin conocer el motivo del viaje, lamentó no haber podido documentar la hazaña.
El retiro del MoMA

- La noche del 8 de septiembre, tras el cierre del museo, restauradores y conservadores desmontaron el cuadro del bastidor, lo limpiaron y lo enrollaron cuidadosamente.
- Al día siguiente, el lienzo salió por una puerta de carga y fue colocado en una enorme caja que apenas cabía en el camión preparado para el traslado.
- El convoy cruzó Manhattan en medio de semáforos averiados y una logística mucho menos sofisticada de la que se esperaría para una obra de tal valor.
El transporte aéreo se realizó en un vuelo regular de Iberia con destino a Madrid‑Barajas. Sin embargo, los funcionarios descubrieron en el último momento que no tenían previsto el regreso a España.
El «polizón» en la bodega del avión
El cuadro viajó en la bodega del avión Jumbo de Iberia, llamado «Lope de Vega», junto a otras obras y objetos que regresaban al país. De los más de 300 pasajeros, ninguno sabía que llevaba consigo un acompañante tan extraordinario.
A las 08:27 h del 10 de septiembre de 1981, el avión aterrizó en Madrid‑Barajas. Cuando el comandante anunció la llegada del «Guernica», los pasajeros aplaudieron. En tierra, la discreción desapareció: el avión quedó rodeado por militares, policías, periodistas y curiosos. El cuadro fue descargado y trasladado en camión, escoltado por la Guardia Civil, hasta el Casón del Buen Retiro.
Allí surgió otro obstáculo: la caja del cuadro no podía subir por ningún ascensor ni había una grúa disponible. Los operarios, bajo la mirada de los espectadores, lo subieron manualmente por las escaleras.
El último exilio y la posterior mudanza
El ministro de Cultura de la época, Íñigo Cavero, calificó el regreso del «Guernica» como el “último exilio”, interpretándolo como el cierre de una larga espera y como símbolo de reconciliación para España. El 25 de octubre de 1981, coincidiendo con el centenario del nacimiento de Picasso, la obra se abrió al público en el Casón del Buen Retiro, acompañada de sus bocetos.
En 1992, el cuadro se trasladó nuevamente, esta vez al Museo Reina Sofía. Como ya no se deseaba volver a enrollarlo, se diseñó un camión especial para transportarlo en posición vertical. El recorrido, de apenas dos kilómetros, estuvo plagado de dificultades por los cables y postes de la infraestructura urbana.
Hoy, el «Guernica» es uno de los íconos culturales más reconocidos de España y una imagen universal contra la guerra. Detrás de esa figura monumental se oculta una historia terrenal: funcionarios que improvisaron, restauradores que trabajaron horas extra, políticos ansiosos por aparecer en la foto y un cuadro que cruzó el Atlántico en la bodega de un avión de línea. La historia, recuperada por el podcast «El viaje del Guernica», demuestra que la realidad a veces supera a la ficción.
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