Ciudades horno: el vacío legal y la desigualdad frente al calor matan en España
El inmovilismo frente a la crisis climática se enfrenta a una realidad innegable que ya constituye un grave problema de salud pública. Los pronósticos científicos indican que cuatro de cada cinco españoles estarán expuestos a noches tropicales de alta intensidad durante las próximas décadas.

Desafíos y datos alarmantes
El peligro más acuciante no reside solo en los picos de olas de calor, sino en la persistencia de temperaturas por encima de la media. Esta exposición prolongada somete al organismo a un estrés térmico continuo que se traduce en una mortalidad silenciosa, especialmente en los meses estivales.
Los datos del sistema de monitorización de la mortalidad diaria, el panel MoMo, ya registran 2 500 fallecimientos desde mediados de mayo. Según las estimaciones del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), esa cifra podría alcanzar los 5 000 muertes.
Ante esta situación, resulta imperativo impulsar cambios estructurales profundos en los entornos urbanos que mitiguen el efecto de isla de calor.
Refugios climáticos: una solución a corto plazo

Los expertos defienden la creación de una red de refugios climáticos verdaderamente funcionales. Estos espacios —bibliotecas, centros cívicos o zonas verdes arboladas— deben garantizar una temperatura agradable, ofrecer áreas de descanso, disponer de agua potable y ser gratuitos. Además, deben estar abiertos durante las horas críticas del día, evitando que se cataloguen como refugios improvisados aparcamientos o huecos bajo puentes, los cuales no salvan vidas.
Desigualdad en la distribución
La especialista Elvira Jiménez, responsable de adaptación al cambio climático en Greenpeace, señaló en una entrevista con el periodista Jorge Granullaque en el programa “Más de Uno” que la mera colocación de una pegatina identificativa no basta. Según datos públicos de Greenpeace España, solo 19 de las 52 capitales de provincia cuentan con una red real de refugios climáticos.
Esta carencia deja desprotegidas a ciudades del norte como Oviedo o Santander, que históricamente no sufrían altas temperaturas, pero que ahora enfrentan un riesgo elevado debido al cambio climático.
Respuesta política insuficiente
La falta de rigor ha generado reacciones y medidas políticas, como la del grupo del PSOE en el Ayuntamiento de Madrid, que advierte que el calor extremo “mata y golpea con más fuerza a quienes menos recursos tienen”. No obstante, las críticas no se traducen en acciones efectivas.
Según la Ley 7/2021 de Cambio Climático y Transición Energética, norma estatal que transpone las directrices de la Unión Europea para municipios de más de 50 000 habitantes, las ciudades tienen el mandato legal de diseñar intervenciones de carácter adaptativo para atenuar el efecto de isla de calor. La burocracia y los enfrentamientos ideológicos están obstaculizando la puesta en práctica de estas obligaciones.
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